Noruega resolvió dar un giro en su política educativa y avanzar con una decisión de fuerte impacto en el sistema escolar: prohibirá el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa en la primaria y, al mismo tiempo, impulsará una vuelta más decidida a los libros como eje del aprendizaje. La medida comenzará a aplicarse con el próximo ciclo lectivo, a fines de agosto, y alcanzará a los alumnos de primero a séptimo grado, es decir, a niños de entre 6 y 13 años.
La decisión fue anunciada por el Gobierno noruego como parte de una revisión más amplia del modelo educativo, en un contexto marcado por la preocupación oficial por la caída de los resultados académicos y por las dificultades detectadas en áreas consideradas centrales, como la comprensión lectora, la escritura y el aprendizaje de las habilidades básicas. El mensaje político que acompaña la medida es claro: para las autoridades, la incorporación temprana de determinadas tecnologías no sólo no garantizó una mejora en el desempeño escolar, sino que además puede afectar procesos fundamentales de formación.
El encargado de presentar las nuevas disposiciones fue el primer ministro Jonas Gahr Støre, quien advirtió sobre los riesgos de introducir de manera temprana la inteligencia artificial en la vida escolar. Según explicó, el uso de estas herramientas puede llevar a que los estudiantes omitan etapas clave en la adquisición de conocimientos y en el desarrollo de capacidades esenciales para su formación. "Lo más importante en la escuela es que nuestros hijos aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas", sostuvo el mandatario al anunciar el cambio de rumbo que entrará en vigor con el inicio del curso escolar a fines de agosto.
Un cambio de enfoque para la escuela primaria
La medida tendrá un alcance preciso y contundente en el nivel primario. Los estudiantes de primero a séptimo grado no podrán utilizar herramientas de IA generativa en el ámbito escolar ni tampoco para actividades vinculadas al aprendizaje. En ese tramo de la escolaridad, la regla general será la prohibición del uso de estas tecnologías, en línea con la intención del Gobierno de reforzar la adquisición de competencias básicas sin la intermediación de sistemas capaces de producir textos, respuestas o contenidos de manera automática.
La definición no se limita a una restricción puntual sobre el uso de una herramienta tecnológica, sino que se inscribe en una discusión más profunda sobre el modo en que aprenden los chicos y sobre el lugar que deben ocupar los dispositivos digitales en las etapas iniciales de la educación. La posición oficial sostiene que, en los primeros años de formación, la prioridad debe estar puesta en consolidar las bases de la lectura, la escritura y el razonamiento matemático, antes que en incorporar recursos que puedan reemplazar o acortar procesos que forman parte del aprendizaje mismo.
Un uso limitado y escalonado en los niveles superiores
El nuevo esquema que diseña Noruega no plantea, sin embargo, una prohibición total de la inteligencia artificial para todos los estudiantes. La regulación establece una diferenciación por edades y por niveles educativos. En el caso de los alumnos de secundaria básica, es decir, aquellos de entre 14 y 16 años, la utilización de estas tecnologías estará permitida de manera limitada y siempre bajo supervisión docente.
Para los estudiantes de entre 17 y 19 años, en cambio, el enfoque será distinto. En ese tramo, el objetivo oficial será que puedan aprender a usar la inteligencia artificial de forma responsable y adecuada, en una lógica de preparación para los estudios superiores y también para su futura inserción en el mercado laboral. La decisión, por lo tanto, no supone un rechazo absoluto a la IA como herramienta, sino una delimitación precisa sobre cuándo y cómo debería incorporarse dentro del proceso formativo.
Ese esquema gradual permite leer la reforma como una política de administración del vínculo entre educación y tecnología. La primaria aparece como el espacio a resguardar de manera más estricta, mientras que los niveles superiores se convierten en ámbitos donde la IA podrá ser incorporada, aunque con criterios de supervisión y responsabilidad.
Del entusiasmo por la digitalización a la revisión del modelo
La decisión del Gobierno noruego se apoya también en una revisión crítica del camino recorrido por el sistema educativo del país durante los últimos años. Noruega había apostado de manera fuerte por la digitalización de las aulas. En una primera etapa incorporó computadoras y, más tarde, extendió el uso de tabletas, al tiempo que fue reduciendo progresivamente la presencia de los libros y de la escritura manual en la vida escolar cotidiana.
Ese proceso formó parte de una modernización educativa que colocó a la tecnología en el centro de las prácticas de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, según entienden ahora las autoridades, esa transformación no produjo los resultados esperados. Lejos de consolidar una mejora sostenida en el rendimiento escolar, el debate se intensificó a partir de la caída en los desempeños académicos y de las dificultades observadas en la comprensión lectora y en la escritura.
En ese punto aparece uno de los núcleos más significativos de la decisión oficial. La revisión del modelo no se presenta solamente como un ajuste técnico, sino como una redefinición del sentido de la enseñanza en los primeros años de escolaridad. Allí, el libro y la escritura vuelven a ocupar un lugar central frente a una experiencia previa de fuerte digitalización que, de acuerdo con la evaluación gubernamental, no logró sostener los aprendizajes que se buscaban fortalecer.
Más libros y recuperación de hábitos de lectura
La restricción al uso de inteligencia artificial en la primaria no será una medida aislada. El Gobierno también impulsará una legislación destinada a financiar la incorporación de más libros en las escuelas, con el objetivo de recuperar hábitos de lectura tradicional y fortalecer la concentración de los estudiantes. La apuesta por los libros aparece, de este modo, como el complemento central de la prohibición de la IA en los niveles iniciales.
La decisión de volver a reforzar la presencia del libro en el aula responde a la misma preocupación que atraviesa el resto de la reforma: la necesidad de apuntalar las habilidades básicas y de crear condiciones más favorables para la lectura y la escritura. En ese marco, el libro deja de ser apenas un soporte pedagógico para convertirse en una pieza clave dentro de una estrategia más amplia orientada a recomponer hábitos de estudio, tiempos de atención y procesos de aprendizaje.
La iniciativa busca, además, revertir la lógica que había llevado a una reducción progresiva de esos materiales en las aulas. Si en la etapa de digitalización el libro fue perdiendo terreno frente a las pantallas, la nueva política educativa propone un movimiento inverso: recuperar ese espacio, restituir centralidad a la lectura tradicional y fortalecer prácticas que el Gobierno considera esenciales para la formación escolar.
La exposición de los menores a la tecnología
La decisión sobre la inteligencia artificial se inscribe, además, en un marco más amplio de políticas orientadas a limitar la exposición de los menores a la tecnología. El texto base señala que en 2024 Noruega prohibió el uso de teléfonos inteligentes en los establecimientos educativos y que este año el Ejecutivo anunció su intención de impedir el acceso a redes sociales para menores de 16 años.
Esas medidas permiten observar una línea de continuidad en la estrategia oficial. No se trata únicamente de una preocupación por el uso escolar de la IA, sino de una política más general que busca poner límites al impacto de las pantallas y de las plataformas digitales en la vida cotidiana de niños y adolescentes. La escuela, en ese sentido, se convierte en uno de los escenarios privilegiados para esa intervención, pero no en el único.
La restricción de los celulares en los establecimientos y la intención de bloquear el acceso a redes sociales para menores de 16 años muestran que el Gobierno noruego viene construyendo una agenda de regulación tecnológica centrada en la infancia y la adolescencia. La prohibición de la IA en la primaria se suma a ese recorrido y profundiza una misma orientación: reducir la exposición temprana a determinadas herramientas digitales y reforzar, en cambio, entornos de aprendizaje más ligados a prácticas tradicionales.