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La nafta supera la barrera de los $2.000 y presiona la estructura de costos

El encarecimiento de la energía, impulsado por tensiones en Medio Oriente, acumula un alza del 23%.

13 Abril de 2026 22.46

La estabilidad económica de los hogares y las empresas argentinas se enfrenta a un nuevo desafío estructural. El precio de los combustibles continúa en una trayectoria ascendente, acumulando un incremento cercano al 23% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente. Esta situación, lejos de ser un fenómeno aislado, impacta de lleno en el bolsillo de los consumidores y se traslada de forma inmediata a los costos operativos de toda la economía nacional.

En la Ciudad de Buenos Aires, las estaciones de servicio de marcas líderes como Shell y Axion Energy ya reflejan valores que consolidan una tendencia alcista sin freno. La nafta súper ha quebrado la barrera psicológica y económica de los $2.000 por litro, marcando un punto de inflexión en la planificación financiera de quienes dependen del transporte para sus actividades diarias.

El factor geopolítico y la presión internacional

El ajuste al alza no responde únicamente a variables domésticas, sino que se encuentra profundamente anclado en un contexto internacional convulso. La tensión geopolítica en Medio Oriente ha actuado como el principal catalizador para la suba del precio del petróleo a nivel global. Como es habitual en los mercados energéticos, esta volatilidad externa repercute directamente en los valores locales, obligando a las petroleras a ajustar sus pizarras para alinearse con los costos internacionales de producción y refinamiento.

A nivel interno, la dinámica de precios ha mostrado una resistencia notable a los intentos de estabilización. Desde el mes de abril, la empresa de bandera YPF intentó aplicar una política de contención de precios. Si bien esta estrategia de la petrolera estatal logró, en una primera instancia, moderar el ritmo de los incrementos y evitar saltos aún más abruptos, los datos actuales demuestran que no fue suficiente para frenar la tendencia general de subas que domina el sector.

El impacto en la logística y la inflación

El encarecimiento de la nafta y el gasoil genera un efecto en cadena que preocupa a los analistas de mercado. Al ser un insumo básico para el transporte y la logística, cualquier variación en el surtidor se traduce en un aumento en el costo de distribución de bienes y servicios. Esta presión adicional se suma al complejo escenario inflacionario, ya que el traslado a los precios finales de los productos de consumo masivo es casi inevitable cuando el costo del flete se incrementa de manera sostenida.

La evolución de las pizarras: Un análisis comparativo

Para comprender la magnitud del ajuste, es necesario observar la progresión técnica de los precios en lo que va del año. Los valores han experimentado saltos significativos mes a mes, afectando a todas las categorías de combustible disponibles en el mercado:

Nafta Súper: Comenzó el año en enero con un valor de $1.566, ascendió a $1.609 en febrero, y alcanzó los $2.001 en el bimestre marzo/abril.

Nafta Premium: De los $1.780 registrados en enero, pasó a $1.845 en febrero, llegando actualmente a los $2.207.

Gasoil: El valor inicial de enero fue de $1.601, subiendo a $1.658 en febrero y situándose ahora en $2.065.

Gasoil Premium (Euro): Presentaba un costo de $1.809 en enero, $1.861 en febrero y escaló hasta los $2.271 en el último periodo analizado.

El costo real de llenar el tanque

La traducción de estos números a la economía real de un ciudadano es drástica. Hoy en día, llenar de nafta un auto mediano (con un tanque promedio de alrededor de 50 litros) ya representa una erogación que supera los cien mil pesos. La situación es aún más gravosa para los usuarios de vehículos que requieren nafta premium; en estos casos, completar tanques de 55 litros exige un desembolso superior a los 120 mil pesos.

En este escenario de incertidumbre, el mercado permanece atento a dos frentes críticos: la evolución del conflicto internacional y las subsiguientes decisiones comerciales de las petroleras. Mientras tanto, la preocupación social crece ante un costo de vida que parece no encontrar techo, impulsado por el incesante goteo de los precios de la energía.