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Según un ex compañero de celda

Cucarachas, aislamiento y tortura psicológica: así es el encierro de Nahuel Gallo

Iván Colmenares, ex compañero de celda del gendarme catamarqueño, describió las condiciones "infrahumanas" de detención en una prisión de máxima seguridad del chavismo. Aislamiento extremo, suciedad, incomunicación y una marcada preocupación por el impacto político de la relación entre Argentina y Venezuela.

Nahuel Gallo e Iván Colmenares
Nahuel Gallo e Iván Colmenares

9 Enero de 2026 08.43

Las condiciones de detención que enfrentó el gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo en una cárcel de máxima seguridad del régimen chavista fueron extremas, degradantes y marcadas por el aislamiento casi total. Así lo relató Iván Colmenares, abogado colombiano y ex compañero de celda del argentino, quien brindó su testimonio en una entrevista realizada en Cúcuta, Colombia, horas antes de que el gobierno venezolano anunciara la liberación de un grupo de presos políticos.

Colmenares compartió un año de encierro con Gallo en el Servicio Especial de Máxima Seguridad (SESMA), la ex prisión El Rodeo I, uno de los centros de detención más temidos de Venezuela, administrado por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Según su testimonio, las condiciones incluyeron suciedad permanente, presencia de cucarachas, humedad, heces, falta de ventilación, incomunicación prolongada y un régimen de encierro de hasta 23 horas diarias.

Iván Colmenares, de 35 años, es abogado y residente de la ciudad colombiana de Cúcuta. Fue detenido en noviembre de 2024 mientras realizaba tareas vinculadas a la defensa de intereses del Ejército de Colombia y a una organización no gubernamental. Su arresto ocurrió en un paso fronterizo, donde fue interrogado y luego trasladado bajo estrictas medidas de seguridad a instalaciones del régimen venezolano.

El procedimiento que sufrió fue similar al aplicado a Gallo. Primero fue llevado a la sede de la DGCIM, donde pasó sus primeras noches durmiendo en el suelo, hacinado junto a decenas de personas. Posteriormente fue trasladado al SESMA, donde comenzó el encierro formal bajo un régimen carcelario que, según Colmenares, viola de manera sistemática los derechos humanos.

Con uniforme celeste —reservado para detenidos sin condena firme—, los presos eran alojados de a dos por celda. Colmenares llegó a contabilizar internos de al menos 35 nacionalidades distintas. "Todos éramos presos políticos", aseguró, al describir un patrón de detenciones arbitrarias, tortura psicológica, violencia verbal y malos tratos constantes.

La rutina diaria comenzaba a las cinco de la mañana con el conteo. Luego recibían el desayuno, una breve hora de patio y regresaban al encierro. "Vivíamos encerrados 23 horas del día. Todo sucedía dentro de la celda", relató. Las condiciones sanitarias eran, según sus palabras, "mínimas": cucarachas por todos lados, humedad permanente, suciedad, olores nauseabundos y oscuridad constante.

Las celdas estaban completamente cerradas, sin visibilidad hacia el exterior. Solo una pequeña franja superior con barrotes permitía el ingreso limitado de aire y luz. La comida era entregada a través de un pequeño hueco en la parte inferior de la puerta. Los detenidos dormían sobre colchones viejos, sin sábanas ni cobijas, retiradas luego de intentos de suicidio de otros presos.

En ese contexto, la relación entre Colmenares y Nahuel Gallo se volvió un sostén emocional mutuo. "Nos hicimos amigos desde que llegó. Era apoyarnos entre nosotros porque no teníamos a nadie más", contó. Gallo se mostraba especialmente angustiado por la falta de contacto con su familia y por su hijo, a quien no pudo llamar hasta siete meses después de su detención.

Una de las pocas fuentes de información del mundo exterior era un programa conducido por Diosdado Cabello, que los guardias reproducían todos los jueves durante varias horas a través de parlantes en los pasillos. Allí, los detenidos intentaban descifrar el estado de las relaciones internacionales. "Escuchábamos ese programa para entender cómo estaban las relaciones entre Venezuela y otros países. Nahuel estaba muy preocupado por el vínculo entre el gobierno de Javier Milei y la dictadura chavista", explicó Colmenares.

Según su testimonio, ambos comprendieron con el tiempo que su situación tenía un trasfondo político. "Entendíamos que éramos fichas de cambio", sostuvo. Esa percepción se reforzó cuando Gallo fue expuesto reiteradamente en videos grabados por los custodios, en los que aparecía caminando por el patio o durante las comidas, algo que, según Colmenares, respondía a su nacionalidad argentina.

Para sobrellevar el encierro, improvisaron juegos de ajedrez con piezas hechas de papel higiénico y jabón. "Jugábamos todo el día. Era una forma de escapar mentalmente", recordó.

Colmenares expresó su deseo de que Gallo recupere pronto la libertad. "Espero que las autoridades argentinas hagan todo lo necesario para que vuelva a su casa, a los brazos de su hijo y de su familia. Eso es lo que lo mantenía fuerte: el amor por su hijo y por su país", concluyó.