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Geopolítica y seguridad internacional

Irán en pie de guerra: alerta máxima y blindaje sucesorio ante EE. UU.

Teherán ha desplegado misiles en el Golfo Pérsico y reforzado su esquema de continuidad institucional frente a la amenaza de un ataque inminente. El ayatolá Alí Jamenei designó herederos políticos y delegó competencias críticas ante la crisis nuclear.

22 Febrero de 2026 22.42

En un escenario de tensión que evoca los momentos más complejos de la historia reciente en el Medio Oriente, el gobierno de Irán ha declarado formalmente el estado de "alerta máxima" en todas sus fuerzas armadas. Esta medida drástica responde a la percepción, por parte de las autoridades de Teherán, de la posibilidad de una ofensiva militar inminente ejecutada por las fuerzas de Estados Unidos. La escalada no es solo de carácter balístico, sino también institucional, ya que el régimen ha comenzado a blindar su estructura de mando mediante un inédito esquema de continuidad del poder.

Según reportes difundidos por el diario The New York Times, la República Islámica ha iniciado un despliegue masivo de armamento, reforzando posiciones estratégicas en el Golfo Pérsico. Sin embargo, la novedad más trascendente radica en la definición de un plan de sucesión diseñado para activarse ante cualquier escenario que afecte la integridad o la capacidad de comunicación del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

Blindaje institucional y el sucesor designado

La fragilidad de la estabilidad regional ha llevado a Jamenei a tomar decisiones determinantes respecto a la cúpula del poder. Ante el riesgo de muerte, desaparición o incomunicación total, el líder supremo habría designado a Ali Larijani como su sucesor directo. Este movimiento busca evitar vacíos de poder en una estructura teocrática que hoy se siente bajo asedio externo y requiere garantías de mando inmediato.

Para asegurar que el Estado no colapse ante una ofensiva de precisión, el régimen ha establecido un sofisticado esquema de gobernanza en crisis. Se han definido hasta cuatro niveles jerárquicos de sustitución para cargos militares y gubernamentales críticos que se encuentran bajo su órbita directa. Asimismo, se ha procedido a la delegación de competencias en un círculo reducido de confianza, un grupo de asesores encargado de garantizar la toma de decisiones ágil y efectiva en momentos de caos.

Despliegue militar y amenazas en el Golfo Pérsico

En el plano operativo, la movilización iraní es contundente y busca proyectar fuerza hacia sus adversarios regionales. Teherán ha procedido a la instalación de lanzaderas de misiles balísticos en su frontera occidental con Irak, una ubicación estratégica que dota a estos proyectiles de la capacidad de alcanzar territorio israelí. Esta maniobra se complementa con el cierre intermitente del espacio aéreo nacional, utilizado para realizar pruebas de misiles de última generación.

Paralelamente, la actividad en el mar ha alcanzado niveles de alerta crítica. La armada persa ha ejecutado maniobras navales de gran escala en el Golfo Pérsico, que incluyeron el cierre temporal del estrecho de Ormuz. Este paso es vital para la economía global, siendo el conducto principal para el suministro energético mundial, por lo que su bloqueo representa un desafío directo a la logística de las potencias occidentales.

La diplomacia bajo la sombra del conflicto

Resulta paradójico que esta preparación para la guerra ocurra mientras, en los canales oficiales, continúan las negociaciones con los países occidentales respecto al polémico programa nuclear iraní. No obstante, para las autoridades de Teherán, la ofensiva militar estadounidense no es una posibilidad remota, sino una amenaza inminente que anula la confianza en la vía diplomática actual.

El propio Jamenei ha endurecido su retórica, lanzando advertencias directas contra Washington. El líder supremo afirmó recientemente que el "Ejército más poderoso del mundo puede recibir una bofetada que lo incapacite", en clara referencia a las tropas norteamericanas. Las amenazas también se han extendido a los buques estadounidenses desplegados en la región, los cuales han sido señalados como objetivos potenciales en caso de que se inicie una conflagración. En este tablero de máxima tensión geopolítica, Irán parece haber decidido que la mejor defensa es una estructura de poder capaz de sobrevivir a su propio líder y un arsenal listo para el contraataque inmediato.