El escenario económico del inicio de 2026 presenta una continuidad en la tendencia de deterioro de los ingresos de los trabajadores. Según el reciente informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), el índice de salarios registrados experimentó un incremento del 2% durante el mes de enero en comparación con diciembre de 2025. Esta cifra, sin embargo, resultó insuficiente para equiparar la suba del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del primer mes del año, que se situó en el 2,9%.
El desempeño dispar de los sectores económicos
Al analizar la evolución salarial de manera desagregada, se observa un comportamiento heterogéneo entre los distintos segmentos laborales. A pesar del contexto general de pérdida frente a la inflación, los números muestran que el sector privado no registrado encabezó las subas con un aumento del 4,4%. Es fundamental señalar que este dato presenta un rezago estadístico de cinco meses, por lo que refleja el comportamiento de agosto de 2025. Por su parte, el sector privado registrado mostró un alza del 2,1%, apenas por encima del promedio general pero aún por debajo del IPC. Finalmente, el sector público registró el avance más bajo del mes, con un 1,8%.
Dentro de la órbita estatal, el subsector nacional registró en enero un alza mensual de 2,0%, mientras que el subsector provincial subió 1,7%. En términos interanuales, las variaciones fueron de 22,4% y 33,4%, respectivamente. En este marco, el economista en la Fundación Libertad y Progreso, Tomás Amerio, consideró que los movimientos interanuales de los indicadores confirman que "la recuperación del salario real, aunque en curso, aún no logra compensar la pérdida acumulada de los últimos años".
La perspectiva histórica: 100 meses de desequilibrio
La estadística oficial revela que, en los últimos 100 meses, tanto los salarios como los precios registraron incrementos destacados: ambos se multiplicaron por más de 70 veces. No obstante, el ritmo de la inflación ha sido consistentemente superior. Un análisis comparativo desde septiembre de 2017 hasta diciembre de 2025 permite observar la magnitud del desfasaje técnico: el sueldo neto promedio de un empleado formal del sector privado pasó de $20.974 a $1.600.263, lo que implica un aumento nominal del 7.529%. Sin embargo, durante el mismo período, el IPC subió un 8.509%, superando a los salarios en 980 puntos porcentuales.
Esta diferencia se traduce en una caída real del 11,38% en el poder adquisitivo promedio de un empleado formal. Para que un trabajador hoy mantuviera el mismo poder de compra que poseía en 2017, su salario neto debería ascender a los $1.805.731. La pérdida de capacidad de compra se vuelve más tangible al evaluar el acceso a la canasta de productos relevada por el Indec. En septiembre de 2017, un set de 58 productos esenciales tenía un costo de $3.520,76, lo que permitía que un sueldo promedio cubriera dicha canasta 5,96 veces. Hacia diciembre de 2025, el costo de esa misma canasta trepó a los $325.370,30, por lo que el salario promedio actual solo alcanza para adquirir 4,92 canastas, una reducción del 17,4% en la capacidad de compra.
Proyecciones y estrategias corporativas para 2026
A pesar del complejo inicio de año, el mercado laboral vislumbra un posible cambio de escenario en la primera parte de 2026. Según el último análisis de la consultora Randstad, las empresas planean otorgar aumentos promedio del 17,5% para el personal fuera de convenio durante el primer semestre del año. Este cambio de estrategia responde a un intento de las organizaciones por abandonar las medidas de emergencia y avanzar hacia políticas de compensación más planificadas y focalizadas para retener talento especializado.
La dispersión de estos ajustes es marcada: mientras algunas compañías proyectan subas mínimas del 4%, otras contemplan alzas de hasta el 35%. Considerando una inflación estimada del 12% para el primer semestre, estos incrementos proyectados podrían finalmente traducirse en una mejora del salario real para este grupo específico de trabajadores. En cuanto a la periodicidad de los ajustes, el 31% de las empresas opta por revisiones trimestrales, el 22% implementa ajustes semestrales y el 15% de manera mensual. El informe muestra que las revisiones semestrales y cuatrimestrales están ganando terreno, en detrimento de los ajustes mensuales habituales en períodos de mayor volatilidad inflacionaria.