Más de 550.000 hogares argentinos bajo riesgo de inseguridad alimentaria severa
El indicador nacional pasó del 7,94% al 9,49% de los hogares, con fuertes diferencias territoriales. Formosa, Chaco y Santiago del Estero registraron los valores más elevados en 2022, mientras que CABA presentó el menor nivel. Dónde se ubica Catamarca.

La inseguridad alimentaria severa alcanzó una mayor presencia en los hogares argentinos entre 2010 y 2022, de acuerdo con un estudio elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA). El trabajo, titulado "La geografía del riesgo alimentario en la Argentina (2010-2022)", estimó que la probabilidad promedio de que un hogar atravesara esta situación pasó del 7,94% al 9,49% durante ese período.

El incremento fue de 1,55 puntos porcentuales y, llevado a una dimensión territorial y poblacional, representa más de 550.000 hogares incorporados a situaciones de vulnerabilidad alimentaria a nivel nacional.

El dato adquiere una dimensión particular al observar las diferencias entre jurisdicciones. El territorio con el valor más elevado alcanzó un 18,77% de hogares afectados, mientras que la jurisdicción con el nivel más bajo registró un 3,93%. La distancia entre ambos extremos refleja una geografía profundamente desigual del riesgo alimentario.

La investigación buscó precisamente identificar esas diferencias con un nivel de detalle que no estaba disponible a partir de los registros censales tradicionales.

Una metodología para llegar al territorio

El estudio combinó la información de los Censos Nacionales de 2010 y 2022 con los relevamientos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA). Para construir el modelo correspondiente al Censo 2010 se utilizaron las ondas de la EDSA comprendidas entre 2010 y 2013, mientras que para el modelo aplicado al Censo 2022 se utilizaron las ondas correspondientes a 2021-2024.

La metodología permite estimar la probabilidad de riesgo alimentario para cada hogar y luego agregar los resultados en diferentes escalas territoriales:

  • Radio censal.
  • Departamento.
  • Provincia.
  • Región.

Se trata de una estimación indirecta, ya que los censos no contienen preguntas específicas sobre inseguridad alimentaria. Por esa razón, el modelo toma los datos censales y proyecta sobre ellos las asociaciones observadas previamente en la EDSA-UCA.

La inseguridad alimentaria refiere a las dificultades que enfrentan los hogares para sostener una alimentación adecuada. Puede manifestarse mediante una reducción de la cantidad o de la calidad de los alimentos y, en sus expresiones más graves, mediante experiencias de hambre vinculadas con la falta de recursos económicos.

Durante la presentación del informe, Agustín Salvia, director del ODSA-UCA, explicó que la EDSA releva situaciones ocurridas durante los últimos 12 meses debido a la falta de recursos económicos y registra indicadores como la reducción de porciones y las experiencias de hambre. La frecuencia con la que se presentan esas situaciones permite establecer distintos niveles de severidad.

De esta manera, la encuesta constituye la base observada sobre la que se construyen los modelos posteriormente aplicados a los datos censales.

 

La necesidad de conocer qué ocurre dentro de cada territorio

Uno de los principales problemas que buscó resolver la investigación fue la falta de información suficientemente desagregada sobre la distribución territorial del riesgo alimentario.

"No teníamos medidas sobre lo que estaba ocurriendo en el territorio a un nivel desagregado microsocial y microterritorial", sostuvo Salvia durante la presentación.

La propuesta metodológica permitió entonces vincular la información proveniente de la encuesta con la enorme cobertura territorial de los censos. El objetivo no fue afirmar que los censos midieran directamente la inseguridad alimentaria, sino utilizar sus variables como predictores para identificar la probabilidad estimada de que un hogar se encontrara en esa situación.

Salvia lo explicó al señalar que no se estaba midiendo directamente la inseguridad alimentaria en los hogares en ambos contextos, porque las preguntas censales no hacen referencia específica a esas experiencias, sino que, a partir de los predictores disponibles, se buscó identificar una probabilidad estimada.

Formosa, Chaco y Santiago del Estero

La fotografía provincial de 2022 muestra diferencias muy marcadas. Formosa encabezó el indicador con una probabilidad estimada de inseguridad alimentaria severa del 18,77%, seguida por Chaco, con 17,46%, y Santiago del Estero, con 17,40%.

La evolución respecto de 2010 no fue uniforme. Mientras Santiago del Estero y Misiones registraron descensos, Chaco permaneció prácticamente estable. En otras provincias, en cambio, el promedio aumentó durante el período, entre ellas Mendoza, San Juan, Santa Fe y Buenos Aires.

En el extremo inferior de la distribución se ubicaron:

  • Ciudad de Buenos Aires: 3,93%.
  • Santa Cruz: 6,02%.
  • Tierra del Fuego: 6,18%.

La comparación territorial también muestra una importante persistencia. Bonfiglio destacó que 17 de los 20 departamentos con mayor riesgo aparecen en ambos censos dentro del top 20. Además, los tres departamentos que ocupaban las primeras posiciones mantuvieron esos lugares tanto en 2010 como en 2022.

Una brecha de casi 15 puntos entre los extremos

La distancia entre jurisdicciones permite dimensionar la desigualdad territorial. En 2022, Formosa y CABA presentaron una diferencia de 14,81 puntos porcentuales, con un 18,77% frente a un 3,96%, según los datos consignados en el informe.

El achicamiento de algunas brechas territoriales tampoco puede interpretarse automáticamente como una mejora general de las condiciones alimentarias. La evolución responde a movimientos diferentes: algunas jurisdicciones que ya presentaban niveles elevados registraron descensos, mientras otras que partían de valores inferiores experimentaron aumentos.

Por eso, una menor distancia entre territorios no necesariamente significa que haya mejorado la situación general. El comportamiento del indicador debe observarse considerando simultáneamente los niveles de partida y las trayectorias registradas por cada jurisdicción.

El riesgo es mayor en las áreas rurales

La investigación también identificó diferencias significativas según el tipo de asentamiento. En el rural disperso, la probabilidad estimada de inseguridad alimentaria severa alcanzó el 22,44% en 2022, frente al 23,89% de 2010.

Aunque se produjo una disminución, el nivel continuó siendo aproximadamente 2,5 veces superior al promedio de las áreas urbanas. En estas últimas, el indicador pasó del 6,89% al 8,82% entre ambos censos.

En el rural agrupado, en cambio, se registró un aumento: pasó del 12,52% en 2010 al 15,06% en 2022. Los datos muestran así que la distribución del riesgo no depende únicamente de las diferencias entre provincias, sino también de las características territoriales y del tipo de asentamiento en el que se encuentran los hogares.

El norte concentra los niveles más elevados

La dimensión regional vuelve a mostrar al norte argentino como el espacio con los niveles más altos de riesgo alimentario, aunque con trayectorias diferentes entre sus dos grandes regiones.

En 2022, el NEA registró un promedio de 15,81%, mientras que el NOA alcanzó el 14,23%. El NEA fue, además, la única de las seis regiones analizadas que presentó un descenso respecto de 2010, cuando había alcanzado un 16,21%. El NOA siguió una trayectoria inversa: pasó del 13,56% al 14,23%. También se produjeron aumentos en los promedios correspondientes a Cuyo, la región Pampeana, el Gran Buenos Aires y la Patagonia.

Sin embargo, los investigadores remarcan que incluso dentro de cada región existen diferencias importantes, tal como queda expuesto al observar los datos específicos de cada provincia.