La República de Cuba se encuentra actualmente en una cuenta regresiva que podría determinar el futuro inmediato de su estructura social y económica. Según datos de la consultora especializada Kpler, publicados recientemente por el Financial Times, la isla cuenta con reservas de petróleo suficientes para apenas 15 o 20 días de consumo. Esta situación de extrema precariedad es el resultado de una parálisis casi total en el flujo de suministros externos, dejando al inventario nacional en niveles críticos. Al comenzar el año 2026, el país disponía de 460.000 barriles en stock, cifra que solo fue reforzada por una única entrega proveniente de México el pasado 9 de enero.
La analista Victoria Grabenwöger, de Kpler, ha sido taxativa al señalar que este cargamento, sumado a los inventarios previos, solo permite cubrir un máximo de tres semanas de demanda interna si no se producen nuevos arribos de manera urgente. La magnitud de la caída es elocuente: en lo que va del año, Cuba ha recibido un total de 84.900 barriles, lo que representa un promedio diario de apenas 3.000 barriles. Esta cifra resulta insignificante frente al promedio de 37.000 barriles diarios que aportaban los diversos proveedores durante el año 2025, evidenciando un desabastecimiento estructural que ya se traduce en apagones constantes y una parálisis económica creciente.
El factor geopolítico: La caída de Maduro y el cerco de Trump
El origen de este escenario se remonta al pasado 3 de enero, fecha que marcó un punto de inflexión para la región con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela por parte de fuerzas estadounidenses. Este evento no solo desarticuló la principal alianza política de La Habana, sino que detuvo en seco el suministro de hidrocarburos desde Caracas. El presidente estadounidense, Donald Trump, reforzó esta posición con una promesa que hoy se cumple de forma estricta: "No más petróleo para La Habana". Bajo esta consigna, Washington ha intensificado la presión sobre todos los proveedores regionales para cerrar definitivamente el acceso de la isla al crudo.
El impacto venezolano es, quizás, el más doloroso para la administración cubana. Tras el cambio de escenario en Venezuela, el suministro de crudo se redujo a cero de manera inmediata. Según los registros de Kpler, el último cargamento de fueloil, esencial para las centrales térmicas que generan la electricidad del país, llegó en noviembre del año pasado. A pesar de que durante diciembre Venezuela mantuvo un promedio de 46.500 barriles diarios enviados a la isla, desde el primer mes de 2026 no se han registrado nuevos movimientos, eliminando la principal arteria energética del régimen.
En este tablero de alta tensión, el papel de México resulta tan fundamental como incierto. Durante 2024, la nación azteca se había consolidado como el aliado comercial más relevante para Cuba, pero las amenazas de sanciones por parte de la administración Trump han forzado un repliegue estratégico. La mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, ha calificado las entregas de petróleo como una "decisión soberana", reconociendo que parte de los envíos corresponden a contratos vigentes con Petróleos Mexicanos (Pemex) y otros a ayuda humanitaria. Sin embargo, no ha precisado si la actual interrupción de los despachos es una medida temporal o el inicio de un cese definitivo.
Analistas internacionales sugieren que el temor a las sanciones de Washington es el principal motor de esta cautela mexicana. México se encuentra en una etapa clave de renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y una confrontación directa por el suministro de crudo a Cuba —que a menudo se entrega con descuentos significativos o sin costo— podría poner en riesgo los intereses económicos de México. Ricardo Pascoe Pierce, ex embajador mexicano en la isla, incluso ha advertido sobre el riesgo de una "provocación militar" si fuerzas estadounidenses deciden incautar cargamentos mexicanos destinados a puertos cubanos.
Un escenario de colapso interno
La crisis energética se suma a una economía en profunda recesión, caracterizada por la caída de los ingresos turísticos y una baja producción agrícola. Analistas como Nicholas Watson, de la consultora Teneo, consideran que esta asfixia pone en duda la viabilidad misma del sistema cubano. Por su parte, Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, y Gonzalo Monroy, consultor en Ciudad de México, coinciden en que sin nuevos cargamentos en las próximas semanas, el problema para Cuba será inmanejable.
Frente a la posibilidad de un colapso total, el régimen ha optado por la movilización social y la retórica de resistencia. El dictador Miguel Díaz-Canel ha manifestado a través de redes sociales que "la crudeza de estos tiempos y la brutalidad de las amenazas" no detendrán el rumbo del país. Sin embargo, con aportes inexistentes de socios como Rusia (cuyo último envío fue en octubre) y Argelia (ausente desde febrero), la ventana de tiempo para encontrar una solución se cierra rápidamente, dejando a la isla a merced de una crisis que amenaza con apagar definitivamente sus luces en menos de veinte días.