El Gobierno de Cuba anunció este jueves que está dispuesto a considerar una propuesta de ayuda humanitaria de 100 millones de dólares presentada por Estados Unidos, en un contexto de creciente tensión energética y dificultades internas. La declaración fue realizada por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, a través de la red social X, donde subrayó que la isla está abierta a evaluar tanto las características del ofrecimiento como la manera en que se materializaría.
La propuesta, presentada por la administración del expresidente Donald Trump, está condicionada a que la ayuda se distribuya a través de la Iglesia Católica. Según Rodríguez, aún no se ha aclarado si se trataría de ayuda en efectivo o en material, ni si se destinaría a atender las necesidades más urgentes de la población, como combustibles, alimentos y medicinas.
A pesar de las incertidumbres, el canciller cubano enfatizó que el país no tiene como práctica rechazar ayuda extranjera que se ofrece de buena fe y con fines genuinos de cooperación, ya sea bilateral o multilateral. Asimismo, subrayó que la experiencia de colaboración con la Iglesia Católica ha sido larga y positiva, lo que sugiere que la vía propuesta por Estados Unidos podría ser viable si se ajusta a los criterios del gobierno cubano.
Apagones masivos en la región oriental
Mientras se evalúa la propuesta estadounidense, Cuba enfrenta un apagón masivo en la región oriental, afectando severamente el suministro eléctrico. La compañía eléctrica nacional UNE reportó que el corte se extendió desde la provincia de Ciego de Ávila hasta Guantánamo, afectando siete de las quince provincias del país.
Este fenómeno se produce en un contexto de restricciones drásticas de combustible, derivadas de la presión ejercida por Estados Unidos, que han generado una situación eléctrica calificada por las autoridades cubanas como "tensa". La falta de combustible no solo compromete la generación de electricidad, sino que impacta directamente en el suministro básico de servicios para la población, exacerbando la necesidad de asistencia externa.
La coordinación con la Iglesia Católica, en caso de que se apruebe la ayuda, podría ser un mecanismo clave para garantizar que los recursos lleguen a las zonas más afectadas por los apagones, aunque todavía queda por definir cómo se implementaría y en qué forma.