Peregrinación en Catamarca: una multitud caminó en el inicio de la Semana Santa
Miles de fieles participaron del tradicional Vía Crucis junto al Obispo y sacerdotes de Capital. La jornada, marcada por la oración, la solidaridad y el mensaje del Beato Esquiú, dio apertura al tiempo litúrgico más importante del año.

En la tarde del sábado, vísperas del Domingo de Ramos, cientos de fieles protagonizaron la Peregrinación del Pueblo de Dios, una de las expresiones más significativas de la religiosidad catamarqueña. La caminata unió la plaza de plaza de Choya con el Santuario de la Gruta de la Virgen del Valle, marcando el comienzo de la Semana Santa.

La jornada se desarrolló en un contexto climático inestable, con calor, viento y una leve llovizna hacia el final, elementos que no impidieron la masiva participación de los creyentes. Bajo el lema "Con el Beato Esquiú, caminemos hacia la Pascua", la convocatoria se enmarcó además en el Año Jubilar por el Bicentenario del Nacimiento del fraile franciscano catamarqueño, quien avanza en su proceso de canonización.

Un camino de oración, reflexión y compromiso

El acto penitencial comenzó en la plaza de Choya, donde se congregaron fieles y sacerdotes de las comunidades parroquiales del Decanato Capital, acompañados por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč. Desde allí, los peregrinos iniciaron el recorrido hacia el lugar donde fue hallada la sagrada imagen de la Virgen del Valle, elevando oraciones por la paz en el mundo.

Durante el trayecto por la avenida Virgen del Valle Norte, se desarrollaron las estaciones del Vía Crucis, centradas en la Pasión y Muerte de Jesucristo, así como en las enseñanzas y vivencias del Beato Mamerto Esquiú.

La caminata estuvo acompañada por oraciones comunitarias, cantos penitenciales y meditaciones sobre el misterio de la fe. A medida que avanzaba la columna, el Obispo y los sacerdotes también atendieron a los fieles que se acercaron a recibir el Sacramento de la Reconciliación o Confesión, integrando así una dimensión sacramental a la peregrinación.

 

Solidaridad y gestos concretos

En paralelo a la dimensión espiritual, la jornada incluyó un gesto solidario concreto. Durante la peregrinación se realizó una recolección de alimentos no perecederos, destinados a los hermanos más necesitados.

Los aportes fueron depositados en los puestos solidarios de Cáritas, reforzando el sentido comunitario de la actividad y el compromiso con quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

 

La llegada a la Gruta y la celebración litúrgica

Al arribar a la explanada del Santuario de la Gruta, se llevó a cabo la bendición de los ramos de olivos, presidida por el Obispo. Este rito dio continuidad a la jornada, evocando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Posteriormente, Mons. Urbanč encabezó la procesión hacia el altar, donde se celebró la Santa Misa, concelebrada por sacerdotes de Capital, mientras otros continuaban administrando confesiones a los fieles.

Este momento marcó el cierre litúrgico de la peregrinación, integrando la dimensión comunitaria, sacramental y celebrativa de la fe.

 

Una homilía centrada en el misterio del amor

Durante su homilía, el Obispo invitó a los presentes a profundizar en el significado de la Semana Santa. En ese sentido, expresó que la jornada estaba dedicada a "meditar, contemplar, orar, ese misterio de amor de Dios con la humanidad, que se concreta en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús".

Remarcó que este acontecimiento constituye "la muestra más grande de amor", subrayando que Jesucristo no entrega algo material, sino que "se nos está dando Él mismo". Este mensaje fue presentado como un llamado a la transformación interior y al cambio en el modo de vivir.

Un llamado a transformar la vida y el mundo

Mons. Urbanč también reflexionó sobre la realidad actual, señalando que "este mundo está sediento de la verdadera Vida", en un contexto donde predomina la muerte no solo física, sino también espiritual, manifestada en odio, mezquindad, egoísmo y violencia.

En este marco, exhortó a los fieles a asumir un compromiso concreto de vivir con Jesús y para Jesús, servir a los demás y transformar la vida personal y comunitaria.

Asimismo, instó a profundizar en el valor del bautismo, entendido como el inicio de la vida espiritual y la incorporación a la vida de Cristo, que debe ser cuidada y desarrollada.

 

La Virgen del Valle y el legado del Beato Esquiú

En otro tramo de su mensaje, el Obispo destacó el papel de la Virgen del Valle como garante de la vida divina en medio del pueblo. Señaló que María acompaña a los fieles en su camino y los ayuda a acercarse al Señor de la Vida, de la Historia y que camina con su pueblo.

Finalmente, encomendó a los presentes a la intercesión del Beato Mamerto Esquiú, destacando su ejemplo como guía en el camino de la fe. Rogó que su testimonio ayude a los creyentes a convertirse en "fieles discípulos misioneros de Jesucristo".

 

Un cierre con esperanza y compromiso

Tras la Comunión, Mons. Urbanč impartió la bendición final, dando cierre a esta multitudinaria manifestación de fe. La peregrinación no solo marcó el inicio de la Semana Santa, sino que también dejó un mensaje claro: la necesidad de renovar la vida espiritual, fortalecer la fraternidad y comprometerse con el prójimo.

De este modo, la caminata desde Choya hasta la Gruta se consolidó como un acto que, más allá de su dimensión ritual, expresó la identidad de un pueblo que, en comunidad, se prepara para celebrar la Pascua de Resurrección.