El ocaso de las chimeneas: la industria argentina se hunde en una recesión profunda
El informe de la consultora Audemus revela un desplome del 7,9% en el bienio 2024-2025, posicionando al país como el segundo con mayor caída fabril a nivel global.

La industria manufacturera argentina ha finalizado el segundo año de la gestión de Javier Milei sumergida en una recesión profunda. Según los datos arrojados por el Informe Sectorial #41 de la consultora Audemus, publicado este 3 de marzo de 2026, el sector acumuló una caída promedio del 7,9% respecto al año 2023. Esta cifra no solo evidencia una desconexión total con el rebote experimentado por sectores extractivos como el agro o la minería, sino que sitúa a la producción nacional en un escenario de declive que trasciende las fronteras locales.

Un retroceso de magnitud internacional

El fenómeno de desindustrialización que atraviesa la Argentina ha cobrado una dimensión global alarmante. Al analizar una muestra de 56 naciones relevadas por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el país se consolidó como el segundo con mayor caída industrial en el bienio 2024-2025. En este penoso podio del retroceso productivo, Argentina solo fue superada por Hungría.

Esta dinámica se desmarca drásticamente de la tendencia observada en la región. Mientras que los vecinos estratégicos mostraron signos de expansión sostenida —con Brasil creciendo un 3,5% y Chile un 5,2%—, la estructura fabril argentina se contrajo sistemáticamente. El diagnóstico de Audemus sugiere que no se trata de una fluctuación cíclica, sino de un proceso erosivo que está desmantelando el entramado productivo local frente a una competencia externa sin resguardos ni políticas de contención.

La desaparición del tejido empresarial

Quizás el dato más alarmante por su carácter estructural y de difícil retorno es la pérdida masiva de unidades productivas. En apenas 24 meses, un total de 2.436 empresas manufactureras dejaron de realizar aportes al sistema de seguridad social. Esta cifra representa la desaparición del 5% del total de las firmas del sector en todo el país.

El informe advierte que el ritmo de cierres es de tal severidad que la cantidad de unidades productivas activas se encamina a perforar los mínimos históricos registrados durante la pandemia de COVID-19 en 2020. Lejos de ser un proceso de "limpieza" de ineficiencias, el documento describe un colapso que ha afectado incluso a firmas con décadas de trayectoria. Estas organizaciones sucumbieron ante una pinza letal:

  • Una caída estrepitosa del consumo interno.
  • El encarecimiento de los costos en dólares.
  • Una apertura comercial ejecutada sin red de protección.

El mercado laboral en modo supervivencia

El impacto en el empleo formal ha sido directo y devastador. Entre noviembre de 2023 y el mismo mes de 2025, el sector industrial expulsó a 72.955 trabajadores registrados, lo que implica una reducción del 6% de su plantilla total. La estabilidad de miles de familias se vio vulnerada por una tendencia que el informe califica como "la norma y no la excepción": el empleo industrial cayó en 16 de los 24 meses de la gestión actual.

Incluso en los periodos donde la actividad mostró leves rebotes técnicos, la contratación de personal no reaccionó. El sector privado industrial ha entrado en un "modo supervivencia", donde la reducción de costos laborales aparece como la única herramienta de corto plazo para evitar el cese total de actividades. Los microdatos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) procesados por Audemus muestran que, solo en noviembre de 2025, la industria manufacturera lideró la pérdida de puestos con una baja mensual del 0,3% desestacionalizado.

Capacidad instalada y sectores en alerta roja

La parálisis de las máquinas es otro indicador del estado terminal de la actividad. La Utilización de la Capacidad Instalada Industrial (UCII) promedió un 57,9% en 2025, la cifra más baja de la última década si se excluye el año del confinamiento total por la emergencia sanitaria.

El daño es desigual pero profundo en ramas estratégicas:

  • Metalmecánica y Textil: Registraron sus peores niveles históricos.
  • Tabaco, Químicos, Caucho y Plástico: Presentaron las menores tasas promedio desde 2016, situándose incluso por debajo de los niveles de 2020.
  • Cuero y Calzado: Fue el rubro más castigado, con una caída del 16,4% en la cantidad de empresas activas durante el bienio.

En contrapartida, solo los sectores vinculados a la exportación de commodities, como la molienda de cereales y oleaginosas (tras la sequía), y la industria farmacéutica, lograron eludir la tendencia destructiva debido a la inelasticidad de su demanda.

Crisis de inversión y futuro incierto

El inicio de 2026 no ofrece señales de alivio. Por primera vez en 14 meses, las importaciones cayeron, un dato que los analistas interpretan como un síntoma de crisis productiva terminal. Esta baja se explica por la menor compra de bienes de capital y piezas intermedias; sin inversión en maquinaria ni insumos para producir, la industria enfrenta un techo estructural bajo un esquema macroeconómico que favorece el consumo externo pero asfixia la competitividad fabril.

La ausencia de una política industrial activa, mientras las potencias mundiales regresan a esquemas de protección y subsidios, genera una incertidumbre creciente. El ajuste combinado del sector público —con la pérdida de 64.600 puestos estatales— y del privado —con una contracción mensual de 17.900 puestos totales en noviembre de 2025— ha hundido los ingresos reales, retroalimentando el círculo vicioso de menor consumo y menor producción. La pérdida de capital humano calificado sugiere que la reconstrucción del entramado fabril demandará años de estabilidad que hoy no figuran en la hoja de ruta oficial.