A las puertas del quinto mes del año, la economía doméstica en Argentina muestra señales persistentes de deterioro del poder adquisitivo, en un contexto donde los ingresos no logran recomponerse frente al avance de los precios. Un relevamiento de la consultora Zentrix aporta datos concretos sobre esta situación: el 60,4% de los consultados afirma que su salario le alcanza sólo hasta el día 20 del mes, mientras que el 86,6% sostiene que sus ingresos no le ganan a la inflación.
Estos números reflejan un escenario donde la pérdida de capacidad de compra deja de ser una variable abstracta y se traduce en una experiencia cotidiana. El ajuste, en este sentido, ya no se limita a indicadores macroeconómicos, sino que impacta directamente en la vida diaria de los hogares, redefiniendo hábitos y prioridades.
El ajuste en la vida cotidiana
El informe de Zentrix muestra que el impacto del contexto económico se expresa en decisiones concretas. En los últimos seis meses, el 81,6% de las personas consultadas reconoció haber tenido que recortar gastos para sostener su economía personal. Los recortes abarcan distintos niveles de consumo:
- Salidas y actividades de ocio.
- Consumos no esenciales.
- Compras habituales del hogar.
- En casos más críticos, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.
Este proceso evidencia que una parte significativa de la sociedad ya no está ajustando sobre excedentes, sino sobre aspectos centrales de su vida cotidiana. La lógica del consumo se vuelve defensiva, orientada a sostener lo indispensable frente a ingresos que pierden poder real.
Paritarias y salarios
En paralelo, los propios datos oficiales muestran que el salario todavía no logra superar a la inflación. En las negociaciones paritarias, según se desprende del contexto relevado, predomina la idea de que las remuneraciones acompañen el ritmo de los precios, sin lograr una recomposición real del ingreso.
Este escenario consolida una dinámica en la que los ingresos corren por detrás o, en el mejor de los casos, apenas igualan la evolución del costo de vida. El resultado es una percepción generalizada de estancamiento o pérdida, que se refleja en los indicadores del sondeo.
El impacto político del malestar económico
El deterioro económico no se limita al plano doméstico, sino que también tiene consecuencias en el ámbito político. Según el análisis de Zentrix, el malestar por la falta de recuperación del poder adquisitivo se combina con otros factores y se traduce en un desgaste creciente para la gestión del presidente Javier Milei.
En este contexto, los datos del relevamiento funcionan como un termómetro del humor social:
- 86,6% considera que el salario no le gana a la inflación.
- 60,4% afirma que sus ingresos alcanzan sólo hasta el día 20.
A partir de estos indicadores, la consultora sostiene que la tolerancia social frente al ajuste depende cada vez más de la credibilidad del Gobierno. En ese marco, las denuncias por corrupción adquieren un efecto amplificado, ya que impactan sobre una sociedad que ya viene realizando esfuerzos y resignando consumos.
El informe señala que la caída en la aprobación no responde a un único episodio, sino a la combinación entre el malestar económico cotidiano y una pérdida de autoridad moral, una dinámica que explicaría el crecimiento sostenido de la desaprobación desde febrero.
La brecha entre la inflación oficial y la percibida
Otro eje central del relevamiento es la distancia creciente entre los datos oficiales y la percepción social. En abril, el 70,3% de los consultados consideró que la inflación informada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no refleja la realidad de los precios en su vida cotidiana.
Este indicador muestra un aumento significativo respecto de enero, cuando esa percepción alcanzaba el 56,4%, el valor más bajo de la serie. La evolución marca una crisis de validación social del dato público, que trasciende la discusión técnica y se instala en el plano político.
Según Zentrix, esta desconfianza tiene una base concreta: la experiencia directa de los hogares. La inflación deja de medirse en términos estadísticos y pasa a evaluarse en función de variables tangibles:
- Cuánto dura el ingreso mensual.
- Qué margen queda después de cubrir gastos básicos.
- Hasta qué momento del mes se puede sostener el consumo habitual.
Cuando el dato oficial no logra reflejar estas variables, pierde capacidad de persuasión y se debilita como referencia para el debate económico.