Tras la llegada a la Argentina, la esposa de Nahuel Gallo, María Alexandra Gómez, habló con el programa Telenoche y describió cómo fue encontrarse con el gendarme después de 448 días. El testimonio, cargado de emoción, expuso la dimensión humana de una historia marcada por el aislamiento, la incertidumbre y la espera.
"Lo estábamos esperando. Nahuel estuvo en una desaparición forzada innecesaria, privado de su libertad. Él nunca tuvo que estar en esa situación. Decirte que estamos felices es poco. No me cabe la felicidad en el pecho", expresó Gómez, aún conmovida por el reencuentro.
La mujer sostuvo que el regreso significó un alivio profundo tanto para él como para la familia: "Es un descanso para él, que estaba viviendo una pesadilla, y para nosotros, que nunca se nos ocurrió bajar los brazos. Nahuel ahora se está recuperando". La frase resume el doble impacto del cautiverio: el padecimiento individual del gendarme y la resistencia emocional de su entorno más cercano.
La espera, la bandera y el país extrañado
En medio de la emoción, Gómez relató un detalle que revela la carga simbólica del regreso. "Ayer cuando volvíamos por la autopista veía las banderas de Argentina y decía que había extrañado mucho el país y la bandera. Fue mucho tiempo en una situación lamentable", contó.
La imagen de las banderas argentinas en la autopista se transformó así en un símbolo del final de una etapa. Para Gallo, según su esposa, el país dejó de ser un territorio abstracto y volvió a encarnarse en esos colores que no pudo ver durante más de un año.
El encierro y el aislamiento
Gómez también compartió algunos detalles que su esposo le transmitió sobre el tiempo de encierro. "En sus ojos se nota el odio que le tiene el régimen venezolano a la Argentina. Lo que me pudo decir es que nunca entendió por qué tuvieron tanto ensañamiento con él, por qué lo tenían tan aislado", señaló.
El aislamiento fue, según relató, una de las características centrales de su detención. De hecho, el gendarme estaba dentro de una lista de personas que no podían recibir visitas ni comunicación. La esposa detalló que:
Estaba aislado y sin contacto con el exterior.
Formaba parte de una lista de personas sin derecho a visitas ni comunicación.
Pidió hablar con su familia en reiteradas ocasiones.
"Las veces que pidió hablar con su familia, pero nunca le dieron la oportunidad".
La falta de explicaciones oficiales agravó la angustia. "Nunca nos dieron una explicación sobre su secuestro. Jugaron con la libertad y la vida de una persona. Son criminales y que tienen que pagar por lo que hicieron", afirmó Gómez, en un cuestionamiento directo al gobierno venezolano.
Las secuelas físicas y el proceso de recuperación
Más allá del impacto emocional, el cautiverio dejó huellas físicas visibles. "No está blanco, está amarillo. Recibía sol una sola hora al día, pasaba todo el día adentro de la celda. Está cansado, un agotamiento físico muy grande", describió.
Entre los aspectos más relevantes de las condiciones de detención, Gómez puntualizó:
Exposición al sol limitada a una hora diaria.
Permanencia el resto del tiempo dentro de la celda.
Agotamiento físico muy grande al momento del reencuentro.
Cambio visible en su tonalidad de piel: "No está blanco, está amarillo".
La recuperación, según indicó, ya comenzó. "Nahuel ahora se está recuperando", insistió, dejando en claro que el regreso no implica el cierre inmediato de lo vivido, sino el inicio de una nueva etapa.
Resiliencia y propósito
En su relato, Gómez destacó la fortaleza de su esposo. "Nahuel es resiliente y va a tener un propósito muy bonito. Si Dios le permitió sobrevivir... Ama a su hijo y a su familia", afirmó.
La referencia a su hijo y a su núcleo familiar introduce otro eje central de la historia: el sostén afectivo como motor de resistencia. El gendarme llegó en la madrugada a Ezeiza, donde fue recibido por su esposa, su hijo Víctor, de 3 años, su madre Griselda Heredia y funcionarios nacionales. La primera imagen que trascendió lo mostró con el niño en brazos, en el aeropuerto, en medio de un fuerte operativo de seguridad y hermetismo oficial.
Esa escena condensó 448 días de espera. El abrazo con su hijo Víctor, de apenas tres años, se convirtió en la imagen que simboliza el final de una etapa signada por la incertidumbre y el comienzo de otra orientada a la recuperación física y emocional.
El testimonio de María Alexandra Gómez no sólo aportó detalles sobre las condiciones de detención y el aislamiento, sino que también dejó en claro el impacto profundo que la situación tuvo en la familia. Entre la denuncia, la emoción y el alivio, sus palabras delinean el contorno humano de un caso que atravesó casi un año y medio de ausencia y que hoy encuentra a Nahuel Gallo nuevamente en suelo argentino, iniciando el difícil pero esperado camino de la reconstrucción.