El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) emitió el lunes un informe detallado sobre los daños de guerra en Líbano, centrado en la capital, Beirut, y la gobernación circundante de Monte Líbano, durante el periodo comprendido entre febrero y el 14 de abril.
Según la evaluación, el total de pérdidas materiales superó los 365 millones de dólares, cifra que refleja únicamente los daños registrados en infraestructura y edificaciones, sin incluir otras pérdidas económicas derivadas de la guerra. El informe subraya la magnitud de la destrucción en zonas urbanas densamente pobladas y su impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Durante los poco más de dos meses evaluados, más de 400 edificios y decenas de departamentos en Beirut y Monte Líbano sufrieron distintos grados de daño. El PNUD distingue entre los niveles de afectación, que incluyen:
- Daños estructurales graves: afectando la seguridad de la edificación.
- Daños moderados: que requieren reparaciones importantes para recuperar funcionalidad.
- Daños leves: que afectan parcialmente el uso del inmueble, pero no comprometen su integridad.
Estos datos ponen en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura urbana libanesa frente a los conflictos armados y la necesidad urgente de planes de reconstrucción coordinados y sostenibles.
El mayor impacto económico se concentró en Monte Líbano, donde las pérdidas se estimaron en 349,7 millones de dólares. La concentración de daños en esta región refleja no solo la densidad de construcciones, sino también su exposición a los combates que se desarrollan en sus alrededores.
Los daños incluyen tanto edificios residenciales como estructuras de uso mixto, generando un efecto en cadena sobre la economía local y los servicios básicos, afectando a miles de familias que dependen de estas instalaciones.
En comparación, Beirut registró daños estimados en 15,4 millones de dólares, cifra menor en términos absolutos, pero significativa para la capital del país. La ciudad, epicentro político y económico de Líbano, experimenta un impacto que combina la destrucción física con interrupciones en la actividad urbana y los servicios esenciales.
El contraste entre Beirut y Monte Líbano resalta cómo las áreas periféricas y sub-urbanas pueden sufrir pérdidas más cuantiosas en conflictos prolongados, pese a la concentración de población y recursos en la capital.
El 21 de abril, el Ministro de Finanzas de Líbano, Yassine Jaber, declaró a los medios locales que Líbano había sufrido al menos 3.000 millones de dólares en pérdidas relacionadas con la guerra hasta ese momento.
Estas cifras reflejan un panorama económico devastador, que no se limita a los daños directos en edificios, sino que incluye:
- Interrupciones en el comercio y la industria local.
- Pérdidas en infraestructura crítica y transporte.
- Efectos indirectos sobre el empleo y la economía doméstica.
El anuncio del ministro se produce mientras Israel continúa sus operaciones militares contra Hezbolá en Líbano, prolongando la incertidumbre y dificultando la recuperación inmediata de las zonas afectadas.