Boca puso fin a una semana perfecta con una victoria contundente sobre San Lorenzo. El equipo dirigido por el Vasco Arruabarrena se impuso 2-0 en el Nuevo Gasómetro, por la décima fecha del Torneo Clausura, en un clásico atravesado por la lluvia, el viento, un corte de luz sobre el final y una multitud de hinchas del Ciclón que acompañó a su equipo durante una tarde particularmente complicada.
Los goles de Leandro Lozano y Miguel Merentiel le permitieron al Xeneize quedarse con el clásico y extender su invicto a 13 partidos. El resultado final pudo haber sido incluso más amplio, porque Boca generó numerosas situaciones y ejerció una superioridad que excedió largamente lo reflejado por el marcador.
San Lorenzo, además, tuvo que afrontar más de una hora del encuentro con un jugador menos por la expulsión de Manuel Insaurralde en el primer tiempo. Sin embargo, incluso antes de esa acción, Boca ya había conseguido imponer condiciones y generar las situaciones más claras. Lo que terminó sucediendo en el campo resultó difícil de anticipar antes del clásico: una diferencia tan marcada entre ambos equipos. La superioridad del conjunto del Vasco apareció desde muy temprano y prácticamente nunca dejó espacio para las dudas.
El partido tuvo, además del dominio de Boca, otros ingredientes que lo convirtieron en una jornada particular: la vergüenza deportiva de San Lorenzo, el clima de potrero generado por el temporal, el corte de luz del final y la enorme manifestación de la gente del Ciclón, que acompañó al equipo con una fuerte devoción por sus colores.
Un monólogo de Boca desde el comienzo
En términos futbolísticos, el encuentro mostró una superioridad aplastante de Boca. El equipo visitante ejerció presión, manejó mejor la pelota y consiguió generar ataques constantes a partir de una circulación fluida.
Los laterales también tuvieron un papel importante. Boca atacó por ambos costados y, en muchas oportunidades, consiguió tener a los dos laterales volcados simultáneamente en ofensiva. Esa característica le permitió ampliar los espacios y multiplicar las alternativas para llegar hasta el arco defendido por Devecchi.
Las oportunidades aparecieron una y otra vez. Sin embargo, Boca no tuvo la serenidad necesaria dentro del área para transformar todo lo que generaba en goles.
Entre las situaciones desperdiciadas durante ese tramo estuvieron las de Ascacibar, en dos oportunidades; Merentiel, también en dos ocasiones; y Di Lollo, de cabeza. La consecuencia fue que el conjunto visitante se retiró al descanso con un inesperado 0-0, un resultado que significó un castigo para Boca por las ocasiones que había generado y, al mismo tiempo, un alivio para San Lorenzo.
La diferencia en el juego ya estaba planteada. El marcador, sin embargo, todavía no conseguía reflejarla.
La cuestión táctica que favoreció al Xeneize
La explicación de la superioridad de Boca también estuvo vinculada con el funcionamiento de San Lorenzo. El planteo del equipo de Insua dejó una desventaja estructural que Boca consiguió explotar durante buena parte del partido.
Al Ciclón le sobraba un defensor central y le faltaba un mediocampista. Los tres centrales se turnaban para controlar a Merentiel, aunque incluso de esa manera el delantero consiguió escaparse varias veces de su radar.
Mientras tanto, en la zona central, Tripicchio e Insaurralde quedaban en inferioridad numérica frente al trío compuesto por Ascacibar, Paredes y Delgado. La situación se agravaba porque Cuello y Farías no tenían una tendencia natural al retroceso. De esa manera, Boca encontraba con facilidad superioridad en distintos sectores del ataque.
Los futbolistas de San Lorenzo no alcanzaban a multiplicarse para cubrir todos los espacios que aparecían. Boca, en cambio, encontraba los huecos y utilizaba esos espacios para avanzar.
Cuando San Lorenzo quedó con diez jugadores, la lógica indicaba una modificación estructural: retirar uno de los tres zagueros, formar una línea de cuatro y sumar otro mediocampista sin perder poder ofensivo. Sin embargo, Insua mantuvo el plan original. Paradójicamente, después de la expulsión Boca perdió algo de impulso y San Lorenzo sufrió un poco menos que durante el comienzo. Pero la estructura general del partido no cambió.
La posesión y las situaciones marcaron la diferencia
Los números también reflejaron el desarrollo del encuentro. Boca terminó teniendo una posesión del 70% frente al 30% de San Lorenzo, además de una diferencia clara en las llegadas.
El equipo visitante continuó construyendo sus ataques desde tres cuartos de cancha, con la pelota lejos de la última línea del Ciclón. Desde allí manejaba los tiempos y encontraba los caminos para volver a generar peligro.
Después del descanso, Boca ajustó todavía más su juego. Una de las primeras situaciones claras llegó con Leandro Paredes, quien probó desde lejos después de que Arboleda perdiera la pelota producto de un exceso de habilidad. Poco después volvió a aparecer Merentiel. Tras un centro de Lozano, el delantero tuvo otra oportunidad inmejorable, pero falló a centímetros de la línea.
El problema para Boca era que, pese a dominar y generar oportunidades, todavía no había conseguido quebrar el cero. Esa falta de definición dejaba abierta la posibilidad de que un ataque aislado de San Lorenzo modificara el desarrollo.
Y estuvo cerca de suceder.
Lozano abrió el partido
San Lorenzo tuvo una oportunidad en un remate de Tripicchio, pero Di Lollo alcanzó a bloquearlo justo y evitó que el conjunto local pudiera adelantarse.
En la jugada siguiente llegó el golpe de Boca. Lozano habilitó a Flores, quien en lugar de enviar el centro al área decidió devolverle la pelota al lateral uruguayo. Lozano quedó en la puerta del área, recibió solo y definió de zurda.
El 1-0 rompió definitivamente el partido y premió el dominio que Boca había mostrado desde el inicio.
Para Lozano significó, además, repetir la fórmula del Morumbí, al aparecer nuevamente para marcar con su remate de zurda. San Lorenzo ya no consiguió modificar la inercia del encuentro. La línea de cinco quedó expuesta como una estructura que no logró solucionar los problemas que Boca había generado durante el partido.
Paredes manejó los tiempos y Merentiel sentenció
Con la ventaja, Boca continuó teniendo el control. Paredes hizo lo que quiso con la pelota, en un contexto de comodidad poco habitual para un partido del fútbol argentino. El Xeneize siguió manejando la pelota y encontró nuevamente los espacios para ampliar la diferencia.
Un pase del capitán encontró a Blanco, quien arrancó a toda velocidad y envió un centro preciso. La pelota terminó en los pies de Miguel Merentiel, que convirtió el 2-0. El delantero consiguió así ponerle cifras definitivas a un partido que Boca había dominado durante prácticamente todo su desarrollo.
San Lorenzo no pudo encontrar respuestas para revertir el escenario y terminó cayendo en un clásico en el que la diferencia futbolística había quedado expuesta mucho antes de que llegaran los goles.