Cuba en modo supervivencia: sin dólares, sin combustible y con una economía colapsada
La caída del turismo, la minería, el tabaco y los servicios médicos, sumada al endurecimiento del cerco de Washington bajo la presidencia de Donald Trump, profundizó una crisis que muchos consideran peor que la del "Período Especial". Las familias dependen cada vez más de las remesas enviadas desde el exilio para sostenerse.

A 67 años del triunfo de la Revolución, Cuba ha ingresado en una fase terminal de parálisis virtual. La estrategia de presión máxima ejecutada por Donald Trump ha dejado a la isla a la deriva, sumida en una crisis inédita que muchos cubanos consideran que ya ha cruzado la línea del colapso definitivo. Con una economía pauperizada desde hace más de tres décadas, el gobierno de Miguel Díaz-Canel observa hoy la evaporación sistemática de sus ingresos mientras las familias cubanas se ven forzadas a depender exclusivamente del auxilio que llega desde el exilio.

El derrumbe de los pilares económicos

La estructura financiera que sostenía al Estado cubano se encuentra hoy en ruinas. La combinación del bloqueo energético y la falta de divisas ha impactado directamente en los cinco puntales de la economía local:

Turismo: Las aerolíneas canadienses y rusas han suspendido vuelos, provocando una caída del 25% en las visitas el año pasado (1,8 millones frente a la meta de 2,6 millones). Los ingresos del sector se desplomaron un 70% entre 2019 y 2025. En barrios como el Vedado, los hostales operan a un escaso 5% o 10% de su capacidad.

Servicios Médicos: Aunque generaron 7.000 millones de dólares en 2025, este motor está bajo amenaza. La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero puso en duda el mercado de Venezuela, donde cumplían misión 13.000 profesionales. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado el sistema como "esquemas de trabajo forzado", logrando que países como Guatemala y Antigua y Barbuda suspendan los convenios.

Minería: La empresa canadiense Sherritt anunció la suspensión de sus operaciones para la próxima semana debido al bloqueo de combustible. Esto detiene la producción de níquel y cobalto, afectando ingresos anuales estimados en 500 millones de dólares.

Tabaco: La falta de petróleo impide levantar cosechas o regar campos. Se canceló el prestigioso Festival del Habano de febrero, cuya subasta de puros financiaba el golpeado sector sanitario. En 2024, las ventas alcanzaron los 827 millones de dólares, cifra que ahora parece inalcanzable.

Remesas: Ante el cierre de canales oficiales, el flujo de dólares y productos sobrevive mediante "mulas" desde Miami y plataformas digitales que permiten pagar alimentos en EE. UU. para ser entregados en la isla.

 

La vida en el apagón

La cotidianidad en La Habana y el resto de las provincias es descarnada. El bloqueo energético ordenado por la administración Trump no solo ha provocado apagones masivos y escasez generalizada; ha paralizado la escasa industria local y el transporte. En barrios como Alamar, la basura se acumula en las esquinas y el sentimiento de agotamiento es total.

La brecha entre el costo de vida y los ingresos oficiales es abismal. Mientras una jubilación estándar es de 2020 pesos cubanos (apenas poco más de cuatro dólares en el mercado negro), los ciudadanos sobreviven gracias a la fragmentación de la economía. "No pudiéramos haber sobrevivido sin su ayuda", confiesa una vecina de Alamar respecto a sus familiares en el exterior. Incluso en el sector privado, que el año pasado importó mercaderías por 2.600 millones de dólares, la procedencia del efectivo es un misterio para un Estado que no vende dólares.

El cerco diplomático y laboral

La presión de la Casa Blanca ha sido quirúrgica. Trump ha amenazado con aplicar aranceles a cualquier país que envíe crudo a la isla, cerrando el grifo energético que permitía el funcionamiento mínimo de la nación. A esto se suma el cambio de términos en los contratos médicos con países como Bahamas, Granada y Trinidad y Tobago.

Particularmente notable es el caso de Guyana, que decidió abonar los salarios directamente a los médicos, puenteando al Estado cubano que, según denuncias de la ONG Prisoners Defenders, solía quedarse con el 85% del total de los contratos. Esta asfixia financiera ha dejado a la administración de Díaz-Canel sin margen de maniobra, enfrentando una crisis que supera con creces los rigores del Periodo Especial tras la caída de la Unión Soviética.