En un momento de máxima fricción diplomática, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido una contundente advertencia que coloca a la administración de Donald Trump en el centro del escrutinio internacional. Desde su sede en Ginebra, la Oficina de Derechos Humanos del organismo señaló este viernes 13 que las medidas coercitivas adoptadas por Washington no solo incumplen la Carta de Naciones Unidas, sino que están provocando un efecto devastador que el organismo califica directamente como el desmantelamiento de las estructuras esenciales para la vida en Cuba.
La postura de la ONU es clara y carece de ambigüedades respecto a la legalidad de las sanciones. El organismo recordó enfáticamente que la facultad de imponer penalizaciones contra otros Estados no es una prerrogativa unilateral, sino que es una tarea que pertenece exclusivamente al Consejo de Seguridad. En este sentido, el alto comisionado de la organización para los derechos humanos, Volker Türk, fue tajante al señalar que los objetivos políticos de una nación no pueden, bajo ninguna circunstancia, justificar acciones que en sí mismas constituyan una violación a los derechos humanos fundamentales.
Esta declaración subraya una crisis de legitimidad en las sanciones sectoriales impuestas. Según la portavoz del organismo, Marta Hurtado, este tipo de presiones económicas terminan golpeando con mayor saña a los sectores más vulnerables de la sociedad cubana, alejándose de cualquier objetivo diplomático para convertirse en un castigo colectivo que afecta el día a día de la población civil.
El diagnóstico de la ONU describe una situación de extrema precariedad en el sistema sanitario de la isla. La organización denunció que el funcionamiento de las unidades de cuidados intensivos y las salas de urgencias se encuentra actualmente comprometido por la falta de recursos y energía. Uno de los puntos más críticos señalados por Hurtado es la amenaza sobre la producción y el almacenamiento de productos sensibles como vacunas, fármacos complejos y productos sanguíneos que requieren una cadena de frío ininterrumpida.
La advertencia de la portavoz fue sombría: si esta cadena se rompe debido a los cortes energéticos, el suministro de vacunas desaparece, lo que abre la puerta a brotes de enfermedades que podrían diseminarse con rapidez por todo el territorio, generando una crisis epidemiológica sin precedentes en la región.
La estrategia de presión estadounidense ha incluido el aumento de aranceles a terceros países que vendan petróleo a Cuba, una medida que ha puesto a la isla en un aprieto existencial. Debido a que el país depende casi en su totalidad del crudo para alimentar las plantas termoeléctricas que generan electricidad, el riesgo de quedarse sin combustible afecta transversalmente a toda la sociedad.
Esta escasez de combustible no solo apaga las luces de los hogares, sino que impacta directamente en el sistema estatal de distribución y en la logística de la canasta básica. El informe de la ONU resalta que los efectos se sienten con mayor crudeza en instituciones de alta sensibilidad social como los comedores escolares, las maternidades y las residencias de ancianos, donde la falta de suministros alimentarios y energía pone en riesgo la vida de los grupos más desprotegidos.
Si bien el llamado principal de la ONU es para que Estados Unidos y otros Estados retiren las sanciones impuestas, el organismo también delineó responsabilidades para el gobierno de la isla. Se enfatizó que las autoridades cubanas deben adoptar todas las medidas posibles para promover una mediación que permita reducir la tensión en este conflicto internacional.
Asimismo, la organización recordó al Estado cubano su obligación ineludible de respetar los derechos civiles dentro de su territorio, haciendo especial hincapié en el respeto a la libertad de reunión pacífica y la libertad de expresión. En un escenario de escalada, la ONU intenta imponer un marco de sensatez instando a todas las partes a revisar sus acciones para evitar un colapso humanitario total.