River Monumental: abrió las puertas del club y acompañó a socios que atraviesan las fiestas en soledad
Con una cena cargada de sensibilidad y memoria, el club millonario reunió a socios vitalicios, personas solas y familias atravesadas por el duelo. En una noche donde el resultado no importó, el club volvió a mostrar su dimensión humana y comunitaria.

Lejos de los flashes del fútbol profesional, de las urgencias de la competencia y de las exigencias del calendario deportivo, River Plate despidió el 2025 con una iniciativa profundamente humana. El escenario fue el Estadio Mâs Monumental, pero esta vez no hubo tribunas colmadas ni cánticos ensordecedores: el protagonismo lo tuvieron aquellos socios que, por distintas circunstancias de la vida, atraviesan las fiestas de fin de año en soledad.

La institución llevó adelante una cena especial de fin de año destinada a socios vitalicios, personas mayores que quedaron solas, integrantes de programas inclusivos y familias que sufrieron pérdidas recientes, en un gesto que priorizó la contención, el acompañamiento y la escucha. Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el objetivo fue claro: que el club funcione como una red de apoyo para quienes más lo necesitan.

"Hay goles que no se gritan en la tribuna, pero que impactan directo en el corazón", podría resumir el espíritu de la noche. El salón principal del Monumental no se llenó de dirigentes, sponsors o compromisos protocolares, sino de historias de vida marcadas por el duelo, la resiliencia y el sentido de pertenencia. Adultos mayores que enviudaron, socios que perdieron a sus cuidadores y familias atravesadas por procesos complejos encontraron en el club un espacio de contención real.

Desde la dirigencia de River explicaron que este año decidieron poner el foco en los "invisibles" de la masa societaria: aquellos que, lejos de la exposición cotidiana, sostienen su vínculo con la institución incluso en los momentos más difíciles. La premisa fue contundente: que River sea, literalmente, la familia de quienes se quedaron sin ella.

La diversidad de la mesa reflejó que la soledad no distingue edades ni trayectorias. Entre los invitados hubo históricos socios vitalicios, integrantes de River Sin Barreras y personas que, pese a realidades muy distintas, compartían una misma necesidad: no pasar las fiestas en aislamiento.

Uno de los momentos más emotivos de la velada se vivió con la presencia de la familia de Walter Paz, un hincha cuya partida dejó una huella profunda en la comunidad riverplatense. Su recuerdo estuvo presente durante la noche como símbolo de memoria, pertenencia y continuidad, reforzando la idea de que el vínculo con el club trasciende lo deportivo y perdura más allá del tiempo.

El "Beto" Alonso, de ídolo a compañero de mesa

La mística de la noche alcanzó su punto más alto con la llegada de Norberto "Beto" Alonso. El ídolo eterno de River dejó por un momento el pedestal de leyenda para convertirse en un invitado más, compartiendo la mesa, el pan y las anécdotas con hombres y mujeres que lo vieron brillar en el césped del Monumental.

Junto al vicepresidente Andrés Ballotta, otros referentes del club se sumaron a la cena y participaron activamente del encuentro, escuchando historias personales y generando un espacio de diálogo genuino. "River es mucho más que un club deportivo; es una estructura social que debe abrazar a sus miembros en los momentos de mayor vulnerabilidad", destacaron desde la organización.

Entre plato y plato, surgieron relatos de socios que atravesaron enfermedades graves durante el año y que encontraron en las actividades del club una fuente de fuerza y motivación. Para muchos de ellos, la cena no fue un gesto de caridad, sino una confirmación de pertenencia, una muestra concreta de que el club sigue siendo un refugio incluso cuando se apagan las luces del espectáculo.

La velada se extendió durante varias horas, entre charlas, recuerdos y brindis, y dejó una certeza que resonó en los pasillos de Núñez: el patrimonio más grande de River no son sus títulos ni sus estadios remodelados, sino la lealtad de una comunidad que se cuida a sí misma cuando más lo necesita.