La producción de "El diablo viste a la moda 2" avanza con una modificación sustancial que trasciende lo estrictamente cinematográfico. El cambio surgió a partir de un pedido puntual de Anne Hathaway, quien solicitó a los productores que no se contrataran modelos excesivamente delgadas para la nueva entrega.
La decisión no solo impacta en la estética del film, sino que introduce una mirada distinta sobre los estándares de belleza que históricamente han caracterizado tanto al cine como a la industria de la moda. Según trascendió, este planteo generó discusiones dentro del equipo de producción y derivó en un replanteo profundo en el tratamiento de los personajes.
El gesto de Hathaway encontró respaldo inmediato en su compañera de elenco, Meryl Streep, quien no dudó en apoyar la iniciativa y destacar la postura de la actriz, a quien calificó como "una mujer admirable".

El origen del planteo
El punto de inflexión que motivó esta decisión se remonta a una experiencia compartida por ambas actrices durante la Semana de la Moda de Milán. Allí, según trascendió, se mostraron horrorizadas por lo que observaron: modelos que lucían prendas de alta costura con una delgadez extrema.
Esa impresión tuvo un efecto directo en la concepción de la secuela. Hathaway, preocupada por el impacto que una película de alto alcance podría generar en la percepción del cuerpo, decidió intervenir para evitar que el film reprodujera esos mismos patrones.
El planteo no fue menor, ya que la primera entrega de la saga había sido identificada —al mismo tiempo que criticada— por reforzar la imagen de "talle 0", un estándar que durante años fue predominante en la industria.
Una narrativa que se redefine
El estreno mundial de la secuela está previsto para el 1 de mayo, en un contexto donde la discusión sobre representaciones auténticas y saludables adquiere una relevancia creciente.
En este nuevo escenario, el foco de la película no estará únicamente puesto en el glamour característico del universo de la moda, sino también en sus contradicciones internas. Este desplazamiento narrativo implica un cambio significativo respecto de la primera entrega, en la que el brillo y la exigencia del mundo fashion eran elementos centrales.
A partir del pedido de Hathaway, la película buscará:
- Reflejar cuerpos más diversos y saludables.
- Alejarse del ideal de extrema delgadez.
- Evitar la reproducción de estándares nocivos asociados a la imagen corporal.
Este enfoque redefine no solo la estética visual del film, sino también su mensaje de fondo, posicionándolo dentro de un debate cultural más amplio.
Debate interno y repercusiones externas
La intervención de Hathaway no pasó inadvertida dentro del equipo de trabajo. Por el contrario, generó debates y marcó un punto de inflexión en la construcción de los personajes y en la representación del universo que rodea a la historia.
El impacto de esta decisión se extiende más allá de la producción cinematográfica, interpelando directamente a los espectadores y al modo en que consumen y reproducen determinados modelos de belleza.
En paralelo, el debate también se trasladó al ámbito público con la intervención de la guionista y escritora Chloé Wallace, quien expresó su malestar a través de redes sociales. En su cuenta de Instagram, Wallace compartió un mensaje contundente:
"Me tiene escandalizada. Tengo mucha rabia. Tengo mucha comparación. Tengo mucha obsesión. Y estoy muy cansada, muy triste, muy enfadada", señaló, en referencia a los cuerpos de actrices como Demi Moore, Emma Stone y Margot Robbie.
Sus declaraciones alimentaron una polémica que ya venía en crecimiento, evidenciando la tensión existente en torno a los estándares corporales dentro del mundo del espectáculo.