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Catamarca y la gesta revolucionaria: cómo llegaron las noticias del 25 de Mayo

Lejos de Buenos Aires y en los confines del Virreinato, nuestra provincia recibió las noticias de la Revolución de Mayo más de un mes después de los acontecimientos de 1810. Documentos históricos, decisiones políticas y testimonios reconstruyen cómo la provincia comenzó a involucrarse en el proceso revolucionario que transformó para siempre la historia argentina.

25 Mayo de 2026 08.35

El sol del 25 vuelve cada año sobre la memoria argentina y, junto con él, regresan las preguntas sobre el verdadero alcance de aquella revolución que cambió el rumbo político del territorio rioplatense. Pero lejos de Buenos Aires y de las imágenes tradicionales instaladas en los manuales escolares, la historia también se escribió en ciudades pequeñas, polvorientas y alejadas de los grandes centros de poder, como Catamarca.

Para reconstruir cómo se vivió la Revolución de Mayo en el territorio catamarqueño, es bueno repasar los acontecimientos que comenzaron a transformar la vida política local a partir de la llegada de las noticias desde Buenos Aires.

La reflexión sobre aquella época también encuentra eco en la literatura. En "La revolución es un sueño eterno", de Andrés Rivera, el cáncer de lengua de Juan José Castelli aparece como el recurso trágico para narrar cómo el sueño emancipatorio de Castelli y Mariano Moreno, basado en la idea de una tierra integrada incluso hasta el Norte profundo, terminó quedando atrapado en derrotas y frustraciones.

Sin embargo, ese Norte también fue escenario de luchas, batallas y protagonistas que participaron activamente en el proceso revolucionario, aunque muchas veces la historia oficial haya reducido el relato a las escenas más conocidas del Cabildo, los paraguas y el célebre "¡El pueblo quiere saber!".

La revolución llegó a Catamarca más de un mes después

Los acontecimientos políticos ocurridos en Buenos Aires en mayo de 1810 recién se conocieron en Catamarca el 22 de junio de ese año.

La demora se debía a las dificultades de comunicación de la época y al funcionamiento del correo, que llegaba apenas una vez a la ciudad catamarqueña. Fue entonces cuando los cabildantes se reunieron para abrir los pliegos enviados desde Buenos Aires y conocer oficialmente las novedades políticas del Virreinato.

El acta redactada en aquella ocasión dejó constancia de ese momento histórico con una frase que aún hoy conserva un enorme valor documental: "Fueron convocados (los cabildantes) para abrir los pliegos que se han recibido por correo ordinario dirigidos a este magistrado de la Capital de Buenos Aires".

Al momento de recibir las noticias revolucionarias, Catamarca era una pequeña ciudad ubicada en los confines del Virreinato del Río de la Plata, alejada de los principales centros urbanos y políticos.

Una ciudad colonial entre calles polvorientas y edificios históricos

La Catamarca de 1810 era una ciudad de casas bajas, calles polvorientas y ambiente bucólico. El Cabildo funcionaba frente a la calle Real o calle Brava, lo que actualmente correspondería a las calles República y Rivadavia. Frente a ese edificio se extendía una plaza amplia, con árboles nativos y escasa sombra.

A pocos metros se levantaba la Iglesia Matriz y junto al templo se encontraba el denominado "campos de las ánimas". El paisaje urbano era completado por la imponente construcción de la iglesia de San Francisco.

Con la llegada de las noticias desde Buenos Aires, las autoridades convocaron a un Cabildo Abierto con la denominada "parte principal y más sana del vecindario" para elegir un representante ante el Congreso General que definiría cuál sería la forma de gobierno más adecuada para el nuevo escenario político.

Según recordó el historiador Ramón Rosa Olmos, la noticia fue recibida con "profunda alegría" por parte de los criollos, mientras que los españoles adoptaron una postura de cautela frente a los acontecimientos revolucionarios.

Buenos Aires y las tensiones con el interior

Los hechos revolucionarios de mayo fueron, en principio, un acontecimiento nacido en Buenos Aires, donde prevalecían los intereses políticos y económicos vinculados al puerto. Los criollos se sentían relegados dentro del sistema colonial y el monopolio comercial beneficiaba a grupos reducidos ligados a la administración virreinal.

