Con Nicolás Maduro detenido y fuera del escenario político, la administración de Donald Trump concentra ahora su estrategia en Delcy Rodríguez, la nueva presidenta del chavismo, a quien la Casa Blanca considera una figura capaz de garantizar gobernabilidad y avanzar en una reconfiguración del control de los recursos estratégicos de Venezuela.
Para Trump, la gobernabilidad es la clave. Ese factor, según analistas citados por la prensa estadounidense, habría sido determinante para respaldar a la hasta ahora vicepresidenta como cabeza del poder en Caracas, relegando a la oposición en el exilio y a figuras como María Corina Machado o Edmundo González Urrutia.
Desde Washington consideran que, si bien la oposición venezolana cuenta con respaldo popular, carece de influencia real sobre las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad, que continúan bajo control chavista. Una transición encabezada por sectores opositores, sostienen, podría derivar en un gobierno frágil que complique los planes estratégicos del presidente estadounidense.
En ese marco, la democracia aparece relegada en el discurso oficial. El eje de la política exterior de Trump hacia Venezuela pasa por el control del petróleo y la minería, sectores clave también para países y provincias de la región con economías basadas en recursos naturales, como Catamarca en el norte argentino.
Qué busca Trump del chavismo
Trump dejó en claro que pretende ejercer un dominio efectivo sobre la administración de los recursos venezolanos. El chavismo lo sabe y entiende que el margen de negociación es limitado. La advertencia incluso se extiende a otros países de la región, como Cuba y Colombia, mientras que aliados estratégicos de Estados Unidos, como Ecuador, quedan fuera de esas presiones.
César Batiz, director del portal opositor venezolano El Pitazo, explicó que la elección de Delcy Rodríguez responde tanto a la necesidad de mostrar un "trofeo político" como a la continuidad de un mismo objetivo estratégico.
"El plan es entregar la administración de los recursos petroleros y mineros al gobierno de Trump, para que luego sean gestionados por las empresas que él considere", afirmó Batiz.
Entre las exigencias de Washington también figura el fin del envío de petróleo a Cuba, que ya se redujo drásticamente en los últimos años. Sin ese suministro, la isla enfrenta un escenario crítico. A la vez, Trump busca cortar los vínculos del chavismo con Rusia, China e Irán.
"No más tráfico de drogas, no más presencia de Hezbolláh y no más uso del petróleo para enriquecer a los adversarios de Estados Unidos", sostuvo el secretario de Estado, Marco Rubio, a quien sectores de la prensa norteamericana describen como el nuevo "virrey" de Venezuela.
Batiz remarcó que la oferta de Delcy Rodríguez no difiere sustancialmente de la que en su momento realizó Maduro o de las garantías que proponía la oposición. La diferencia, sostuvo, radica en el marco institucional: bajo un sistema democrático, esas negociaciones estarían sujetas al control parlamentario y de la sociedad civil.
Por qué Trump eligió a Delcy Rodríguez
La elección de Rodríguez no fue improvisada. Según los analistas, Trump valoró que tanto ella como su hermano, Jorge Rodríguez, no estén señalados por delitos de narcotráfico, terrorismo o violaciones a los derechos humanos, a diferencia de otros integrantes de la cúpula chavista.
"Delcy y su hermano garantizan tranquilidad. Machado no garantizaba gobernabilidad, y la gobernabilidad es indispensable para cumplir los planes de Trump", sostuvo Batiz.
El delicado equilibrio del nuevo poder en Caracas
A partir de ahora, Delcy Rodríguez deberá sostener un delicado equilibrio. Por un lado, mantener un discurso combativo hacia el interior del chavismo; por otro, evitar una confrontación directa con Estados Unidos mientras negocia en silencio su supervivencia política.
Rodríguez enfrenta dos amenazas centrales: la presión directa de Trump y las tensiones internas con los sectores más duros del chavismo, además del límite constitucional de un mandato inicial de 90 días prorrogables.
Uno de los primeros gestos que se esperan es una eventual amnistía a los presos políticos, que incluiría a detenidos extranjeros, como el gendarme argentino Nahuel Gallo, privado de la libertad desde hace más de un año en Venezuela.
El nuevo gobierno necesita mostrar señales de apertura. Aunque sostenga un discurso ideológico de resistencia, Rodríguez deberá avanzar en la negociación del futuro de la industria petrolera y minera. Actualmente, solo la empresa estadounidense Chevron mantiene operaciones limitadas en el país.
Experta en hidrocarburos y con un perfil técnico más definido que el de Maduro, Delcy Rodríguez necesita ganar tiempo y enviar señales claras de disposición al diálogo. Su desafío será sobrevivir políticamente entre dos frentes de presión: el poder de Estados Unidos y el ala más radical del chavismo, dispuesta a resistir cualquier concesión.