El "Punch" argentino que busca refugio en un peluche para sobrevivir
Cunumí, un mono caí de cuatro meses rescatado del mascotismo, repite en el Ecoparque porteño la conmovedora historia de apego que se volvió viral en Japón.

En el complejo universo de la conservación y el bienestar animal, las historias de resiliencia suelen capturar la atención pública por su profunda carga emocional y su capacidad de generar empatía inmediata. Recientemente, el caso de Punch, un mono bebé de apenas siete meses nacido en el zoológico de la ciudad de Ichikawa, en la periferia de Tokio, Japón, conmovió al mundo a través de las redes sociales. Tras ser abandonado por su madre al nacer en julio del año pasado, el pequeño primate encontró en un orangután de peluche el consuelo y la seguridad necesarios para su desarrollo. Sin embargo, una realidad asombrosamente similar se desarrolla en territorio argentino, donde un protagonista local llamado Cunumí atraviesa un proceso de recuperación tras haber sido víctima del tráfico de fauna y el mascotismo.

Cunumí es un mono caí de apenas cuatro meses que fue rescatado durante un operativo de control en el barrio de Retiro. Actualmente, el ejemplar se encuentra bajo el cuidado de especialistas en el hospital veterinario del Ecoparque de Buenos Aires, el antiguo zoológico porteño. Allí, el animal cumple con una etapa crítica de cuarentena, un periodo donde los expertos no solo evalúan su estado de salud general, sino también su desarrollo comportamental antes de definir cuál será su destino definitivo en el marco de los programas de rescate.

El rol del objeto de apego en la cría de primates

Uno de los aspectos más conmovedores y técnicamente relevantes del caso de Cunumí es su relación con un peluche de apego, un recurso que espeja de manera casi idéntica la experiencia japonesa de Punch. El pequeño mono caí utiliza este objeto como un sustituto simbólico de la protección materna, una pieza que desde el Ecoparque consideran clave en el protocolo de acompañamiento para crías de mono que, por diversas razones, no pueden estar con su madre biológica.

En el caso específico de Cunumí, la ausencia de una hembra protectora es consecuencia directa del mascotismo. Al ser extraído de su hábitat natural para ser insertado ilegalmente en el mercado de mascotas, el vínculo biológico se rompe de forma traumática en una etapa de total dependencia. El peluche cumple entonces un rol fundamental, proporcionando una sensación de seguridad y contacto físico necesaria para minimizar el estrés del cautiverio y la soledad, factores que en primates pueden derivar en graves secuelas psicológicas.

La fauna argentina y el desafío de la conservación

María Eugenia Dahdah, coordinadora de comportamiento animal del Ecoparque, brindó detalles sobre la especie en una entrevista con TN, destacando que el mono caí es una especie emblemática que forma parte de la fauna argentina. Su distribución natural se encuentra principalmente en el noreste del país, pudiendo hallarse ejemplares en las provincias de Corrientes, Chaco y Misiones.

Dahdah señaló que la llegada de una cría de primate suele despertar una sensibilidad especial en la comunidad debido a la similitud biológica y gestual con los seres humanos. Según explicó la especialista, la empatía o compasión es significativamente mayor cuando se trata de un animal que se parece tanto a nosotros, lo que justifica que el público manifieste un interés mucho más marcado por la evolución de Cunumí que cuando se recibe a otras especies, como podría ser una cría de tortuga.

Evaluación y destino incierto bajo estricta vigilancia

El proceso que enfrenta Cunumí en el hospital veterinario es exhaustivo y multidisciplinario. Los profesionales del Ecoparque mantienen al animal bajo una vigilancia constante que abarca dos dimensiones principales. Por un lado, se realiza una evaluación sanitaria rigurosa que incluye chequeos médicos para descartar enfermedades zoonóticas o dolencias derivadas del maltrato durante su cautiverio ilegal. Por otro lado, se lleva adelante una evaluación comportamental, centrada en el análisis de sus instintos y capacidades sociales para determinar si en el futuro será apto para una reintroducción a la vida silvestre o si deberá permanecer en un ambiente controlado.

Mientras Cunumí se aferra a su peluche en el hospital del Ecoparque, su historia sirve como un recordatorio del impacto negativo del tráfico de animales silvestres. La coordinación de comportamiento animal continúa trabajando para garantizar que este pequeño mono caí tenga una oportunidad de futuro, mientras la sociedad observa conmovida este reflejo local de la historia de Punch, con raíces profundas en la problemática de la fauna autóctona de nuestra propia tierra.