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A un año de su fallecimiento

Así fueron las últimas 24 horas de Francisco: fragilidad, fe y un adiós que sigue conmoviendo

El Sumo Pontífice argentino atravesó su última Pascua entre el esfuerzo físico y la voluntad de estar presente. Desde la bendición en San Pedro hasta su muerte horas después, sus gestos finales reflejaron su compromiso pastoral.

21 Abril de 2026 07.38

El 20 de abril, domingo de Pascua, marcó el inicio de las últimas 24 horas de vida del Papa Francisco, en una jornada cargada de simbolismo y emociones. Ese día, el líder de la Iglesia Católica, visiblemente debilitado, se preguntaba si sería capaz de cumplir con su rol frente a miles de fieles. "¿Creés que podré hacerlo?", consultó a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, en un momento que sintetizaba tanto su estado físico como su determinación.

El contexto de esa jornada estaba marcado por un deterioro reciente en su salud. Semanas antes, el Papa había permanecido 38 días internado en el Hospital Agostino Gemelli, tras sufrir una infección respiratoria y una neumonía bilateral que pusieron su vida en peligro en tres ocasiones. El 23 de marzo había recibido el alta médica y regresado a su residencia en la Casa Santa Marta, donde continuó con tratamientos de fisioterapia respiratoria y motriz.

A pesar de su estado, Francisco decidió hacer todo lo que estuviera a su alcance. Se encontraba débil, frágil y desmejorado, con un gesto adusto, pero con una leve mejoría en su voz producto de la rehabilitación.

Gestos finales de cercanía y compromiso

Durante la Semana Santa, el Papa ya había dado señales de sus limitaciones físicas. El jueves no pudo realizar el tradicional lavado de pies, una ceremonia central en esa fecha. Sin embargo, decidió asistir a la cárcel de Regina Coeli, donde un asistente encabezó el rito. Allí, Francisco quiso estar junto a los detenidos y transmitirles un mensaje claro: no estaban solos. Al ser consultado sobre cómo vivía esa Pascua, respondió con una frase breve pero elocuente: "Como puedo".

El domingo de Pascua, pese a no poder oficiar la misa —que fue celebrada por el cardenal Angelo Comastri—, el Papa logró aparecer en el balcón de la Basílica de San Pedro para impartir la bendición Urbi et Orbi. Su mensaje pascual, leído por el cardenal, incluyó un fuerte llamado a la paz, con énfasis en la situación en Gaza.

papa francisco
El última balcón de Francisco

En ese texto, Francisco denunció la "dramática e indigna crisis humanitaria" y sostuvo que "la paz tampoco es posible sin un verdadero desarme". Frente a unas 35.000 personas reunidas en la Plaza San Pedro, el Papa apenas pudo pronunciar unas pocas palabras por sus propios medios: "Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Pascua!".

El último recorrido entre los fieles

A pesar del desgaste físico, Francisco decidió dar un paso más. Tras la bendición, pidió recorrer la plaza en el Papamóvil, aunque debió hacerlo sentado en una silla de ruedas. Durante aproximadamente media hora, avanzó entre la multitud de fieles que se habían congregado en el corazón del Vaticano.

La transmisión oficial cuidó especialmente los planos, enfocando su rostro mayormente desde atrás para no evidenciar su estado de agotamiento. Aun así, el gesto fue interpretado como una última demostración de su vocación de cercanía.

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Al finalizar el recorrido, el Papa expresó una frase que cobraría un significado profundo con el paso de las horas: "Gracias por traerme de vuelta a la plaza", le dijo a su enfermero. Sería la última vez que el mundo lo vería con vida.

La noche en Santa Marta y el desenlace

Luego de esa intensa jornada, Francisco regresó a la Casa Santa Marta, donde cenó y se retiró a descansar. A pesar del esfuerzo realizado, expresó sentirse "cansado pero feliz".

Sin embargo, la situación cambió drásticamente en la madrugada del lunes 21 de abril. Pasadas las cinco de la mañana, el Papa se despertó sintiéndose mal y llamó a su enfermero. A partir de ese momento, fue asistido por un grupo reducido de personas de su entorno cercano:

  • Massimiliano Strappetti, enfermero personal
  • Fabio Salerno, secretario
  • Daniel Pellizzon, secretario
  • Juan Cruz Villalón, secretario
  • Monjas vicencianas de la residencia

A las 6:45, Francisco entró en un coma del que no lograría recuperarse. Según informó el Vaticano, "no sufrió, todo ocurrió muy rápidamente". La causa de su muerte fue una apoplejía cerebral que derivó en un fallo cardiocirculatorio irreversible.

El fallecimiento se produjo a las 7:35 de la mañana de Roma, el 21 de abril de 2025, hace exactamente un año. Tenía 88 años y había sido elegido Papa doce años antes, en un contexto en el que él mismo consideraba que su oportunidad ya había pasado.

El protocolo final y su último deseo

El proceso formal de constatación de su muerte se completó a las 20 horas de ese lunes, cuando el Camarlengo llevó adelante el procedimiento correspondiente. Luego, se selló el apartamento que ocupaba en Santa Marta, conforme a la liturgia papal.

Años antes, en 2022, Francisco había dejado establecido su testamento espiritual, en el que expresaba su deseo de un entierro austero. Solicitó ser sepultado en tierra, en un sepulcro sencillo y sin decoraciones, en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.

Este templo, la primera iglesia dedicada a la Virgen María en Occidente, alberga su tumba con una inscripción sobria: Franciscus, el nombre que Jorge Mario Bergoglio eligió al asumir como líder de la Iglesia Católica.

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El primer saludo como Papa

Un adiós coherente con su pontificado

Las últimas horas del Papa Francisco condensaron los rasgos que marcaron su pontificado. A pesar de la fragilidad física, mantuvo su decisión de estar presente, de acercarse a los fieles y de sostener su mensaje hasta el final.

Desde su pregunta inicial —"¿Creés que podré hacerlo?"— hasta su último recorrido por la Plaza San Pedro, su despedida estuvo atravesada por la misma lógica que definió su liderazgo: una Iglesia cercana, comprometida y presente incluso en la debilidad.