Durante la noche del sábado 11 de abril, en la primera jornada del Septenario en honor de Nuestra Madre del Valle, los medios de comunicación social privados, estatales y eclesiales, junto con el Radio Club Catamarca y la Pastoral de Comunicación Social, ofrecieron su homenaje a la Virgen en una celebración profundamente atravesada por el sentido de la fe compartida.
La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por los presbíteros Juan Ramón Cabrera y Leandro Roldán, rector y capellán del Santuario Catedral, respectivamente, además del padre Arildo José Ferrari, sacerdote dehoniano brasileño que visita Catamarca durante estos días.
Los alumbrantes, representantes de los sectores convocados, tuvieron una participación activa en los distintos momentos de la liturgia. De hecho, la presencia de los comunicadores en cada uno de estos gestos reforzó el sentido del homenaje: poner al servicio de la fe la misión de comunicar.

El valor de comunicar la fe y el saludo de la paz
En el inicio de su homilía, Mons. Luis Urbanč agradeció especialmente a quienes "transmiten nuestra fe a través de los medios de comunicación", destacando la dimensión evangelizadora de la tarea periodística y comunicacional.
El Obispo enlazó esta reflexión con la vigilia de oración por la paz que el Papa vivió en Roma, subrayando la centralidad de ese mensaje en la vida cristiana. "Si hay un saludo que tiene entidad propia, es la paz, cuando Jesús dice: 'La paz esté con ustedes', como diciendo Yo estoy en medio de ustedes y tienen paz", dijo. La referencia colocó la celebración bajo el signo de la presencia viva de Cristo resucitado, en una comunidad reunida para honrar a la Madre del Valle en pleno tiempo pascual.

La Pascua como sentido de la fe y de la predicación
Urbanč profundizó luego en el significado de la Pascua, recordando que la comunidad todavía "sigue respirando el aroma de la Pascua" y que se encontraba a horas de concluir la Octava de la noche más grande de la historia de la humanidad.
En ese marco, sostuvo que la resurrección de Cristo es el acontecimiento que da sentido a la existencia y a las honras a la Virgen. Apoyado en la enseñanza de san Pablo, remarcó: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, inútil la fe de ustedes y sus pecados no fueron perdonados". A partir de allí, el Obispo invitó a comprender que la fe no puede reducirse a una vivencia individual o a prácticas ocasionales "a la carta", sino que se recibe de Dios por medio de la Iglesia y se vive necesariamente en comunidad.

La Iglesia como comunidad de bautizados
Tomando como referencia la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,42-47), Mons. Urbanč explicó que los primeros cristianos comprendieron que la fe en Jesucristo resucitado y la recepción del Espíritu Santo incorporan al creyente a una comunidad concreta: la Iglesia.
En esa línea, subrayó que la Iglesia no se limita al Papa, cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, misioneros o catequistas, sino que está formada por todos los bautizados, cada uno desde su forma de vida.
El ideal cristiano, remarcó, no es la indigencia, sino una comunidad donde:
- Nadie padezca necesidad
- No falte nada a nadie
- Se renuncie al uso egoísta de los bienes
- Cada uno se ponga al servicio de los hermanos
La invitación al desapego de los bienes materiales y a la disponibilidad para compartir fue uno de los ejes más fuertes de la predicación.
La Eucaristía, la oración y la perseverancia en la fe
El Obispo destacó además que compartir la Eucaristía y la oración constituye la base para que una comunidad sea signo visible de la acción de Jesús resucitado en el mundo. "Juntos podemos ser recordatorio para los demás de que se puede vivir de otra manera", afirmó. Más adelante, insistió en la necesidad de perseverar en las dificultades, porque es precisamente allí donde la fe se consolida y se purifica, como el oro en el crisol.
También se refirió al Evangelio de Juan (Jn 20,19-31) para recordar que incluso a los Apóstoles les costó creer en la Resurrección, describiendo la fe en el Resucitado como un camino largo y fatigoso.

La súplica a la Virgen del Valle
En uno de los pasajes más emotivos de la homilía, Urbanč elevó una súplica a la Virgen María. "Madre amorosa, tú que viviste la fe más pura y firme, acepta nuestra súplica y alcánzanos de tu Hijo Jesús resucitado una fe fuerte y madura".
El pedido estuvo orientado a que, frente a las dudas y a la oscuridad, la Virgen recuerde a sus hijos que nada es imposible para Dios y que siempre camina con su pueblo.