La República del Perú ha vuelto a sumergirse en una profunda incertidumbre política. Este martes, el Congreso de la Nación determinó la destitución del presidente interino, José Jeri, tras una serie de escándalos que terminaron por erosionar su breve y convulsionada gestión. La remoción se produce en un contexto de extrema fragilidad institucional, a tan solo dos meses de las elecciones generales del 12 de abril, lo que obliga al país a buscar un nuevo liderazgo temporal que garantice la transición democrática hasta la asunción del próximo mandatario electo el 28 de julio.
Jeri, representante del partido de derecha Somos Perú, había asumido la jefatura del Estado el pasado 10 de octubre. Su llegada al Palacio de Gobierno se dio en calidad de presidente del Congreso encargado del Ejecutivo, tras la destitución de la entonces mandataria encargada, Dina Boluarte. Boluarte, a su vez, había sucedido a Pedro Castillo luego de que este fuera removido el 7 de diciembre de 2022. Con la salida de Jeri, el país andino registra la alarmante cifra de ocho cambios presidenciales en casi una década, un síntoma de la crisis de gobernabilidad que arrastra la nación.
La salida de José Jeri se concretó mediante una votación de "censura", una modalidad que generó controversia jurídica pero que el Parlamento consideró legítima para este caso particular. El mandatario intentó sostener que su salida solo podía darse a través de una "vacancia", proceso que exige una mayoría calificada de dos tercios de los votos. No obstante, el Congreso determinó que la vacancia está reservada para presidentes elegidos por voto popular, y dado que Jeri ejercía el cargo en su condición de titular del Legislativo, la censura por minoría simple era el camino legal correspondiente.
Los resultados de la sesión reflejaron una clara voluntad de desplazamiento con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones. Esta decisión técnica deja a Perú en una situación inédita y peligrosa, ya que el país se quedará sin presidente formal al menos por 24 horas. Este miércoles, el Legislativo deberá reunirse nuevamente para elegir a un nuevo presidente del cuerpo, quien automáticamente asumirá la conducción del país. El actual jefe del Parlamento, Fernando Respigliosi, ya ha adelantado que él no asumirá dicha responsabilidad, lo que traslada la presión a las distintas bancadas que deben presentar sus candidatos de forma inmediata.
La caída de José Jeri no fue producto únicamente de la aritmética parlamentaria, sino de graves denuncias impulsadas por la Fiscalía. La investigación principal se centra en el presunto delito de tráfico de influencias, derivado de encuentros que el mandatario intentó mantener en secreto. Según registros de cámaras de seguridad, Jeri acudió el pasado 26 de diciembre a un restaurante de comida peruano-china en Lima con el rostro cubierto por una capucha, con la aparente intención de evitar ser reconocido. Allí se habría reunido con empresarios chinos que actualmente son contratistas del Estado y de la propia oficina presidencial.
A esto se sumó una denuncia por conducta inapropiada en el ejercicio de la función pública. Se lo acusó de haber contratado a mujeres como funcionarias estatales tras haber pasado toda la noche con ellas dentro del palacio de gobierno. Aunque el mandatario negó todas las acusaciones calificándolas de infundadas, el costo político resultó ser irreversible ante un Congreso que ya le había retirado su apoyo.
Con la mira puesta en el miércoles, los pasillos del Congreso debaten quién será el encargado de llevar al país hasta el 28 de julio. La figura que aparece como favorita es la derechista Maricarmen Alva, quien ya presidió el Congreso en el año 2021 y se consolidó como una de las líderes de la oposición más férreas contra el gobierno de Pedro Castillo.
Sin embargo, su posible elección no está exenta de riesgos. Al ser considerada una figura polémica, su asunción podría reactivar la conflictividad social y derivar en fuertes protestas por parte de las bancadas progresistas y sectores afines al anterior oficialismo. En medio de este ajedrez político, las bancadas deben definir hoy mismo sus postulaciones para una votación que se perfila como un nuevo punto de quiebre en la historia reciente del Perú.