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Un satélite de la NASA captó un tsunami gigante y reveló un comportamiento inesperado de las olas

El satélite SWOT registró con una precisión inédita el tsunami generado por un terremoto de magnitud 8,8 en Kamchatka. Los datos muestran que las olas fueron más complejas de lo previsto y obligan a repensar los modelos científicos usados para predecir estos fenómenos.

7 Enero de 2026 07.33

Un satélite de la NASA logró captar, con un nivel de detalle sin precedentes, un tsunami de gran magnitud que cruzó el océano Pacífico tras un potente terremoto ocurrido a fines de julio de 2025 cerca de la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia. La observación, realizada por el satélite SWOT (Surface Water Ocean Topography), reveló información inesperada sobre la dinámica de las olas y desafió teorías aceptadas desde hace décadas sobre el comportamiento de los tsunamis gigantes.

El evento se produjo el 29 de julio, cuando un sismo de magnitud 8,8 sacudió la zona de subducción Kuril-Kamchatka, convirtiéndose en el sexto terremoto más grande registrado en el mundo desde 1900. El movimiento telúrico generó un tsunami que se propagó a lo largo del Pacífico y activó alertas internacionales. De manera fortuita, el satélite SWOT se encontraba en la posición ideal para registrar el fenómeno en alta resolución, algo que hasta ahora no había sido posible desde el espacio.

Según un estudio publicado en la revista científica The Seismic Record, en lugar de observar una única ola que avanzaba de forma uniforme, los científicos detectaron un patrón mucho más complejo. Los datos mostraron múltiples ondas que se propagaban, interactuaban entre sí y se dispersaban a lo largo de la cuenca oceánica. Esta estructura intrincada contradice la idea tradicional de que los grandes tsunamis se comportan como ondas simples y estables.

Para analizar el evento con mayor precisión, el investigador Angel Ruiz-Angulo, de la Universidad de Islandia, junto a su equipo, combinó las observaciones del satélite con datos provenientes de boyas DART (Deep-ocean Assessment and Reporting of Tsunamis), sensores instalados en el fondo del océano que registran cambios de presión asociados al paso de tsunamis. Esta integración de datos permitió refinar las estimaciones sobre el terremoto que dio origen a las olas.

"Considero que los datos de SWOT son como un nuevo par de gafas", explicó Ruiz-Angulo. "Antes, con las boyas DART, solo podíamos ver el tsunami en puntos muy específicos de la inmensidad del océano. Otros satélites apenas ofrecían una línea delgada de información. Ahora podemos observar una franja de hasta 120 kilómetros de ancho, con una resolución sin precedentes de la superficie del mar".

El satélite SWOT fue lanzado en diciembre de 2022 como una misión conjunta entre la NASA y la agencia espacial francesa CNES. Su objetivo principal no es el monitoreo de desastres, sino la elaboración del primer mapa global detallado de las aguas superficiales de la Tierra, incluidos océanos, ríos y lagos. De hecho, los investigadores llevaban más de dos años utilizando sus datos para estudiar fenómenos oceánicos cotidianos, como pequeños remolinos, sin imaginar que podrían registrar un tsunami de gran escala.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que los datos de SWOT cuestionan la noción de que los grandes tsunamis son "no dispersivos". Tradicionalmente, se asumía que, debido a su enorme longitud de onda en comparación con la profundidad del océano, estas olas viajaban sin fragmentarse. Sin embargo, las observaciones mostraron que el tsunami presentó una dispersión significativa.

Al comparar los registros reales con simulaciones por computadora, los científicos comprobaron que los modelos que incluían dispersión coincidían mucho mejor con los datos observados que los modelos clásicos. "Esto indica que nos está faltando algo en los modelos que solíamos ejecutar", advirtió Ruiz-Angulo, quien señaló que esta variabilidad adicional podría influir en la forma en que la ola principal impacta en las costas.

El análisis también permitió revisar la dinámica del terremoto. A partir de los datos de las boyas DART, los investigadores detectaron discrepancias en los tiempos de llegada del tsunami, lo que los llevó a concluir que la ruptura sísmica se extendió más de lo previsto. Según el nuevo estudio, la falla habría alcanzado unos 400 kilómetros de longitud, frente a los 300 kilómetros estimados inicialmente.

Para el coautor Diego Melgar, estos resultados refuerzan la importancia de combinar distintos tipos de datos. "Desde el terremoto de Japón en 2011 sabemos que los tsunamis contienen información valiosa sobre el deslizamiento superficial. Integrar datos sísmicos, oceánicos y satelitales es clave", afirmó.

Más allá del avance científico, los investigadores sostienen que estos hallazgos podrían contribuir a mejorar los sistemas de alerta temprana en el futuro. La zona de subducción Kuril-Kamchatka ha generado algunos de los tsunamis más devastadores de la historia, y contar con observaciones satelitales en tiempo casi real podría marcar una diferencia crucial en la reducción de riesgos.