Si existe una mejor manera de comenzar una de las etapas más exigentes del semestre, River no parece necesitarla. El equipo llega entonado, con tranquilidad y confianza en su propuesta: se defiende con la pelota, asume el protagonismo y lo hace incluso frente a un Belgrano que venía mostrando regularidad en el torneo. La noche dejó, además, el desahogo de Facundo Colidio, quien cortó una sequía de casi nueve meses sin convertir. El resultado fue contundente: victoria, goleada y un rendimiento que ilusiona.
El entrenador Eduardo Coudet había advertido que, pese a los tres triunfos consecutivos previos, su equipo debía crecer desde el juego. En Núñez apareció la versión más completa: circulación dinámica, presión alta que anuló al rival, un mediocampo que funciona de memoria y múltiples situaciones de gol que incluso pudieron ampliar la diferencia. La actuación de los delanteros terminó de sellar una noche redonda.
Aún resulta prematuro asegurar si se trata de la formación ideal, considerando la competencia interna y el buen momento de varios nombres propios. Entre ellos, el propio Colidio —reconciliado con la hinchada— y la positiva reaparición de Juan Cruz Meza. Sin embargo, sí puede afirmarse que este es el esquema con el que el entrenador se siente más cómodo.
El sistema, trabajado durante la fecha FIFA y la mini pretemporada en Cardales, se consolida como un 4-2-2-2 de gran movilidad que potenció la voracidad ofensiva del equipo. River dominó la posesión (64%) y logró trasladar ese control hasta el último tercio del campo rival, completando una actuación que refuerza la ilusión de cara a lo que viene.