En un escenario de máxima fricción internacional que combina el despliegue de portaaviones, ejercicios militares con fuego real y amenazas explícitas de destrucción, la diplomacia ha logrado abrir una grieta de oportunidad. Este martes 17 de febrero, la ciudad de Ginebra fue testigo de un encuentro crítico entre los representantes de la República Islámica de Irán y los enviados especiales de la administración de Donald Trump. Pese al lenguaje beligerante que domina la escena pública, el canciller iraní, Abbas Araghchi, anunció tras cuatro horas de negociaciones que se han registrado "avances" y se han encontrado "ciertos puntos de entendimiento en los principios guías" para una hoja de ruta común.
El tablero de Ginebra: Actores y mediación
La mesa de negociación en Suiza no fue fortuita ni directa. Las conversaciones contaron con la mediación estratégica del ministro de Asuntos Exteriores de Omán, un actor histórico en el tendido de puentes entre Teherán y Washington. Por el lado estadounidense, la delegación estuvo encabezada por el enviado especial Steve Witkoff y contó con la participación de Jared Kushner, asesor y yerno del presidente Trump, quien participó activamente en las deliberaciones.
El canciller Araghchi, quien aterrizó en Ginebra el domingo para preparar el terreno, mantuvo una postura firme antes y después de la cita. A través de sus canales oficiales, el ministro persa subrayó que llegaba con ideas reales para lograr un acuerdo justo y equitativo, pero advirtió que la sumisión ante las amenazas no estaba sobre la mesa. No obstante, al concluir la jornada, calificó las conversaciones como constructivas, aunque aclaró que el progreso no significa que se alcance un acuerdo pronto, sino que el camino ya ha comenzado.
En el marco de esta visita, el canciller iraní también se entrevistó con Rafael Grossi, el argentino a cargo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Este encuentro es de especial relevancia, ya que representa el primer contacto formal entre ambas partes desde el ataque israelí a Irán ocurrido el año pasado.
Ormuz y el despliegue militar como telón de fondo
Mientras los diplomáticos discutían en los salones suizos, la realidad en el estrecho de Ormuz —arteria vital por donde transita la mayoría de los petroleros del mundo— añadía una presión asfixiante. Los Guardianes de la Revolución iniciaron un cierre parcial temporal de esta ruta justo cuando comenzaba la cumbre. Medios estatales iraníes difundieron imágenes de ejercicios con fuego real, incluyendo el disparo de misiles y explosiones en el agua, como una demostración de fuerza ante la presión de Washington.
La postura de Estados Unidos ha sido ambivalente pero contundente en lo militar. El presidente Donald Trump ha alternado el aliento al diálogo con la advertencia de destruir a Irán si no había progresos. La movilización de recursos bélicos sugiere que Washington mantiene todas las opciones abiertas:
- Refuerzo Naval: El portaaviones USS Gerald R. Ford se dirigió a la región para unirse al USS Abraham Lincoln, sugiriendo la preparación para un conflicto prolongado.
- Movimientos en Siria: Las tropas estadounidenses se retiraron de dos bases en el este de Siria la semana pasada, un indicio de que Washington podría estar preparándose para represalias ante los misiles balísticos de Irán.
- Uso de la fuerza: Trump recordó que se enviaron bombarderos B-2 para demostrar la capacidad de destruir el potencial nuclear iraní, aunque manifestó que preferiría llegar a un acuerdo.
El cruce de amenazas y las líneas rojas
La tensión política alcanzó su punto máximo con las declaraciones de los líderes de ambas naciones este mismo martes. Mientras Trump ha expresado públicamente que un "cambio de régimen" en Teherán podría ser lo mejor que podría suceder, el líder supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei, aseguró que cualquier intento de Estados Unidos por derrocar a su gobierno fracasaría. Jamenei advirtió que, si bien un buque de guerra es peligroso, existen armas capaces de hundirlo en las profundidades del mar.
Por su parte, el éxito definitivo de estas negociaciones depende de que Estados Unidos evite demandas poco realistas. Teherán mantiene su postura inamovible sobre su derecho a enriquecer uranio y su negativa a abordar el programa de misiles balísticos en la mesa de negociación. En contraste, Trump insiste en que las conversaciones deben acabar con cualquier posibilidad de que Irán desarrolle un arma nuclear, un objetivo que la República Islámica siempre ha negado perseguir. Con la finalización de esta ronda el martes a primera hora de la tarde, el camino diplomático queda abierto, aunque sin una fecha fijada para un tercer encuentro.