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Fue en el clásico

El Barcelona reina otra vez: venció al Real Madrid y se consagró campeón

Con goles de Rashford y Ferran, el conjunto azulgrana derrotó 2-0 al Real Madrid en el Camp Nou y conquistó el campeonato por segundo año consecutivo. El equipo catalán aprovechó el clima de crisis que atraviesa el vestuario blanco y liquidó el partido en apenas 18 minutos.

Barcelona volvió a gritar campeón
Barcelona volvió a gritar campeón

10 Mayo de 2026 18.10

El FC Barcelona volvió a coronarse campeón de LaLiga tras imponerse por 2-0 al Real Madrid en una nueva edición del Clásico disputada en el Camp Nou. El conjunto azulgrana selló el título liguero ante su eterno rival y frente a una afición entregada que acompañó una noche que terminó en celebración total. Con un inicio arrollador y una actuación sólida en todas sus líneas, el equipo catalán resolvió el encuentro en la primera parte gracias a los goles de Rashford y Ferran.

La consagración tuvo un valor especial para el Barcelona no solo por tratarse de un nuevo título de liga, sino también por conseguirlo frente al Real Madrid y en condición de local. El empate ya le alcanzaba para asegurarse el campeonato, pero el conjunto azulgrana salió decidido a quedarse con la victoria y no dejar ningún margen para la especulación.

Un Real Madrid golpeado por las polémicas

El contexto previo al encuentro marcaba diferencias claras entre ambos equipos. Mientras el Barcelona llegaba con la posibilidad concreta de celebrar el campeonato, el Real Madrid afrontaba el partido atravesado por una serie de conflictos internos y situaciones extrafutbolísticas que habían sacudido al vestuario en los últimos días.

Entre los episodios que rodearon al conjunto blanco aparecieron el viaje de Mbappé a Italia, la confesión de Carreras sobre el tortazo de Rüdiger y una pelea entre Valverde y Tchouaméni que terminó con el futbolista uruguayo en el hospital. Todos esos hechos alimentaron la sensación de división dentro del plantel madridista y dejaron al equipo en un escenario de fuerte inestabilidad antes del partido más trascendental de la temporada.

Ese clima terminó siendo aprovechado por el Barcelona, que encontró en el desgaste emocional del rival una oportunidad perfecta para imponer condiciones desde el inicio.

Un comienzo demoledor

El partido comenzó con un Real Madrid intentando tomar protagonismo. Vinicius fue el primero en probar suerte con un disparo a puerta, aunque el remate salió mordido y Joan García atrapó el balón sin dificultades. Luego fue Brahim quien intentó acercarse al área rival, aunque tampoco logró concretar el disparo.

Sin embargo, las primeras aproximaciones del Barcelona dejaron en evidencia cuál sería el rumbo del encuentro. Fermín armó la primera acción ofensiva azulgrana con un pase largo para Rashford, aunque Fran García evitó el disparo. Poco después, Asencio volvió a frenar otra llegada del delantero. Pero el Barcelona ya había descifrado el partido.

A la tercera oportunidad llegó el golpe inicial. Una falta al borde del área le dio al conjunto catalán la posibilidad de abrir el marcador y Rashford asumió la responsabilidad. El delantero ejecutó el disparo con precisión y transformó la jugada en el 1-0 que desató la euforia en el Camp Nou.

El tanto no solo significó la ventaja en el marcador, sino también un impacto anímico decisivo sobre un Real Madrid que ya mostraba dificultades para sostener el ritmo del encuentro.

Ferran amplió la diferencia

La reacción madridista nunca apareció. Antes de que se cumplieran diez minutos desde el primer gol, el Barcelona volvió a golpear. Esta vez la jugada nació de un impecable pase de tacón de Dani Olmo, que dejó a Ferran en posición ideal para definir.

El delantero español no desaprovechó la ocasión y sacó un remate potente, un verdadero misil imposible de detener para Courtois. El 2-0 terminó por instalar la sensación de que la historia estaba prácticamente sentenciada antes del descanso.

Con la ventaja consolidada, el Barcelona manejó los tiempos del partido y sostuvo el control desde la seguridad defensiva. Brahim fue uno de los pocos futbolistas del Real Madrid que intentó generar peligro, especialmente ante un mediocampo blanco que se mostró desaparecido durante gran parte del encuentro.

La defensa azulgrana respondió con firmeza y evitó cualquier intento de reacción del conjunto visitante. El equipo catalán se mostró ordenado, sólido y decidido a no postergar una celebración que parecía inevitable desde los primeros minutos.