En una apuesta por revitalizar las prácticas recreativas que han moldeado la identidad comunitaria, la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Municipalidad de la Capital ha sumado a su agenda del próximo fin de semana largo una iniciativa singular. Se trata de un Torneo de Bolillas, una propuesta que busca devolver el protagonismo a uno de los pasatiempos más emblemáticos de la historia infantil.
El evento, que se desarrollará durante el sábado 15 y domingo 16, a partir de las 16 horas, tendrá como escenario la Casa de la Puna. Esta actividad no es casual, sino que se inscribe dentro de las celebraciones del Mes de las Infancias, invitando a una participación abierta y plural: niños, jóvenes y adultos están convocados a sumarse, ya sea en compañía de amigos, familiares o vecinos. La premisa es tan directa como convocante: compartir, divertirse y someter la puntería a prueba, permitiendo que el juego recupere su valor como punto de reunión social.
La antropología detrás del juego
La coordinación técnica de esta propuesta recae en el Lic. Horacio Enzo Barboza Pérez, especialista que integra el Observatorio Antropológico del Deporte. Este torneo no debe entenderse simplemente como una competencia de habilidad, sino como una pieza fundamental de la línea de trabajo denominada "La Antropología Deportiva en los Barrios". Este enfoque académico y social analiza las prácticas deportivas y recreativas como elementos esenciales en los procesos de construcción sociocultural de una comunidad.
Para profundizar en el impacto de esta iniciativa, es preciso considerar los pilares que sostiene este programa:
Interacción comunitaria: Favorecer el vínculo entre niños y niñas provenientes de diversos sectores de la ciudad.
Valores sociales: Promover activamente el compañerismo, la participación ciudadana, el respeto mutuo y el fortalecimiento de las relaciones interpersonales.
Recuperación del espacio: Revalorizar el juego como un vehículo legítimo para el encuentro humano.
De Egipto a Catamarca: una historia milenaria
Detrás de las pequeñas esferas de colores que pondrán en movimiento el torneo, existe un bagaje histórico que trasciende las fronteras del tiempo. La investigación del Lic. Barboza Pérez subraya que las bolillas no son meros juguetes, sino vestigios de una tradición antiquísima. Los hallazgos arqueológicos permiten rastrear objetos de características similares a las bolillas actuales hasta aproximadamente el año 3000 a.C., habiéndose encontrado evidencia material incluso dentro de una tumba infantil en Egipto.
En el contexto específico de Catamarca, la presencia de este juego tiene raíces documentadas que alcanzan las primeras décadas del siglo XIX. Según detalla el Lic. Barboza Pérez, uno de los antecedentes documentales más relevantes data de 1815, cuando un acta capitular hace mención explícita a las "bochas y las bolillas". Desde aquellos registros históricos —y seguramente desde mucho antes, en el seno de la experiencia cotidiana— el juego ha sido transmitido de generación en generación, consolidándose como una pieza inamovible de la memoria de incontables infancias.
Jugar para volver a encontrarse
El Torneo de Bolillas plantea un objetivo de gran peso simbólico: volver a jugar juntos. La competencia se presenta como un puente generacional. Es una oportunidad para que padres, hijos, abuelos, amigos y vecinos se reúnan en un mismo espacio físico, alejados de las pantallas, para compartir una actividad que, mientras despierta la nostalgia y el recuerdo en los adultos, permite a las nuevas generaciones descubrir una tradición que, durante décadas, fue el alma de los patios, las veredas y las calles de los barrios.