El despliegue de tres buques de guerra de la Marina de los Estados Unidos en aguas del Mar Caribe ha desatado una ola de preocupación y condenas en varios gobiernos de América Latina. Aunque la Casa Blanca justifica la operación como una misión antinarcóticos, líderes de izquierda de la región la han interpretado como una "amenaza de intervención militar en Venezuela" y una escalada en la confrontación contra el gobierno de Nicolás Maduro.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, fue uno de los primeros en advertir sobre los riesgos de esta medida. Durante un Consejo de Ministros transmitido por redes sociales, Petro calificó una eventual intervención como "el peor error" y alertó que arrastraría a su país a un escenario similar al de Siria. Incluso, reveló que le envió un mensaje directo al presidente Donald Trump, a través de un "emisario", para advertirle sobre las graves consecuencias.
En Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva observa la situación con cautela. Según reportó el medio O Globo, las Fuerzas Armadas brasileñas han sido instruidas para monitorear el rumbo de los buques estadounidenses y evaluar si su movimiento podría generar un aumento de la migración en la frontera con Venezuela, en el estado de Roraima. Si bien el gobierno de Lula considera que Trump podría planear una intervención militar, se mantiene cauteloso debido a la tensa relación bilateral, marcada por los aranceles que EE.UU. impuso a productos brasileños.
Por su parte, el presidente de Bolivia, Luis Arce, condenó enérgicamente el despliegue a través de sus redes sociales. Arce calificó como una "infamia" la vinculación del gobierno de Maduro con el narcotráfico y el uso de la lucha contra las drogas como un pretexto para la intervención. El mandatario boliviano hizo un "llamado urgente" a organismos regionales como la CELAC y la UNASUR para que se reúnan de emergencia y defiendan la soberanía de la región.
Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum se sumó a las voces críticas, aunque con un enfoque diplomático. Ante la prensa, apeló a la Constitución de su país y a los principios de "no intervención y autodeterminación de los pueblos" como la postura oficial de su gobierno, sugiriendo que la única vía es la solución pacífica y el diálogo.
La posición de Estados Unidos
La administración Trump ha reafirmado su postura de mano dura contra el gobierno de Venezuela, al que considera un "cartel narcoterrorista" y no un gobierno legítimo. Un funcionario del Departamento de Defensa confirmó que los buques USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson han sido asignados a la región para apoyar las tareas antinarcóticos. La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró que el presidente Trump está "preparado para usar todos los recursos del poder estadounidense para detener la entrada de drogas". A principios de este mes, Washington había aumentado a 50 millones de dólares la recompensa por el arresto de Maduro, a quien acusa de ser uno de los mayores narcotraficantes del mundo.
Ante este panorama, Nicolás Maduro anunció el despliegue de más de 4.5 millones de milicianos en todo el país para defenderse de lo que calificó como "amenazas" del "imperio". El mandatario venezolano afirmó que su pueblo "lleva la fuerza de David contra Goliat", en clara alusión a la confrontación con Estados Unidos.