Súper Niño: el pico del fenómeno llegaría a enero de 2027 y extenderse hasta el otoño
Aunque inicialmente se esperaba que la máxima intensidad llegara hacia fines de 2026, las proyecciones contemplan que el pico se desplace a enero de 2027. Las consecuencias sobre la cuenca del Plata podrían sentirse al menos hasta abril, mientras el Litoral ya enfrenta inundaciones, evacuados y complicaciones en distintas provincias.

El impacto del Súper Niño podría prolongarse más de lo previsto inicialmente. De acuerdo con diferentes modelos climáticos, el fenómeno no finalizaría con el cierre de 2026, sino que su evolución podría extenderse durante los primeros meses de 2027, con consecuencias que alcanzarían incluso parte del otoño. La atención está puesta especialmente en la cuenca del Plata, donde los efectos de las lluvias podrían mantenerse al menos hasta abril.

En los últimos días circuló la interpretación de que El Niño terminaría en diciembre. Sin embargo, el meteorólogo Mauricio Saldívar salió a aclarar esa información y sostuvo que esa nunca fue la previsión difundida por Meteored. "Al menos nosotros, desde Meteored, nunca dijimos que terminaba en diciembre", afirmó.

Según explicó, la estimación de ese organismo siempre contempló que el evento "finalizará entre febrero y mediados del otoño", mientras que sus efectos "también se extenderían hasta al menos abril en la cuenca del Plata".

La confusión, de acuerdo con Saldívar, se habría originado al mezclar dos momentos diferentes del proceso climático: el final del fenómeno y el período en el que alcanza su máxima intensidad. "Tal vez esto se confunda con el pico máximo, la máxima intensidad del evento, que inicialmente iba a ocurrir hacia fin de año (diciembre) y que ahora se puede extender a enero 2027", señaló.

De esta manera, la novedad no consiste en una reducción de la duración de El Niño, sino en la posibilidad de que su punto máximo se traslade algunas semanas. La evolución proyectada mantiene bajo observación tanto el verano como una parte del otoño de 2027.

Para comprender las previsiones, Saldívar distingue tres referencias temporales:

Pico máximo de intensidad: inicialmente previsto para diciembre de 2026, aunque ahora podría trasladarse a enero de 2027.

Final del evento en el Pacífico: se ubicaría entre febrero y mediados del otoño de 2027.

Duración de los efectos en la cuenca del Plata: podrían extenderse, como mínimo, hasta abril.

Los modelos internacionales respaldan los datos

Las estimaciones de Meteored coinciden con las proyecciones de distintos organismos internacionales que siguen la evolución del fenómeno. En su informe del 8 de octubre, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, dependiente de la NOAA, anticipó que El Niño continuaría fortaleciéndose hasta fin de año y que se mantendría en una categoría fuerte a muy fuerte, al menos durante el período enero-marzo de 2027.

El promedio de los modelos utilizados por ese organismo ubica el retorno a condiciones neutrales recién en el trimestre abril-mayo-junio. Esta proyección refuerza la posibilidad de que el fenómeno conserve una influencia significativa durante buena parte del primer semestre del próximo año.

Por su parte, el modelo europeo ECMWF, utilizado por Meteored, muestra un pico superior a +4 °C en diciembre, con condiciones que continuarían durante el otoño de 2027.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también considera que El Niño se mantendrá, casi con certeza, hasta febrero de 2027. Su secretaria general, la argentina Celeste Saulo, advirtió que la máxima intensidad se alcanzaría hacia fines de 2026, aunque las repercusiones se prolongarían mucho después de ese momento.

Las distintas proyecciones permiten diferenciar la evolución del fenómeno en el océano Pacífico de sus consecuencias sobre los territorios. Aunque la intensidad máxima pueda concentrarse en un período determinado, los efectos sobre las lluvias y los niveles de los ríos pueden continuar durante meses.

Crece la posibilidad de un evento histórico

Las probabilidades de que El Niño alcance una intensidad excepcional aumentaron progresivamente en los últimos meses. Según los datos de la NOAA detallados por Saldívar en Meteored, la posibilidad de que el fenómeno supere a todos los registrados desde 1950 durante el período octubre-diciembre pasó del 69% en agosto al 75% en septiembre y al 83% en octubre.

