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La conmovedora despedida de Campanella a Brandoni: "Esa manera de irse ..."

El director escribió un emotiva carta en homenaje a su amigo, repasando su vida, su legado artístico y su inquebrantable pasión por el teatro y la Argentina. Una despedida que elige ser agradecimiento antes que adiós.

Brandoni, Campanella y Blanco
Brandoni, Campanella y Blanco

22 Abril de 2026 10.35

A pedido de "Clarín", Juan José Campanella puso en palabras una despedida que, desde su origen, se niega a serlo. El texto está dirigido a Luis Brandoni, "Beto", su amigo, a quien dirigió en cine, en su última película, "Parque Lezama", en teatro y también en televisión. Pero lejos de estructurarse como un cierre, la carta se construye como un intento de prolongar el vínculo, de sostener la conversación que —según admite— nunca llegó a escribir.

"Y lo que parecía imposible sucedió. Beto no está más", comienza Campanella, marcando el tono de incredulidad que atraviesa todo el texto. La muerte aparece como un hecho difícil de asimilar, incluso cuando los indicios estaban presentes. El director relata que pocos días antes había hablado con Saula Benavente, pareja de Brandoni, quien permaneció a su lado sin descanso. El diagnóstico médico era "lúgubre y contundente", pero aun así persistía una sensación compartida: "¿Pero viste? Qué sé yo... Es Beto...".

Ese "es Beto" resume la percepción de quienes lo conocieron. Para Campanella, no hacía falta explicación adicional: se trataba de un "ser humano más grande que la vida", alguien a quien la muerte parecía no poder alcanzar. Sin embargo, el texto avanza desde esa resistencia hacia una aceptación que no renuncia al afecto ni a la admiración.

El legado de una forma de vivir y trabajar

La carta se convierte entonces en un recorrido por los aprendizajes que Brandoni dejó en quienes compartieron con él el oficio. Campanella destaca en primer lugar el optimismo como motor creativo, sintetizado en una frase que el actor repetía como un lema: "¡esto es un cheque al portador!".

Esa idea, convertida en enseñanza, atraviesa toda la evocación:

  • Encarar cada proyecto con entusiasmo, incluso cuando el resultado parece incierto.
  • Disfrutar el proceso creativo, como condición para que el trabajo tenga valor en sí mismo.
  • Transmitir energía al equipo, generando compromiso colectivo.

Para el director, esa filosofía redefine el sentido del éxito y del fracaso, transformando cada experiencia en una apuesta vital.

El teatro como ritual ininterrumpido

Uno de los ejes más contundentes del homenaje es la relación de Brandoni con el teatro. Campanella subraya que su amor por el escenario era "contagioso" y absolutamente desinteresado. Desde 1961, el actor no faltó "ni una sola temporada" a su cita con el público, un dato que el director presenta como un récord difícil de igualar en la Argentina.

Ese compromiso se expresa en múltiples dimensiones:

  • Una presencia constante en escena, independientemente del éxito o la recepción de la obra.
  • Una conexión profunda con la audiencia, capaz de interpretar su ánimo en pocos minutos.
  • Una dedicación diaria, incluso mientras desarrollaba una extensa carrera en cine y televisión.

Campanella enfatiza que cada función de Brandoni era "una función a medida", construida en diálogo con el público, en tiempo real. Esa capacidad de lectura y adaptación define, en el relato, una forma singular de entender el arte teatral.

Energía, compromiso y vida pública

La intensidad con la que Brandoni vivía su profesión se extendía también a su vida cívica. Campanella recuerda un episodio durante el ballotage de 2015, cuando, en plena gira en Montevideo con "Parque Lezama", el actor viajó de madrugada a Buenos Aires para votar y regresó el mismo día para cumplir con dos funciones. El hecho se presenta como una demostración de su energía inagotable y de su compromiso con el deber ciudadano.

Ese compromiso estaba profundamente ligado a su amor por la Argentina, al que el director define como la única pasión que superaba al teatro. El texto rememora también su reacción durante las PASO del 19, cuando impulsó la difusión de un video que se transformó en catalizador de una movilización.

Entre la historia personal y la historia colectiva

El homenaje incluye además referencias a momentos complejos de la vida de Brandoni, como su prohibición durante la dictadura y su posterior exilio. Campanella destaca que, a diferencia de otros artistas, no soportó la distancia y decidió regresar al país, encontrando en el teatro un espacio donde continuar su actividad.

En ese contexto, asumió un rol clave en la Asociación Argentina de Actores, trabajando junto a Carlos Carella y Rivera López. El director resalta que, pese a las diferencias políticas, los vínculos se sostenían en el afecto y el respeto, una enseñanza que valora especialmente: priorizar el talento y la humanidad por sobre las ideologías.

Una vida narrada como argumento

En el tramo final, Campanella propone imaginar la vida de Brandoni como un argumento teatral. Un recorrido que incluye éxito temprano, conflictos, prohibiciones, regresos, nuevos triunfos y un cierre rodeado de afectos. En esa escena final, aparecen figuras cercanas como Carlitos Rottemberg, su mejor amigo, su hija y su nieto, acompañándolo en el momento de partir.

La pregunta que formula el director es directa: si le ofrecieran ese argumento, ¿lo firmaría? La respuesta es inmediata: "¡Cómo no vas a firmar, Beto, firmás vos y firma cualquiera!". Lejos de concluir con una despedida tradicional, el texto reafirma su intención inicial. Campanella no quiere escribir un adiós, sino una carta de agradecimiento. Agradecimiento por la amistad, por las enseñanzas, por la energía compartida y por una vida que define como "envidiable".

En ese gesto final, la muerte queda en segundo plano frente a la celebración de un legado que, en sus propias palabras, también es "un cheque al portador".