Bebiendo la historia: el renacer de la Aloja de Algarroba
A través de talleres vivenciales en Pueblo Perdido, residentes y turistas redescubren los secretos de una bebida ancestral que combina salud, identidad y soberanía alimentaria.

La historia no solo se lee en los libros; a veces, se bebe. En el marco de la Agenda de Carnaval organizada por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Capital, el pasado reciente y el presente se fusionaron en un evento singular. El taller vivencial titulado "Aloja de algarroba: bebiendo la historia" tuvo su primera jornada ayer, transformando la amplia galería al aire libre del Centro de Interpretación del Pueblo Perdido de la Quebrada en un espacio de encuentro y aprendizaje colectivo. Bajo la guía especializada del emprendimiento La Torradería, tanto residentes como turistas se congregaron para redescubrir el valor del monte a través de su fruto más emblemático: la algarroba.

Durante el encuentro, la narrativa se centró en la versatilidad de este recurso natural, profundizando en los procesos técnicos necesarios para obtener productos tradicionales como la añapa, la aloja, el arrope, la jalea y el emblemático patay. No obstante, la propuesta también miró hacia el futuro de la economía regional al presentar innovaciones contemporáneas, entre las que destacan la harina, los alfajores y el café de algarrobaMarisol Dufour, responsable de La Torradería, enfatizó la importancia de la soberanía alimentaria al señalar que no es necesario incurrir en grandes gastos para disfrutar de una bebida de calidad, ya que el entorno natural ofrece los frutos típicos necesarios para brindar con identidad.

El arte de la fermentación y la salud

La técnica es el puente fundamental entre el fruto silvestre y la bebida final. Marcos, integrante del emprendimiento organizador, detalló la receta artesanal paso a paso mientras los asistentes participaban activamente desmenuzando la algarroba para colocarla en vasijas diseñadas por la artesana Belén Arzac. El método compartido se basa en un proceso de fermentación que requiere entre 15 y 18 días, un tiempo crítico que asegura la calidad del producto, evitando que se avinagre y permitiendo obtener un resultado final sumamente sabroso.

Más allá del placer gastronómico, la aloja se revela como un complejo vitamínico natural. Gracias a su alto contenido de fibra y minerales, junto con la presencia de vitaminas A, B1, B2, B3 y D, esta bebida actúa como un potente energizante, digestivo y antiséptico. Incluso el patay fue destacado por su capacidad para regular el colesterol, reforzando la idea de que la cocina ancestral es, en esencia, una forma de medicina preventiva y rehidratante.

Memoria viva y continuidad de la tradición

El taller no solo fue un espacio de instrucción técnica, sino también un reservorio de testimonios. Damacena, una mujer de 91 años oriunda de la localidad de Esquiú (La Paz), compartió su emoción al recordar que su madre ya preparaba esta bebida en 1920. Su presencia simbolizó el puente generacional que estas iniciativas buscan reconstruir, una visión compartida por participantes como Luciano, quien asistió junto a su familia y celebró la posibilidad de aprender sobre hábitos saludables y ancestrales en comunidad.

Para quienes deseen sumergirse en esta experiencia única, esta tarde a las 18:00 horas se realizará un nuevo taller gratuito y abierto a todo público. Los interesados pueden realizar consultas o inscripciones comunicándose al 383 428 0212. Asimismo, cabe recordar que La Torradería continúa su labor de difusión y comercialización en su tienda de sabores nativos de jueves a domingos, ofreciendo pastelería y torrados autóctonos a base de algarroba, mistol y chañar, manteniendo viva la llama de la economía regional en el corazón de la Quebrada.