¿Hay razas de perros peligrosas?: ponen el foco en la educación y el rol de los dueños
Cuestionan la denominación de perros "potencialmente peligrosos" y sostuvo que la prevención debe contemplar la educación, la socialización y el conocimiento de las características de cada raza. También advirtió sobre la humanización de las mascotas y remarcó la responsabilidad de quienes conviven con ellas.

En medio del debate generado por los ataques registrados en Córdoba, la etóloga y educadora canina Andrea Pronello cuestionó la utilización de la denominación de perros "potencialmente peligrosos" y planteó que la prevención de situaciones de riesgo debe abordarse desde una perspectiva que incluya tanto a los animales como a las personas responsables de su cuidado.

En diálogo con Cadena 3, Pronello sostuvo que el problema no debería concentrarse exclusivamente en determinadas razas. "Lo peligroso es no estar preparado para educar un perro", afirmó, al poner el acento en la formación de quienes incorporan un animal a su hogar.

Desde su perspectiva, la clasificación como "potencialmente peligrosos" puede instalar prejuicios sobre determinadas razas y, al mismo tiempo, dejar fuera del análisis a otros animales de gran tamaño, incluidos los mestizos. Por eso, consideró necesario ampliar la mirada sobre la convivencia y comprender que la responsabilidad no termina en la elección de un perro, sino que continúa con su educación y socialización.

Conocer al animal antes de incorporarlo al hogar

Uno de los puntos centrales planteados por la educadora es la necesidad de informarse antes de incorporar un perro a la familia. Para Pronello, conocer las características y necesidades del animal constituye un paso fundamental para construir una convivencia adecuada.

En ese sentido, destacó el peso de la genética en las características del perro. "La genética nunca es casualidad", afirmó, y explicó que aporta información relacionada con el temperamento, más allá del tamaño que tenga el animal.

La recomendación, entonces, apunta a que las personas conozcan las particularidades de cada raza y no basen sus decisiones únicamente en la apariencia o en el tamaño del perro. Ese conocimiento, de acuerdo con su planteo, debe formar parte de la preparación previa de quienes asumirán la responsabilidad de convivir con un animal.

La cuestión adquiere especial relevancia dentro de los hogares donde viven niños, ya que la relación entre personas y mascotas se volvió cada vez más cercana. Pronello señaló que los perros ocupan un lugar importante dentro de las familias y que esa proximidad requiere preparación de todos sus integrantes.

"El perro es parte de la familia, vive con la familia, duerme con los niños", describió. Para la educadora, esa convivencia estrecha no elimina la necesidad de comprender el comportamiento canino, sino que vuelve todavía más importante que las personas conozcan las particularidades del animal con el que comparten el hogar.

La socialización temprana, una herramienta fundamental

Dentro de las medidas preventivas, Pronello destacó especialmente la educación temprana y la socialización. Su recomendación es consultar con un adiestrador desde que el perro es cachorro y comenzar desde ese momento el trabajo de socialización con personas y otros animales.

"La educación temprana en todos los perros es fundamental", enfatizó.

El planteo no se limita a determinadas razas. Precisamente, la educadora sostuvo que la formación debe contemplar a todos los perros y que incluso los animales pequeños requieren que sus responsables conozcan las pautas de comportamiento y las formas adecuadas de relacionarse con ellos.

La socialización aparece así vinculada directamente con la prevención y con la responsabilidad de los propietarios. Para Pronello, educar al animal forma parte de un proceso más amplio en el que también deben prepararse las personas que conviven con él.

Niños y mascotas

Consultada acerca de si desaconsejaría alguna raza para familias con niños, Pronello no señaló una raza en particular. En cambio, volvió a insistir en la necesidad de informarse, educar al animal y preparar a quienes integran el hogar.

En este punto, remarcó especialmente el papel de los adultos, quienes deben enseñar a los niños cómo relacionarse con los animales. La convivencia familiar, según su planteo, implica establecer formas adecuadas de interacción y comprender que el comportamiento de un perro no puede interpretarse únicamente desde la mirada humana.

Ese aprendizaje debe alcanzar también a las situaciones que ocurren fuera del ámbito familiar. Pronello advirtió sobre una conducta habitual: acercarse a acariciar a un perro desconocido simplemente porque resulta atractivo.

Para la educadora, hacerlo implica desconocer cómo puede reaccionar ese animal. "Todos tenemos que volvernos a educar", expresó, trasladando parte de la responsabilidad preventiva hacia las propias personas y su manera de vincularse con los perros.

Entrenamiento especializado para perros de defensa

Otro de los aspectos abordados durante la entrevista estuvo relacionado con aquellos responsables que buscan preparar perros para defensa. En esos casos, Pronello recomendó recurrir a entrenadores especializados.

La preparación de un animal para esa función, según explicó, requiere conocimientos específicos y no puede separarse de la socialización ni de la formación de las personas que conviven con el perro.

De este modo, la responsabilidad vuelve a distribuirse entre distintos componentes: el entrenamiento del animal, la socialización, el conocimiento de sus características y la preparación de quienes estarán a cargo de su cuidado cotidiano.

El límite entre integrar al perro y humanizarlo

Hacia el final de la entrevista, Pronello puso el foco en otro aspecto de la convivencia: la humanización de las mascotas. Su planteo parte de una distinción que considera necesaria para comprender la relación entre las personas y los animales.

"El perro es perro. Nosotros no podemos humanizar un perro", afirmó.

La educadora sostuvo que respetar la condición del animal y sus necesidades es parte de una convivencia saludable. La cercanía con las familias, el hecho de compartir espacios e incluso de dormir con los niños no debería llevar a perder de vista que se trata de un perro y que sus características deben ser comprendidas y respetadas.

"Su condición de perro es lo que nos da la alegría de compartir con él", sostuvo.

En ese sentido, su planteo propone que la integración del animal a la vida familiar no implique convertirlo en una persona. Para Pronello, convivir con un perro supone aceptarlo como tal, conocer sus particularidades, comprender su comportamiento y atender sus necesidades.

El debate sobre los llamados perros "potencialmente peligrosos", desde la perspectiva expuesta por la etóloga, queda así vinculado con una cuestión más amplia: la preparación de las personas para asumir la responsabilidad de convivir con un animal. La socialización desde cachorro, el conocimiento de las características de cada raza, la educación de los integrantes de la familia, el entrenamiento especializado cuando corresponda y el respeto por la condición del perro aparecen como los principales ejes señalados por la especialista para abordar la convivencia y la prevención.