Las señales de un evento de gran magnitud también aparecen en los análisis de otros organismos científicos.

La NASA, a partir de 35 años de información satelital sobre el nivel del mar, comparó el episodio actual con el de 1997-98 y concluyó que, por el momento, el fenómeno apunta a ser todavía más intenso. El 21 de octubre, la OMM advirtió que El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes, por encima de las escalas de monitoreo utilizadas durante las últimas cuatro décadas. En esa evaluación se contempla que las temperaturas del Pacífico lleguen hasta 3,8 °C por encima del promedio entre noviembre y enero.

A esas advertencias se suma un informe técnico de la Organización de los Estados Americanos (OEA), elaborado junto con la OMM y el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). El documento asigna un 100% de probabilidad a que el evento se mantenga en la categoría "muy fuerte" durante octubre-diciembre.

También se registraron valores destacados en las mediciones de organismos meteorológicos nacionales. La Agencia Meteorológica de Japón informó una anomalía de +4,0 °C en la región Niño 3 durante septiembre, un récord desde 1949. En tanto, el Bureau of Meteorology de Australia midió +2,81 °C, su máximo semanal.

Sin embargo, Saldívar sostiene una advertencia que viene repitiendo desde septiembre: El Niño 2026-2027 podría superar en intensidad oceánica a los episodios de 1982-83 y 1997-98, pero eso no significa necesariamente que vaya a producir consecuencias superiores en la Argentina.

Un índice récord en el Pacífico no equivale automáticamente a una inundación récord. Para determinar el impacto sobre el territorio argentino será decisivo establecer si las precipitaciones se vuelven persistentes sobre las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay.

El Litoral enfrenta una crecida de gran magnitud

Mientras los modelos anticipan los próximos meses, las consecuencias del fenómeno ya se manifiestan en distintas regiones del país. El Litoral atraviesa la crecida más relevante de los últimos años, con evacuaciones, desplazamientos de población y complicaciones en varias provincias.

De acuerdo con el reporte del Instituto Nacional del Agua (INA) del 21 de octubre, citado por Saldívar, la represa de Yacyretá descargaba 34.500 metros cúbicos por segundo. Al mismo tiempo, el río Paraná registraba 7,36 metros en Corrientes y 7,22 metros en Barranqueras, ambas mediciones por encima de las respectivas cotas de evacuación.

Corrientes aparece como la provincia más afectada. El 16 de octubre, el agua ingresó al barrio Anahí, en la capital provincial. Para el día 24, el Centro Operativo de Emergencias contabilizaba más de 550 evacuados y autoevacuados, mientras el Paraná alcanzaba los 7,43 metros.

La situación también llevó a que Itatí declarara la emergencia hídrica. En paralelo, Yacyretá abrió las 18 compuertas de su vertedero. En Chaco, la combinación de la suba del Paraná y las lluvias afectó a más de mil personas. El río llegó a los 7,27 metros, por encima del nivel de evacuación establecido en 6,50 metros.

Misiones también registró evacuados y cortes de rutas. Las Cataratas del Iguazú presentaron un caudal varias veces superior al habitual, una situación que obligó al Parque Nacional Iguazú a revisar sus protocolos de seguridad. En Entre Ríos, el río Uruguay complicó la situación en Concordia durante los primeros días del mes, aunque posteriormente descendió por debajo del nivel de alerta.

La emergencia hídrica también estuvo acompañada por hechos trágicos. Dos personas murieron mientras realizaban tareas de traslado de ganado desde las islas del Paraná. En Santa Fe, además, se buscó a tres hombres que cayeron al río desde una lancha.

El avance del agua y la expansión de las áreas inundadas

La magnitud de la crecida también quedó reflejada en un análisis satelital realizado por Ditmar Kurtz y Griselda Saucedo. El estudio detectó que la superficie con agua libre en el tramo correntino del valle del Paraná aumentó 69.089 hectáreas entre septiembre y octubre, lo que representa un crecimiento del 53,4%.

