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León XIV advirtió sobre la riqueza y volvió sobre el silencio en el inicio de la Cuaresma

El Pontífice llamó a los fieles a apagar los teléfonos inteligentes y recuperar el camino de conversión. Desde el Vaticano, afirmó que solo el amor pleno conduce a la verdadera felicidad.

Papa León XIV
Papa León XIV

22 Febrero de 2026 09.14

El papa León XIV lanzó una fuerte advertencia al inicio del tiempo litúrgico de la Cuaresma al sostener que la riqueza, la fama y el poder constituyen apenas "pobres sucedáneos" que dejan al ser humano inevitablemente vacío. Durante su alocución del Ángelus correspondiente al primer domingo de este período, el Sumo Pontífice invitó a los fieles a revisar sus prioridades y a reencontrarse con el silencio en un mundo atravesado por la sobreestimulación permanente.

Desde la Ciudad del Vaticano, el Santo Padre centró su mensaje en la necesidad de comprender la penitencia no como un castigo que empobrece, sino como un camino luminoso que purifica y fortalece la condición humana frente a las tentaciones contemporáneas. Recordó cómo Jesús venció los engaños del diablo en el desierto y subrayó que ese ejemplo continúa vigente como modelo espiritual.

En ese contexto, definió la Cuaresma como un itinerario de cuarenta días que ofrece la posibilidad concreta de transformación interior.

León XIV afirmó que este tiempo litúrgico es una ocasión privilegiada para que cada persona convierta su vida en una "obra maestra irrepetible". Según explicó, la oración y el ayuno permiten sanar las heridas causadas por el pecado y fortalecer la vida espiritual en medio de las exigencias del presente.

De acuerdo con lo informado por la Agencia Noticias Argentinas, el Pontífice citó a San Pablo VI para remarcar que la verdadera felicidad no se encuentra en los caminos menos exigentes, sino en la plenitud del amor. Esa referencia histórica reforzó su argumento central: la autenticidad de la alegría no depende de logros materiales ni de reconocimiento social.

En una de las frases más contundentes de su intervención, el Papa advirtió:
"Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos".

Con estas palabras, vinculó las pruebas del desierto con las tentaciones modernas, señalando que el atractivo de la riqueza, la fama y el poder reproduce esquemas que prometen satisfacción inmediata pero conducen a una sensación persistente de vacío.

El llamado al silencio en una era de hiperconectividad

En un mundo donde el silencio se ha vuelto un bien escaso, el Pontífice realizó una exhortación concreta que apuntó directamente a los hábitos cotidianos de consumo digital y mediático. Instó a los fieles a realizar sacrificios prácticos para reencontrarse con lo esencial.

El pedido fue explícito:

Apagar los televisores

Silenciar la radio

Desconectar los teléfonos inteligentes

Meditar la Palabra de Dios

Acercarse a los sacramentos

Escuchar la voz del Espíritu Santo

Escucharse unos a otros

"Demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros", expresó.

La invitación no se limitó a un gesto simbólico, sino que se presentó como un acto de conversión concreta, orientado a recuperar la capacidad de escucha y a fortalecer la vida comunitaria.

Caridad y renuncia a lo superfluo

En la parte final de su mensaje, León XIV subrayó que el camino cuaresmal también implica gestos tangibles de solidaridad. Convocó a dedicar tiempo de calidad a los ancianos, los enfermos y los pobres, y propuso compartir lo ahorrado mediante la renuncia a lo superfluo.

De este modo, el Papa articuló tres dimensiones inseparables, a saber: oración; ayuno y caridad.

Lejos de presentar la Cuaresma como un período de privación estéril, la describió como un proceso que enriquece espiritualmente y fortalece los vínculos humanos. La renuncia a lo accesorio, sostuvo, no empobrece al creyente, sino que lo libera para experimentar una alegría más profunda.

Una advertencia sobre la verdadera felicidad

El mensaje pronunciado en el Ángelus marcó el tono del tiempo litúrgico que se inicia. En él, el Pontífice contrapuso dos caminos: el de las tentaciones que prometen plenitud inmediata y el de la conversión que exige esfuerzo, pero conduce a la verdadera felicidad.

Para León XIV, la riqueza, la fama y el poder no representan la meta última del ser humano. Son, en sus palabras, "pobres sucedáneos" de una alegría más grande, aquella para la que cada persona fue creada.

En el inicio de la Cuaresma, el llamado fue claro: recuperar el silencio, redescubrir la escucha y optar por un itinerario espiritual que transforme la vida en una obra única e irrepetible.