Lácteos Verónica al borde del colapso: 700 empleos en riesgo y deudas millonarias
La histórica compañía atraviesa una situación terminal con plantas paralizadas, sueldos adeudados y una crisis financiera que impacta de lleno en la provincia de Santa Fe.

El mapa productivo de la Argentina enfrenta una de sus horas más oscuras ante la crítica situación que atraviesa Lácteos Verónica, una de las firmas más emblemáticas y tradicionales del rubro. Lo que hasta hace poco tiempo representaba un pilar fundamental de la industria nacional, hoy se encuentra inmerso en un escenario de parálisis total que pone en riesgo la continuidad de 700 puestos de trabajo directos. La compañía, que concentra su capacidad operativa en cuatro plantas en la provincia de Santa Fe, ha ingresado en un espiral de incumplimientos financieros y operativos que amenaza con un desenlace definitivo, dejando una profunda huella de incertidumbre en las comunidades locales y en toda la cadena de valor láctea.

El declive de un gigante del sector lácteo nacional

La magnitud del desmoronamiento de Lácteos Verónica se comprende al analizar su relevancia histórica y productiva dentro del mercado interno. Hasta hace pocos meses, la empresa se destacaba como una de las principales referentes del rubro, logrando en un ranking sectorial del año 2025 la posición número diez. Este estatus se fundamentaba en una capacidad de procesamiento robusta, recibiendo diariamente cerca de 600 mil litros de leche. Sin embargo, este historial de liderazgo productivo contrasta drásticamente con un presente marcado por el desfinanciamiento y una alarmante desorganización administrativa que ha dinamitado la confianza de proveedores y entidades bancarias.

La crisis financiera ha escalado a niveles críticos, manifestándose en una deuda acumulada cercana a los 60 millones de dólares con productores tamberos, quienes representan el eslabón primario y más vulnerable de la cadena. A esta cifra se suma una inconsistencia financiera alarmante tras la entrega de 14 mil millones de pesos en cheques sin fondo, lo que ha generado el cese total de pagos a proveedores estratégicos. Como consecuencia directa de este ahogo económico, en los últimos meses la firma entró en una etapa de inactividad técnica donde los empleados han quedado sin tareas asignadas, alimentando los temores de un cierre inminente y definitivo de las operaciones.

Emergencia social y precariedad en las plantas santafesinas

El drama de la empresa ha trascendido los balances contables para transformarse en una urgencia social que afecta el día a día de cientos de familias. La situación de los trabajadores es desesperante, ya que se les adeudan los salarios correspondientes desde el mes de diciembre del año pasado. En la planta ubicada en la localidad de Lehman, las condiciones han llegado a niveles de precariedad extrema; el suministro de agua fue cortado por falta de pago y los operarios denuncian la ausencia total de insumos básicos de higiene, señalando que ni siquiera disponen de papel higiénico en las instalaciones sanitarias.

En la ciudad de Suardi, donde la firma sostiene 70 puestos de trabajo, la crisis ha requerido la intervención directa del poder político local para evitar el cese total de actividades. El intendente municipal debió encabezar gestiones ante la empresa provincial de energía para impedir el corte de luz, buscando que la planta conserve una mínima capacidad productiva. Ante la falta de cobro de haberes por parte de los empleados, el municipio ha tenido que implementar medidas de contingencia social, tales como la distribución de bolsones de comida y la entrega de bonos de 450 mil pesos para mitigar el impacto de la crisis económica en los hogares afectados.

Ayuda estatal insuficiente y denuncias de vaciamiento

El deterioro de Lácteos Verónica no ha sido un proceso repentino, sino un desgaste sostenido que contó con intentos de mitigación oficial. Durante el transcurso de 2025, el gobierno de Santa Fe brindó asistencia para que la compañía pudiera abonar los sueldos en cuotas; no obstante, este auxilio estatal no logró revertir la tendencia negativa y el panorama empeoró drásticamente a finales del año pasado. En este contexto, el sindicato que nuclea a los trabajadores ha apuntado sus críticas hacia la familia Espiñeira, propietaria de la firma, a quienes acusan formalmente por el presunto vaciamiento de la empresa.

A pesar de que en el sector circulan constantes rumores sobre una posible venta de los activos o la incorporación de nuevos capitales, hasta el momento no se han reportado noticias concretas que garanticen una solución a corto plazo. La falta de definiciones por parte de la patronal y la acumulación de deudas millonarias con los productores tamberos configuran un escenario terminal. Mientras el tiempo transcurre sin señales de reactivación, el destino de los 700 operarios y la supervivencia de una de las diez lácteas más grandes del país penden de un hilo en una industria que observa con estupor la caída de uno de sus jugadores históricos.