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VIDEO: el milagro del bebé rescatado de entre los escombros en Venezuela

En medio de la peor tragedia sísmica en más de un siglo, un pequeño fue extraído con vida de entre los escombros por vecinos que actuaron en plena emergencia. El rescate se convirtió en una de las pocas escenas de alivio dentro de un desastre que ya dejaba al menos 188 muertos.

25 Junio de 2026 16.24

En una escena atravesada por el derrumbe, el desconcierto y la desesperación, un bebé fue rescatado con vida por vecinos que se encontraban en la zona de un colapso edilicio tras los dos terremotos que azotaron a Venezuela el miércoles por la noche. El pequeño no sufrió heridas y fue extraído de entre los escombros gracias al esfuerzo colectivo de personas que estaban allí, en medio de una situación crítica, actuando en los primeros minutos de una tragedia de enorme magnitud.

El rescate del bebé se convirtió rápidamente en una de las imágenes más conmovedoras de la catástrofe. En un país sacudido por edificios derrumbados, personas desaparecidas, familias atrapadas y escenas de angustia en distintos puntos del norte venezolano, la aparición con vida del niño irrumpió como uno de los escasos signos de alivio dentro de un panorama devastador. Las imágenes circularon en redes sociales y tomaron una dimensión simbólica inmediata: mientras el saldo de muertos seguía en aumento, la escena del bebé saliendo con vida de los escombros se transformó en un relato de supervivencia en medio del desastre.

Hasta el jueves por la mañana, la tragedia dejaba al menos 188 muertos, una cifra que marcaba la magnitud del impacto provocado por los sismos. El rescate del bebé, sin embargo, concentró la atención por su potencia humana y por el modo en que ocurrió: no fue una intervención mecanizada ni el resultado de un operativo formal ya desplegado, sino la acción directa de vecinos que estaban en la zona del derrumbe y que, en plena emergencia, se organizaron para sacar al pequeño de entre los restos de la estructura colapsada.

Dos terremotos en menos de un minuto 

El rescate ocurrió en el contexto de dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela con menos de un minuto de diferencia. El primero fue de magnitud 7,2 y se registró a las 18:04 horas locales, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Poco después llegó el segundo, de magnitud 7,5, el más potente de los dos y, según se indicó, el mayor sismo que sacude a Venezuela desde 1900.

La violencia de los movimientos sísmicos se tradujo en derrumbes, daños estructurales y escenas de caos en distintos puntos del país. La simultaneidad de ambos temblores, con apenas segundos de diferencia, amplificó el efecto destructivo y dejó a numerosas personas atrapadas en edificios y viviendas que colapsaron sin margen para una reacción organizada. En ese contexto, cada rescate adquirido en las primeras horas pasó a depender tanto del despliegue de los equipos de emergencia como de la respuesta espontánea de vecinos y familiares.

La historia del bebé rescatado quedó inscripta justamente en ese escenario. El pequeño salió con vida de entre los escombros del que ya es señalado como el peor sismo en Venezuela en más de un siglo, una definición que no solo remite a la magnitud del fenómeno, sino al nivel de devastación y al impacto humano que dejó tras su paso.

La Guaira, el epicentro de la devastación

La región más castigada por los terremotos fue La Guaira, la ciudad costera vecina a Caracas donde se ubica el aeropuerto más importante del país, que quedó inhabilitado por los sismos. Allí se concentraron algunas de las escenas más dramáticas de la emergencia, con derrumbes, personas atrapadas y una creciente tensión social en medio del colapso.

La agencia AFP constató saqueos en la zona, mientras vecinos reportaban la presencia de personas atrapadas bajo edificios que se vinieron abajo. La combinación entre destrucción material, desesperación y necesidad inmediata de asistencia convirtió a La Guaira en uno de los puntos más sensibles del desastre. No se trataba únicamente de un territorio con daños visibles, sino de una región donde la emergencia se desplegaba en múltiples frentes al mismo tiempo: rescate de sobrevivientes, asistencia a heridos, control de situaciones de desborde y búsqueda de personas desaparecidas.