El avance de la onda de crecida hacia el sur mantiene bajo observación a otras localidades y ciudades ribereñas. Hacia fines de octubre, el INA señalaba situaciones de alerta y probable evacuación en Goya, Reconquista y La Paz.

Las previsiones también contemplaban que Santa Fe, Paraná y Rosario pudieran acercarse a los niveles de alerta durante el paso hacia noviembre. Más al sur, el tramo comprendido entre San Pedro y Escobar recibiría el repunte con mayor intensidad durante ese mes.

Saldívar utilizó una comparación para explicar la dinámica de este proceso: describió la crecida como un tren de carga, porque el agua necesita tiempo para llegar a los distintos sectores y también demora en retirarse. La imagen permite comprender por qué las consecuencias de las lluvias pueden continuar aun cuando las precipitaciones disminuyan en las zonas donde se originó el aumento de los caudales.

Qué puede ocurrir durante el verano de 2027

Si finalmente el pico máximo se desplaza a enero, como plantea Saldívar, la mayor influencia del fenómeno podría coincidir plenamente con el verano. La proyección surge del pronóstico mes a mes elaborado con el modelo europeo ECMWF y publicado por Meteored a fines de septiembre.

Para octubre y noviembre, el escenario muestra una concentración de mayor humedad en el extremo nordeste del Litoral. Allí, las lluvias superarían en más de 50 milímetros los valores normales.

En diciembre, cuando inicialmente se esperaba el pico del evento, el Paraná comenzaría a responder a las lluvias propias del verano. Entre enero y marzo de 2027, los excesos superiores a 50 milímetros continuarían en el norte del Litoral. Además, se proyectan acumulados adicionales de entre 30 y 50 milímetros en Cuyo, La Pampa y el norte y oeste de la provincia de Buenos Aires.

Hacia marzo y abril, la crecida del Paraná podría prolongarse, en coincidencia con la estimación de Saldívar sobre la continuidad de los efectos de El Niño en la cuenca del Plata.

El informe de la OEA presenta un escenario similar. El organismo prevé lluvias superiores a lo normal en la cuenca del Plata entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, con riesgos asociados a:

Crecidas de los ríos Paraná y Uruguay.

Campos anegados por el exceso de precipitaciones.

Problemas en la logística portuaria como consecuencia de las condiciones hídricas.

El mismo informe señala que el sur de la Patagonia podría registrar déficits de lluvia, mientras que el Noroeste Argentino (NOA) presenta una menor probabilidad de precipitaciones.

Las recomendaciones

Frente a las proyecciones y a las situaciones que ya se registran en el Litoral, la recomendación es comenzar a prepararse con anticipación. La evolución del fenómeno podría mantener condiciones de riesgo durante el verano y extender sus consecuencias hasta el otoño.

Entre las principales medidas señaladas se encuentran:

Seguir los avisos de Defensa Civil y del INA, para mantenerse informado sobre la evolución de los niveles de los ríos y las condiciones meteorológicas.

Tener disponibles documentos y medicamentos, ante la posibilidad de que sea necesario abandonar una vivienda o trasladarse de manera preventiva.

No cruzar calles anegadas, debido a los riesgos que representan las zonas inundadas.

En el ámbito rural, retirar la hacienda de los sectores bajos y de las islas antes del pico de la crecida, para evitar que los animales queden expuestos al avance del agua.

La próxima actualización de la NOAA está prevista para el 12 de noviembre y será una nueva referencia para seguir la evolución de las proyecciones internacionales.

El escenario que se perfila combina una elevada probabilidad de que El Niño alcance una intensidad extraordinaria, una crecida que ya afecta a distintas localidades del Litoral y modelos que anticipan precipitaciones superiores a lo normal durante buena parte del verano. Sin embargo, la magnitud definitiva de los impactos en la Argentina dependerá de cómo se distribuyan y cuánto persistan las lluvias sobre las principales cuencas.

La principal advertencia de los especialistas es que el pico del fenómeno y el final de sus consecuencias no ocurrirán necesariamente al mismo tiempo. Aunque la máxima intensidad pueda registrarse entre diciembre de 2026 y enero de 2027, el comportamiento de los ríos podría prolongar los efectos durante los meses siguientes, con especial atención sobre la cuenca del Plata hasta abril.