Gallardo lo quiere, River duda: la millonaria cifra que piden por Sebastián Villa
El Muñeco considera al colombiano como una prioridad para reforzar el ataque del Millonario en 2026, pero la dirigencia encabezada por Stefano Di Carlo se planta por razones éticas e institucionales, mientras Independiente Rivadavia exige entre 10 y 12 millones de dólares para liberarlo.

El mercado de pases de River Plate dejó de ser una discusión meramente futbolística para transformarse en un debate institucional de alto voltaje. En plena pretemporada, una decisión del entrenador Marcelo Gallardo irrumpió como una verdadera bomba puertas adentro del club: el interés concreto por Sebastián Villa, delantero colombiano con pasado en Boca Juniors y presente en Independiente Rivadavia.

Para el técnico más ganador de la historia riverplatense, Villa representa una pieza clave en la reconstrucción ofensiva de su proyecto 2026. Gallardo valora especialmente su velocidad, desequilibrio individual y capacidad para romper defensas cerradas, atributos que, según su análisis, escasean en el mercado actual. Desde lo estrictamente futbolístico, el entrenador considera que el colombiano puede aportar un salto de calidad inmediato a un ataque que busca mayor profundidad y agresividad por las bandas.

Sin embargo, el aval deportivo del "Muñeco" chocó rápidamente con una fuerte resistencia dirigencial. El presidente de River, Stefano Di Carlo, mantiene una postura firme y, por ahora, inamovible: no autoriza la llegada del futbolista. La negativa abrió una interna que expone tensiones entre la conducción deportiva y la conducción política del club.

El doble obstáculo: ética institucional y costo económico

La posición de la comisión directiva se apoya en dos pilares centrales. El primero es de carácter ético e institucional. En Núñez entienden que la posible incorporación de un jugador que cuenta con una condena judicial por violencia de género generaría un fuerte impacto negativo en la imagen del club. La dirigencia considera que avanzar con la operación entraría en contradicción con los valores que River dice representar y con los protocolos de género y políticas de concientización que se impulsan en el fútbol argentino.

En ese marco, Di Carlo no estaría dispuesto a asumir el costo político, social y mediático que implicaría ver a Villa vistiendo la camiseta con la banda roja, más allá de su rendimiento deportivo. La lectura interna es clara: el desgaste institucional podría ser mayor que el beneficio futbolístico.

El segundo freno es estrictamente económico. Tras un destacado paso por Independiente Rivadavia, donde fue figura en la histórica obtención de la Copa Argentina, el valor de mercado del colombiano se disparó. La dirigencia mendocina, encabezada por Daniel Vila, fijó una cifra que oscila entre 10 y 12 millones de dólares para dejarlo salir. "Hay un compromiso de venta, pero no vamos a regalar al mejor jugador del último torneo", fue el mensaje contundente del presidente de la "Lepra".

Para River, ese monto representa una inversión significativa en un contexto de control financiero y priorización de recursos, lo que suma otro argumento a la postura negativa de la dirigencia.

El rol del representante y una pulseada abierta

El nombre de Villa llegó a la órbita de Gallardo a través de Rodrigo Riep, representante del futbolista y también agente de Juan Fernando Quintero, uno de los jugadores de mayor confianza del entrenador. Esa conexión facilitó los contactos iniciales y alimentó la expectativa del entorno del colombiano, que ve en River una oportunidad clave para relanzar su carrera en la élite del fútbol sudamericano.

Mientras tanto, en Núñez se vive una pulseada interna que trasciende el caso puntual. De un lado, Gallardo, que prioriza el impacto inmediato dentro del campo de juego y confía en su capacidad para potenciar al jugador. Del otro, una dirigencia que mira el panorama completo: números, contexto social, reputación institucional y coherencia discursiva.

Por ahora, el "no" de Di Carlo parece firme. Sin embargo, en el fútbol —y especialmente en River— la historia demuestra que cuando Gallardo insiste, las decisiones rara vez están cerradas. El desenlace, por el momento, sigue abierto.