Dentro de ese escenario, Catia La Mar, un sector del estado costero, se transformó en uno de los símbolos más duros de la tragedia. Allí, durante horas, los vecinos escuchaban a una niña atrapada con vida bajo los escombros. La desesperación se hizo pública en la voz de Dani Rizo, de 48 años, quien pidió ayuda a gritos ante la posibilidad de salvarla. "¡Se necesita gente que venga a ayudar, militares, que vengan a ayudar!", dijo. "Si vienen la podemos sacar". La ayuda no llegó a tiempo: la niña murió minutos después. Solo su perro sobrevivió.

Testimonios de una ciudad quebrada por el derrumbe

Los relatos de los sobrevivientes y de quienes atravesaron las primeras horas de la catástrofe ayudan a dimensionar el impacto de los terremotos con una crudeza imposible de reducir a cifras. Yilsmaris Blanco, también vecina de Catia La Mar, describió ante la AFP el escenario que dejó el movimiento sísmico con una frase que resume la magnitud del colapso: "Fue terrible. Todo, todo se desplomó".

Su testimonio avanzó aún más sobre la dimensión humana de la tragedia. "Estamos vivos, pero hay personas que están ahorita sufriendo con sus familiares tapiados, con sus familiares pisados que no los pueden sacar", relató. La frase condensa uno de los dramas centrales de la emergencia: la coexistencia entre quienes lograron sobrevivir y quienes quedaron atrapados, heridos o sepultados junto a sus familiares bajo estructuras destruidas.

La misma lógica se replicó en Caracas, donde el barrio de Altamira fue uno de los más golpeados. Allí, un edificio de 22 plantas se vino abajo y otros inmuebles perdieron paredes enteras. El derrumbe de estructuras de gran altura alteró por completo la fisonomía del sector y dejó a numerosos residentes fuera de sus hogares, sin certezas sobre sus pertenencias, sobre sus familiares o incluso sobre la posibilidad de volver a entrar a sus viviendas.

Altamira y la noche en la calle: el miedo a nuevos derrumbes

Tras los sismos, muchos residentes de Caracas pasaron la noche durmiendo en la calle o dentro de sus autos, sin animarse a regresar a edificios que podían colapsar o seguir desprendiéndose. Al jueves por la mañana, además, prácticamente no había comercios abiertos, una señal de la paralización que dejó el terremoto en una ciudad todavía atravesada por el miedo y la incertidumbre.

Entre quienes quedaron frente a los restos de su vida cotidiana estuvo Jean Alexander Capote, de 48 años, quien se encontraba parado frente a un edificio de más de 15 pisos que perdió varias paredes. Su testimonio sintetiza el alcance íntimo del desastre: "Mi casa se cayó completa, perdí familia, se murió mi suegra, tengo a mi hija desaparecida, no la consigo", dijo. Y agregó: "Lo que sucedió es fuerte, queremos una ayuda pronto".

La frase no solo da cuenta de una pérdida material, sino de una cadena de tragedias personales superpuestas: la destrucción de la vivienda, la muerte de un familiar y la desaparición de su hija. En ese punto, la historia del bebé rescatado adquiere todavía más dimensión. No es solo una noticia de supervivencia, sino un contraste brutal con la cantidad de historias marcadas por la muerte, la desaparición o la imposibilidad de rescatar a tiempo a quienes quedaron atrapados.

La ayuda internacional

La magnitud del desastre activó también una respuesta internacional. Chile y México, países con experiencia probada en sismos, anunciaron el envío de equipos especializados para colaborar con la emergencia. A esa asistencia se sumaron España, Alemania, Italia, Suiza, China, India y la Unión Europea, que también ofrecieron su colaboración ante la dimensión del colapso.

En paralelo, el Papa León XIV asignó una ayuda de emergencia de más de 100.000 dólares, en un gesto orientado a fortalecer la asistencia en medio de una situación límite. La cooperación externa aparece como un componente central en un contexto en el que los terremotos no solo dejaron víctimas fatales y destrucción edilicia, sino también un escenario de urgencia humanitaria, con personas atrapadas, familias desplazadas y servicios clave afectados.