Viernes Santo en la Catedral Basílica: una celebración marcada por la fe, el silencio y la reflexión
La Liturgia de la Pasión convocó a la comunidad diocesana en una jornada de profunda espiritualidad. La ceremonia fue presidida por Mons. Luis Urbanc, quien llamó a perseverar en el bien frente al mal.

En la tarde de este 3 de abril, la feligresía vivió intensamente el Viernes Santo a través de la Celebración de la Pasión del Señor, desarrollada en templos de todo el territorio diocesano, acompañada además por el tradicional rezo del Vía Crucis en distintos puntos.

Tal como lo indica la tradición litúrgica, en este día no se celebra la Santa Misa. En su lugar, la Iglesia propone la Liturgia de la Pasión del Señor y la veneración de la Cruz, en un clima de recogimiento que invita a contemplar el misterio central de la fe cristiana.

El momento principal tuvo lugar en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle, donde la ceremonia fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, acompañado por los presbíteros Juan Ramón Cabrera y Ramón Carabajal, rector y capellán del Santuario Catedral respectivamente, junto al padre Reinaldo Oviedo.

Un inicio marcado por el silencio y la humildad

La celebración comenzó a las 15.00, hora profundamente simbólica para la tradición cristiana. En ese marco, los celebrantes ingresaron al templo y se postraron delante del altar, gesto que expresa la pequeñez del ser humano frente a la inmensidad del amor de Dios.

Este acto fue acompañado por los fieles, quienes permanecieron de rodillas, generando un clima de profundo recogimiento y contemplación.

La reflexión del Obispo: el llamado a hacer el bien

Durante su alocución, Mons. Urbanc ofreció una reflexión centrada en los textos bíblicos proclamados, estableciendo un puente entre la Escritura y la realidad actual.

El Obispo recordó que:

  • El profeta Isaías, 600 años antes, ya describía los sufrimientos de Jesús por la salvación.
  • La Carta a los Hebreos presenta a Cristo como el Sumo y Eterno Sacerdote, que ofrece su vida en la cruz.
  • El relato de la Pasión, en los capítulos 18 y 19 del Evangelio de San Juan, evidencia la arbitrariedad y la prepotencia de quienes rechazan a Jesús.

En ese contexto, subrayó una idea central: "el malvado no soporta al justo", retomando el sentido del Salmo citado, y vinculándolo con la presencia del mal en el mundo actual.

Frente a esta realidad, exhortó con claridad: "tratemos de hacer el bien".

Asimismo, profundizó en la figura de Jesús en la cruz, señalando que, despojado de todo, se aferra únicamente al amor del Padre. Esta imagen, afirmó, es también un modelo para la vida cotidiana:

  • Habrá momentos de incomprensión.
  • Se experimentarán cuestionamientos y críticas.
  • Pero el verdadero consuelo se encuentra en el corazón del Padre Dios.

En ese sentido, destacó que lo único que permanece para siempre es Dios, y que quienes buscan cumplir su voluntad encontrarán la paz verdadera.

Antes de continuar con la liturgia, invitó a los presentes a dedicar un tiempo a la meditación personal.

La Oración Universal: una súplica por toda la humanidad

Uno de los momentos centrales fue la Oración Universal, en la que se elevaron plegarias por diversas intenciones que reflejan la universalidad de la Iglesia:

  • Por la Iglesia en su conjunto.
  • Por el Papa, el Obispo, sacerdotes y diáconos.
  • Por el pueblo de Dios.
  • Por los catecúmenos.
  • Por la unidad de los cristianos.
  • Por el pueblo judío, a quien Dios habló primero.
  • Por quienes no creen en Cristo o no conocen a Dios.
  • Por los gobernantes de las naciones.
  • Por todos los que sufren las consecuencias del pecado en el mundo.

Este momento expresó el carácter abierto, inclusivo y universal de la oración cristiana en un día de especial significado.

Adoración de la Cruz y colecta por Tierra Santa

La liturgia continuó con la Adoración de la Cruz, uno de los gestos más significativos del Viernes Santo. El Obispo llevó la Cruz desde el ingreso del templo por la nave central hasta el presbiterio, donde procedió a su veneración mediante el beso, seguido por los sacerdotes y los fieles.

Durante este momento se realizó la colecta destinada al mantenimiento de los Santos Lugares en Israel y Palestina, sitios donde vivió Jesucristo. Esta tarea está a cargo de los Franciscanos Custodios de Tierra Santa, responsables de preservar estos espacios de profundo valor espiritual.

La comunión y la memoria de la Virgen María

Finalizada la adoración, se colocó el mantel sobre el altar para proceder a la distribución de la Comunión, utilizando las Sagradas Formas reservadas desde el día anterior, el Jueves Santo.

La celebración incluyó también un momento de especial sensibilidad: la memoria de los dolores de la Santísima Virgen María junto a la Cruz, evocada a través del canto.

Finalmente, se invitó a los fieles a permanecer en actitud de espera, acompañando a María en la esperanza de la Resurrección del Señor, que será celebrada en la Vigilia Pascual del sábado por la noche.

Una liturgia que interpela y convoca

La Celebración de la Pasión en la Catedral Basílica no solo reafirmó las tradiciones litúrgicas del Viernes Santo, sino que también ofreció un espacio de profunda reflexión sobre el sentido del sufrimiento, la fe y la esperanza.

En un contexto marcado por tensiones y desafíos, el mensaje central resonó con claridad: persistir en el bien, confiar en Dios y encontrar en Él el verdadero descanso.