El Vía Crucis recorrió el centro de Catamarca con las meditaciones del Beato Esquiú
La fe y la tradición se unieron este Viernes Santo en un recorrido solemne que integró la devoción popular con el legado espiritual del Beato Mamerto Esquiú. La ceremonia, presidida por autoridades eclesiásticas, destacó por su riqueza litúrgica y la participación activa de la comunidad.

Durante la tarde de este Viernes Santo, el casco céntrico de la ciudad se llenó de recogimiento y oración con la realización del Vía Crucis, que partió desde la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle. La procesión contó con la presencia de las imágenes del Cristo Yacente, la Virgen Dolorosa y el apóstol San Juan, quienes acompañaron simbólicamente a los fieles al pie de la Cruz.

Este acto penitencial tuvo como principal guía espiritual al obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, acompañado del rector del Santuario Catedral, padre Juan Ramón Cabrera, y del capellán, padre Ramón Carabajal. La participación de estos referentes eclesiásticos reforzó el carácter solemne y contemplativo del recorrido, mientras los fieles se congregaban para acompañar a Nuestro Señor Jesucristo en el Camino de la Cruz, rememorando su sacrificio por la salvación de la humanidad.

Recorrido y estaciones del Vía Crucis

El Vía Crucis se desarrolló a lo largo de un itinerario que permitió a los devotos recorrer calles emblemáticas del centro de la ciudad. El trayecto incluyó:

Calle San Martín

Calle Rivadavia

Calle Esquiú

Templo franciscano San Pedro de Alcántara

Calle Sarmiento

Retorno a la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle

A lo largo del recorrido se distribuyeron las 14 estaciones, marcando momentos de meditación y oración, donde los participantes pudieron reflexionar sobre el sufrimiento y la entrega de Jesús. Cada estación estuvo acompañada por la lectura de textos bíblicos y pensamientos del Beato Mamerto Esquiú, cuyas palabras inspiraron a los fieles en un marco de recogimiento profundo. La Iglesia Diocesana resalta la importancia de estas meditaciones en el Año Jubilar por el Bicentenario del Nacimiento del Beato Esquiú, reconociendo su legado espiritual como guía para la comunidad.

La dimensión espiritual del acto

El recorrido no solo tuvo carácter externo, sino que buscó involucrar de manera íntima a los participantes. Los cantos penitenciales acompañaron cada estación, creando un ambiente de solemnidad que favoreció la introspección y la preparación espiritual. La procesión concluyó con el arribo al atrio del Santuario Catedral, donde el Obispo Mons. Luis Urbanc ofreció una breve pero profunda reflexión.

En su mensaje, invitó a los fieles a acercarse al Sacramento de la Reconciliación, recordando que este sacramento prepara a los creyentes para vivir plenamente la Pascua de Resurrección. Finalmente, el Obispo impartió la bendición, cerrando un acto que conjugó tradición, devoción y comunidad en un mismo espíritu de fe y penitencia.

Un compromiso con la memoria y la devoción

El Vía Crucis no solo rememora el camino de la cruz de Jesucristo, sino que también reafirma la vigencia de figuras como el Beato Mamerto Esquiú, cuya espiritualidad y enseñanzas continúan guiando a la diócesis. La procesión de este Viernes Santo reflejó un compromiso profundo con la memoria religiosa, el sentido comunitario y la devoción popular, consolidando la tradición como un elemento vivo de la identidad cultural y espiritual de la ciudad.

Este acto penitencial, con su recorrido cuidadosamente planificado, la lectura de meditaciones históricas y la participación activa del clero y los fieles, evidencia cómo la Iglesia Diocesana articula historia, liturgia y espiritualidad en momentos clave del calendario litúrgico, fortaleciendo la fe y la reflexión en el contexto contemporáneo.