La estrategia de Estados Unidos para la transición política en Venezuela se apoya en una secuencia de intervenciones que prioriza la estabilización y el control económico como ejes centrales para definir el futuro del país sudamericano. Así lo explicó el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, durante su exposición ante el Congreso de los Estados Unidos, en un contexto regional que también es observado con atención desde la Argentina y provincias como Catamarca, vinculadas al mapa energético y comercial.
Rubio defendió la política de presión aplicada sobre el régimen venezolano bajo un principio rector: "El primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos", afirmó ante los legisladores. En ese marco, justificó la denominada "cuarentena" impuesta a Venezuela como una herramienta clave para ejercer influencia: "Parte de esa estabilización, y la razón por la que creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestra cuarentena", sostuvo.
La aplicación concreta de este enfoque quedó reflejada en recientes incautaciones marítimas. "Como han visto hoy, dos barcos más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela", explicó el funcionario.
En ese sentido, Rubio detalló una operación de magnitud inédita: "Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Lo venderemos en el mercado a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela", aseguró ante el Congreso. Según precisó, los fondos obtenidos serán administrados bajo control internacional y destinados a beneficiar a la población: "Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen".
La segunda etapa del plan fue definida como una fase de "recuperación", orientada a la reinserción de Venezuela en el mercado internacional. "La segunda fase será la llamada recuperación, que consiste en garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa", explicó Rubio. Paralelamente, anticipó el inicio de un proceso de reconciliación política: "Se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas, liberadas de las cárceles o repatriadas, y así reconstruir la sociedad civil".
La hoja de ruta culmina con una tercera fase de transición institucional. "Y la tercera fase, por supuesto, será de transición. Parte de esto se solapará. Se lo he descrito con gran detalle", concluyó el secretario de Estado.
La caída de Maduro
En ese contexto, Estados Unidos ejecutó una misión para extraer al dictador Nicolás Maduro de Venezuela durante la madrugada del sábado 3 de enero. Como consecuencia de esa operación, Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, asumió la administración interina del gobierno chavista.
La designación, avalada por Washington, generó sorpresa inicial en sectores de la oposición venezolana, especialmente entre seguidores de María Corina Machado. No obstante, el gobierno estadounidense aclaró en reiteradas oportunidades que supervisará el proceso de transición y que trabajará de manera coordinada con Rodríguez para cumplir la agenda prevista y evitar el colapso institucional del país.
Las declaraciones de Marco Rubio ante el Congreso delinearon con claridad la hoja de ruta que seguirá Estados Unidos en Venezuela. El monitoreo constante de las acciones de la actual administración interina y de sus colaboradores aparece como una garantía del proceso iniciado con la captura de Maduro, quien este lunes se presentó ante un juez en Nueva York para escuchar los cargos de narcoterrorismo que pesan en su contra.