Día de Todos los Santos: una celebración de testimonio de quienes marcaron el camino
La Iglesia celebra esta fecha como una oportunidad para recuperar el testimonio de hombres y mujeres que vivieron de manera ejemplar su fe. Este año se realizará la 30.ª Jornada de Oración por la Santificación del Pueblo Argentino, bajo el lema "Felices los que trabajan por la paz", en el marco de la preparación de la visita de León XIV al país.

La celebración del Día de Todos los Santos constituye una de las solemnidades del calendario litúrgico católico y está dedicada a recordar a quienes han transitado el camino de la fe y de la vida cristiana y gozan ya de la eterna bienaventuranza. Se trata de una conmemoración que no se limita exclusivamente a quienes fueron reconocidos oficialmente por la Iglesia mediante un proceso de canonización, sino que también comprende a todos aquellos santos cuya santidad no recibió una declaración formal.

En esta jornada, la Iglesia propone hacer memoria de hombres y mujeres que, a través de sus vidas, dieron testimonio de los valores del Evangelio y de una entrega considerada ejemplar. La festividad permite reconocer la diversidad de caminos mediante los cuales las personas vivieron su fe y alcanzaron la santidad.

La solemnidad también invita a recuperar los orígenes históricos de la veneración a los santos, una práctica que comenzó a tomar forma durante los primeros siglos del cristianismo y que fue adquiriendo progresivamente una organización dentro de la vida de la Iglesia.

Los primeros testimonios de veneración

Los antecedentes de esta tradición se remontan a finales del siglo II, cuando comenzó a desarrollarse la veneración de varones y mujeres que habían vivido la vida cristiana de manera heroica durante las grandes persecuciones del Imperio Romano.

En aquel contexto, el testimonio de quienes sostuvieron sus convicciones religiosas frente a las persecuciones fue adquiriendo un significado particular para las primeras comunidades cristianas. La memoria de estas personas comenzó a ocupar un lugar destacado en la vida religiosa, dando origen a una tradición de reconocimiento y veneración que se prolongaría a lo largo de los siglos.

En los primeros tiempos, la figura del mártir tuvo un lugar central en esta práctica. Sin embargo, posteriormente también se incorporaron personas cuya vida cristiana fue considerada ejemplar sin que hubieran muerto como consecuencia de las persecuciones.

Entre los antecedentes históricos mencionados se encuentra San Martín de Tours, reconocido como el primer santo no mártir. Su incorporación a esta tradición representó una ampliación de la consideración de la santidad, que dejó de estar vinculada exclusivamente al martirio.

Con el paso del tiempo también se fue elaborando un procedimiento para determinar quiénes podían ser elevados a la dignidad de los altares. Ese proceso llegó a contemplar la presentación de pruebas de milagros como parte de los elementos necesarios para discernir si era voluntad de Dios que una persona recibiera el reconocimiento oficial de la santidad. Este procedimiento constituye un antecedente del sistema de canonización que existe actualmente.

El origen histórico de la celebración 

En relación con el origen y la consolidación del Día de Todos los Santos, los antecedentes históricos sitúan un momento importante en el siglo XI, cuando el abad de Cluny promovió una jornada destinada a recordar a los Macabeos. La fecha fue posteriormente aceptada por la Iglesia romana, contribuyendo a establecer la celebración dentro de la tradición católica.

Desde el punto de vista litúrgico, la festividad quedó dedicada a la memoria de todos los santos, independientemente de que hubieran sido canonizados o no. Esta característica constituye uno de los aspectos centrales de la solemnidad, ya que permite incluir en la conmemoración a todas las personas que gozan de la bienaventuranza eterna.

Otro antecedente mencionado se encuentra en la antigua Roma. Los registros históricos hacen referencia a la cesión del Panteón por parte del emperador para su utilización como templo de la Iglesia Católica. Originalmente, el edificio estaba destinado al culto de todos los dioses, pero posteriormente fue consagrado para honrar a Santa María y a los mártires.

Este acontecimiento representó una transición del paganismo al cristianismo en la utilización religiosa de aquel espacio. La consagración del templo permitió vincular un lugar anteriormente destinado a las divinidades de la antigua Roma con la veneración cristiana, particularmente con la memoria de la Virgen María y de los mártires.

La 30.ª Jornada de Oración por la Santificación del Pueblo

En el marco de esta solemnidad, la Iglesia en Argentina realiza cada año la Jornada de Oración por la Santificación del Pueblo Argentino y Glorificación de sus Siervos de Dios. La convocatoria de este año tendrá un significado particular, ya que alcanzará su edición número 30 y llevará como lema "Felices los que trabajan por la paz".

La propuesta estará vinculada con la preparación de la visita de León XIV al país y buscará promover la oración por la santificación del pueblo argentino, además de acompañar los distintos procesos de beatificación y canonización que se encuentran en marcha.

La jornada representa una oportunidad para poner en valor el testimonio de quienes desarrollaron su vida religiosa en el país o estuvieron vinculados con la Iglesia que peregrinó en la Argentina. También permite renovar el acompañamiento espiritual a las causas de personas cuyo recorrido de fe es considerado significativo para la comunidad católica.

La iniciativa de rezar por la santificación del pueblo argentino y acompañar los procesos de beatificación y canonización tuvo, además, una consecuencia institucional: dio origen a la creación de la Delegación para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina.

Este organismo invita a mantener presente la memoria de quienes fueron reconocidos por su trayectoria religiosa y de aquellos que recibieron el título de beatos, además de acompañar las causas que continúan su recorrido dentro de la Iglesia.

Los santos argentinos y los beatos

Entre los santos argentinos o vinculados a la Iglesia que peregrinó en el territorio nacional, la Delegación para las Causas de los Santos invita a recordar a distintas figuras que forman parte de la memoria religiosa del país.

La nómina incluye a Héctor Valdivielso Sáez, José Gabriel Brochero, Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús March, Artémides Zatti y María Antonia de Paz y Figueroa.

Sus nombres integran el conjunto de referentes cuya trayectoria es recuperada durante esta jornada, como parte del reconocimiento a quienes dieron testimonio de su fe a través de sus vidas.

A ellos se suman numerosos beatos vinculados con la historia de la Iglesia en Argentina, cuyas causas y testimonios también forman parte de la convocatoria de oración.

Entre los beatos mencionados se encuentran:

Laura Vicuña.

María del Tránsito de Jesús Cabanillas.

María Ludovica de Angelis.

Ceferino Namuncurá.

María Crescencia Pérez.

Gregorio Martos Muñoz.

Catalina de María Rodríguez.

Enrique Angelelli.

Carlos de Dios Murias.

Gabriel Longueville.

Wenceslao Pedernera.

Mamerto Esquiú.

Pedro Ortiz de Zárate.

Juan Antonio Solinas.

Eduardo Francisco Pironio.

La enumeración permite reconocer la diversidad de figuras que integran la memoria religiosa argentina y que son propuestas como referentes para la oración y la reflexión durante esta celebración.