El Padre Julio Quiroga del Pino asumió como nuevo párroco de Santa Rosa de Lima
En una emotiva ceremonia presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, la emblemática parroquia de la capital catamarqueña recibió a su nuevo guía espiritual bajo el legado del Beato Mamerto Esquiú.

La comunidad católica vivió una jornada de profunda significación eclesial durante la noche de este lunes. En una ceremonia marcada por el fervor popular y la solemnidad litúrgica, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, puso en funciones al padre Julio Quiroga del Pino como nuevo párroco de la parroquia Santa Rosa de Lima, situada en la Capital.

El padre Quiroga del Pino arriba a esta histórica jurisdicción tras haber ejercido su ministerio sacerdotal en la parroquia San Francisco de Asís, con sede en la ciudad de Andalgalá. El traspaso de mando se realizó en un templo parroquial colmado por fieles de diversas comunidades, miembros de instituciones eclesiales, pastorales, familiares y amigos del nuevo párroco, quienes se unieron en una Santa Misa concelebrada por numerosos sacerdotes del clero catamarqueño, entre ellos el vicario general, padre Julio Murúa, y el párroco saliente, padre Marcelo Amaya.

El inicio formal de esta nueva etapa pastoral quedó plasmado cuando el padre Diego Manzaraz, canciller y secretario general de la Curia diocesana, procedió a la lectura del decreto de designación. Posteriormente, el Obispo bendijo el agua con la que el nuevo párroco roció a los presentes, en un gesto de purificación y renovación de las promesas bautismales.

Durante la Liturgia de la Palabra, Mons. Urbanč entregó las Sagradas Escrituras al padre Julio, quien tuvo la responsabilidad de proclamar el Santo Evangelio. En su homilía, el prelado destacó la importancia de la parroquia Santa Rosa de Lima, describiéndola como una comunidad de "larga trayectoria" que aún conserva la impronta del padre Sonzini, una figura que marcó un rumbo fundamental en el trabajo con niños y jóvenes.

El Obispo dirigió palabras de gratitud tanto al párroco saliente como al entrante:

Al padre Marcelo Amaya: Agradeció su servicio en la capital y recordó que ya ha asumido sus funciones en San José de Piedra Blanca, donde enfrentará una "ardua tarea" en el marco del Año del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.

Al padre Julio Quiroga del Pino: Reconoció su labor previa en Andalgalá y lo instó a trabajar con entusiasmo en esta nueva jurisdicción.

 

El desafío del ministerio "artesanal"

Inspirado en los textos de Santiago, Mons. Urbanč reflexionó sobre la naturaleza del servicio sacerdotal, definiéndolo como un "trabajo artesanal". En este sentido, enfatizó que la paciencia es una virtud indispensable para acompañar los procesos de conversión de cada fiel. "Si hay algo que el sacerdote tiene que tener en una comunidad es mucha paciencia... Quiera Dios que el padre Julio tenga muchas personas que lo busquen para que los dirija, los acompañe espiritualmente", afirmó el Obispo.

Asimismo, hizo un llamado a evitar la mediocridad y buscar la perfección, aclarando que, aunque el ser humano no es perfecto, es perfectible. Instó a los sacerdotes a vivir en un grado de santidad que sirva de ejemplo para sus hermanos, conformándose siempre con la voluntad de Dios.

 

El legado del Beato Mamerto Esquiú

Un eje central del mensaje episcopal fue la preocupación por el sacramento del Bautismo. Mons. Urbanč señaló que, en muchos casos, se ha convertido en una "mera formalidad" o un trámite justificado por un "papelito". Por ello, propuso a los sacerdotes que asumen nuevas funciones profundizar en la fe y en el compromiso de los padres antes de la celebración.

El contexto de este año es particularmente relevante, ya que se celebra el Año del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú. El Obispo expresó su deseo de que la figura de Esquiú movilice a toda la diócesis y al país bajo el lema: "Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de la unidad".

Apóstol: Por su entrega como fraile, sacerdote y obispo.

Ciudadano: Por su compromiso con la patria en momentos difíciles y su célebre sermón de la Constitución.

Servidor de la unidad: Por su incansable trabajo en favor de la cohesión nacional.

Tras la homilía, el padre Julio Quiroga del Pino realizó su profesión de fe y el juramento de fidelidad, momentos cumbres del rito de toma de posesión. Acto seguido, recibió los óleos sagrados que utilizará para la administración de los sacramentos y, tras la Comunión, el Obispo le hizo entrega de las llaves del Sagrario, donde se reserva el Santísimo Sacramento.

La ceremonia concluyó con palabras de despedida al padre Amaya y de bienvenida al padre Quiroga del Pino por parte de la comunidad. Los tres sacerdotes que iniciaron nuevas etapas —Amaya en Piedra Blanca, Carlos Robledo en Andalgalá y Quiroga del Pino en Capital— quedaron encomendados a las oraciones de los fieles, bajo la luz del Beato Esquiú y la protección de la Virgen del Valle.