La Plaza Próspero Molina fue escenario de uno de los momentos más tensos, debatidos y comentados de la actual edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. La protagonista fue Luciana Jury, cantante reconocida por su intensidad interpretativa y su marcado compromiso social, quien ofreció una presentación que trascendió lo estrictamente artístico para instalarse de lleno en el terreno político y cultural.
Jury subió al escenario Atahualpa Yupanqui con un espectáculo que, fiel a su estilo, combinó fuerza expresiva, contenido social y definiciones ideológicas explícitas. Desde los primeros minutos de su actuación, quedó claro que no se trataría de un show convencional. A lo largo de su set, la artista lanzó duras críticas al capitalismo y a la gestión del expresidente Mauricio Macri, a la que definió como una etapa "durísima" y "ensombrecida" para el país.
El discurso político no fue el único elemento que encendió la polémica. La cantante optó además por interpretar sus canciones utilizando lenguaje inclusivo, una decisión que generó reacciones inmediatas y divididas entre los miles de espectadores que colmaban la plaza. En un festival históricamente asociado a las tradiciones del folklore más clásico, la elección de Jury fue leída por algunos sectores como una provocación directa.
Las respuestas del público no tardaron en hacerse sentir. Desde distintos puntos de la plaza se escucharon silbidos y abucheos, principalmente de parte de asistentes identificados con una visión más tradicionalista del folklore. Ese rechazo, ruidoso y sostenido en algunos pasajes del show, evidenció la incomodidad que todavía generan ciertas expresiones políticas y culturales en escenarios de gran arraigo popular.
Sin embargo, la reacción no fue unánime. Otro sector del público respondió con aplausos, gritos de aliento y muestras de apoyo a la artista, celebrando su valentía para fijar posición y defender sus ideas en uno de los escenarios más emblemáticos del país. La plaza, así, se convirtió en un reflejo de una discusión más amplia que atraviesa a la sociedad argentina: el lugar de la política, el lenguaje y la diversidad dentro de la cultura popular.
Lejos de replegarse ante la controversia, Luciana Jury sostuvo su postura y, tras finalizar su presentación, dialogó con el medio Cadena 3 para reflexionar sobre lo ocurrido. En sus declaraciones, la cantante minimizó los abucheos y reivindicó la libertad de expresión como un valor irrenunciable del arte.
"En este mundo ser libre de verdad es casi una ficción. De la única manera que podemos ser libres, al menos por un ratito, es en las expresiones artísticas. No puedo no ser libre arriba del escenario", afirmó la artista, dejando en claro que su postura forma parte de una convicción profunda y no de una estrategia provocadora.
Consultada sobre si considera necesario que los artistas se expresen políticamente, Jury fue categórica: "Siempre, siempre que lo desee". Para la cantante, la música funciona como un refugio y, al mismo tiempo, como un espacio de búsqueda permanente de diversidad, identidad y transformación social.
El episodio volvió a poner en el centro del debate el rol de los artistas en festivales tradicionales y el límite —si es que existe— entre el folklore como expresión cultural y la política como herramienta de interpelación social. Una discusión que, una vez más, encontró en Cosquín un escenario amplificado y cargado de simbolismo.