Horas después de rechazar de manera tajante el plan europeo para desplegar una fuerza multinacional en Ucrania tras un eventual fin de la guerra, Rusia lanzó durante la madrugada de este viernes un ataque masivo contra Kiev y otras ciudades del país, que dejó al menos cuatro personas muertas y más de una veintena de heridos. La ofensiva, que incluyó el uso de drones y misiles de alta precisión, profundiza la escalada del conflicto cuando se aproxima a su cuarto año.
La cifra de víctimas fatales en la capital ucraniana fue confirmada por el alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, quien además informó que al menos 24 personas resultaron heridas como consecuencia de los bombardeos. Según detalló, varios barrios quedaron sin suministro eléctrico tras lo que describió como un "ataque masivo con misiles enemigos".

Uno de los episodios más dramáticos ocurrió en un edificio residencial, donde un médico perdió la vida mientras asistía a heridos durante el primer impacto. El inmueble fue alcanzado nuevamente minutos después, lo que provocó su muerte. Equipos de emergencia continuaron trabajando durante horas para rescatar a víctimas atrapadas entre los escombros.
Ante la magnitud de la ofensiva, el ejército ucraniano advirtió que "toda Ucrania" se encontraba "bajo amenaza de misiles", luego de detectar la presencia de bombarderos rusos en el espacio aéreo. La alerta se extendió a distintas regiones del país, en medio de una noche marcada por explosiones y sirenas antiaéreas.
En la ciudad occidental de Leópolis, cercana a la frontera con Polonia, la Fuerza Aérea de Ucrania informó que un misil balístico que viajaba a velocidad hipersónica impactó contra instalaciones de infraestructura crítica poco antes de la medianoche. El alcalde local, Andrii Sadovi, señaló que correspondería al ejército determinar si se trató del misil hipersónico Oréshnik, un proyectil con capacidad nuclear. Posteriormente, la administración militar regional aseguró que los niveles de radiación se mantenían dentro de parámetros normales.

Durante la madrugada, el Ministerio de Defensa ruso confirmó el uso del misil balístico hipersónico Oréshnik y sostuvo que el ataque fue una respuesta al supuesto intento de ataque con drones registrado a fines de diciembre contra una de las residencias del presidente Vladímir Putin. Se trata de la segunda vez que Rusia admite haber utilizado este tipo de armamento en el conflicto, luego de un bombardeo previo contra la ciudad de Dnipro a finales de 2024, en ese caso con una ojiva convencional.
La ofensiva se produjo en un contexto de creciente tensión diplomática. Esta semana, Ucrania y sus aliados occidentales acordaron que Europa avanzará en el despliegue de tropas multinacionales tras un eventual alto el fuego, con el objetivo de garantizar la seguridad y supervisar la posguerra. Sin embargo, Moscú rechazó de plano la iniciativa, al considerar que implica una intervención extranjera directa.
La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, María Zajárova, advirtió que cualquier fuerza occidental desplegada en territorio ucraniano será considerada un "objetivo militar legítimo" y calificó la coordinación entre Estados Unidos, Ucrania y sus aliados europeos como un "eje de la guerra".
Mientras continúan las negociaciones diplomáticas, Rusia mantiene una presión militar constante, con bombardeos diarios en medio de las temperaturas extremas del invierno. Esta última oleada de ataques se produjo luego de que la embajada de Estados Unidos en Kiev alertara sobre la posibilidad de un "ataque aéreo potencialmente significativo", advertencia que fue respaldada públicamente por el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.
Ucrania, en tanto, enfrenta serias dificultades para restablecer el suministro de calefacción y agua potable a cientos de miles de hogares tras los recientes ataques rusos contra instalaciones energéticas en las regiones de Dnipropetrovsk y Zaporiyia.
Aunque Zelenski afirmó que el acuerdo con Washington sobre garantías de seguridad estadounidenses está "prácticamente listo", el canciller alemán, Friedrich Merz, advirtió que un acuerdo de tregua aún se encuentra "bastante lejos", debido a la postura inflexible de Moscú. A esto se suman las disputas territoriales no resueltas: Rusia, que ocupa cerca del 20% del territorio ucraniano, insiste en el control total del Donbás, una condición que Kiev rechaza de manera categórica.
En paralelo, el ejército ruso aseguró haber capturado una nueva aldea en la región de Dnipropetrovsk, en el marco de su avance sostenido sobre el terreno.