En ese contexto, muchos sectores criollos encontraron en la Revolución una oportunidad para adquirir protagonismo político y avanzar hacia gobiernos propios. Buenos Aires comenzó entonces a posicionarse como la "hermana mayor", mientras las provincias y ciudades del interior debían acompañar aquel proceso histórico que estaba comenzando.

Aunque surgida en el puerto, la Revolución de Mayo logró rápidamente una repercusión que terminó otorgándole un carácter trascendental para todo el territorio.

La elección de los representantes catamarqueños

El Cabildo de Catamarca debía designar un diputado representante para participar del nuevo escenario político. El 23 de julio de 1810 se reunieron 52 vecinos y eligieron a don Francisco de Acuña como diputado por Catamarca.

Acuña, nacido en Galicia, había ocupado durante más de veinte años distintos cargos en nombre de la Corona española y mantenía una reconocida reputación entre los vecinos catamarqueños. Sin embargo, su designación quedó rápidamente envuelta en polémica. Tras jurar ante los cabildantes, Acuña exigió el pago de la dieta correspondiente y sostuvo que no iniciaría el viaje hasta recibir el dinero.

La situación reflejaba también las limitaciones económicas del ayuntamiento catamarqueño, cuyas arcas no atravesaban un momento favorable. Posteriormente, el 25 de agosto llegaron noticias desde Buenos Aires indicando que el representante local no debía ser español nativo. Esa decisión dejó a Francisco de Acuña excluido del cargo.

Según se desprende del relato histórico, su actitud de priorizar el aspecto monetario por sobre la causa revolucionaria fue interpretada como una subestimación del proceso emancipador. Tras esos hechos, Acuña se refugió en su hacienda de Polcos.

José Antonio Olmos de Aguilera y el compromiso con la causa revolucionaria

Frente a la urgencia política, los cabildantes volvieron a reunirse y el 31 de agosto eligieron al Síndico Procurador José Antonio Olmos de Aguilera como nuevo diputado por Catamarca.

Olmos de Aguilera era un manifiesto adherente de la Revolución de Mayo y emprendió viaje hacia Buenos Aires prácticamente con recursos propios. El recorrido demandó un duro itinerario de 25 días hasta llegar al Cabildo porteño.

Paralelamente, el gobierno central designó a Feliciano de la Mota Botello para reemplazar a Acuña. Gracias a su actividad como comerciante, Mota Botello había establecido vínculos con los patriotas de Mayo y terminó convirtiéndose en el primer Comandante de Armas de la era revolucionaria en Catamarca.

Entre sus primeras medidas dispuso la baja de las autoridades españolas en el Valle y promovió una colecta entre los vecinos para equipar a las milicias destinadas al Ejército del Norte.

Documentos históricos y el impacto de la Revolución en Catamarca

Como parte de ese proceso revolucionario, se conformó un batallón integrado por ciento cincuenta personas bajo las órdenes del coronel José Manuel Figueroa Cáceres, identificado como un firme partidario de la revolución.

El Archivo Histórico de la Provincia conserva actualmente una importante cantidad de documentación vinculada a aquellos años. Entre los materiales más relevantes se encuentran los Libros Capitulares, donde quedó registrado de puño y letra el relato de los acontecimientos de 1810. Uno de los documentos más significativos es el acta del 22 de junio de 1810, redactada con elegante cursiva y refrendada por vecinos catamarqueños.

La Revolución de Mayo tuvo un impacto profundo en Catamarca. Pese a tratarse de una ciudad alejada de los circuitos centrales de poder, el territorio recibió con beneplácito el cambio político impulsado desde Buenos Aires. La presencia de dirigentes como Mota Botello permitió implementar medidas concretas para integrar a Catamarca en el proceso revolucionario.

Los historiadores destacan además que numerosos habitantes de la ciudad y de la campaña colaboraron de manera desinteresada, entregando lo poco que tenían para sostener la causa emancipadora que comenzaba a transformar la historia del antiguo Virreinato del Río de la Plata.