Una devastadora lluvia de misiles balísticos rusos sacudió este domingo los suburbios de Kiev, dejando como saldo un muerto y ocho heridos, entre ellos un niño que fue rescatado de entre los escombros por brigadistas. El ataque impactó de lleno en la periferia capitalina y volvió a instalar escenas de destrucción y emergencia en una ciudad que se encuentra a solo 48 horas de un aniversario cargado de simbolismo: el cuarto año desde el inicio de la invasión lanzada por el Kremlin.
El operativo ofensivo desató incendios de gran magnitud en cinco distritos del área metropolitana: Obukhiv; Brovary; Boryspil; Bucha y Fastiv.
Las llamas, visibles en distintos puntos de la periferia, obligaron a una rápida respuesta de los equipos de emergencia, que trabajaron de manera simultánea en múltiples focos para evitar una expansión aún mayor del daño.
La advertencia oficial y la alerta total
Ante la inminencia de los impactos, el jefe de la administración militar de Kiev, Timur Tkachenko, emitió un mensaje urgente dirigido a la población: "El enemigo está atacando la capital con armas balísticas". La advertencia no fue una formalidad. Mientras se escuchaban explosiones en la periferia, la alerta aérea se extendía a la totalidad del territorio ucraniano, activando los protocolos de resguardo.
La instrucción fue clara: permanecer en los refugios. Para miles de residentes, la jornada volvió a transcurrir bajo tierra, en estaciones y sótanos, en un escenario que ya forma parte de la rutina de guerra que atraviesa el país desde hace casi cuatro años.
Odesa también bajo fuego
La ofensiva rusa no se limitó a la capital. En paralelo, infraestructuras energéticas críticas en la región meridional de Odesa fueron blanco de los ataques. Los impactos generaron focos ígneos de consideración, que debieron ser combatidos por los equipos de emergencia desplegados en la zona.
El ataque a instalaciones energéticas se produce en un contexto particularmente delicado: el invierno europeo y la fragilidad de los servicios básicos. La afectación de estos puntos neurálgicos implica un riesgo directo para la red eléctrica y de calefacción, elementos esenciales para la población civil en esta época del año.
Cuatro años de guerra y una nueva escalada
La ofensiva tiene lugar a solo 48 horas de cumplirse el cuarto aniversario del inicio de la guerra total. Las autoridades locales confirmaron que el despliegue de armamento balístico por parte de las fuerzas rusas apunta a desarticular los servicios básicos del país en una fecha de fuerte carga simbólica para la resistencia ucraniana.
Tras casi cuatro años de conflicto, la población civil enfrenta una situación de extrema fragilidad. La destrucción acumulada sobre la red eléctrica y de calefacción agrava las condiciones de vida bajo las bajas temperaturas del invierno europeo. A pesar del impulso de las gestiones de paz lideradas por Estados Unidos en el último año, los bombardeos aéreos contra objetivos no militares se han intensificado, según reportó el Servicio de Emergencias de Ucrania tras las tareas de rescate realizadas este domingo.
Durante esas labores, el organismo confirmó que la víctima fatal se registró específicamente en la región que rodea a la ciudad principal, mientras que los ocho heridos —entre ellos el niño extraído de entre los escombros— fueron asistidos en medio de un escenario de edificios dañados y estructuras colapsadas.
Una jornada marcada por el terror
"El enemigo está atacando" fue la frase que sintetizó el clima de la jornada. Explosiones, incendios y sirenas definieron un domingo en el que miles de personas debieron, una vez más, refugiarse bajo tierra para proteger sus vidas.
Mientras las llamas eran sofocadas en Obukhiv, Brovary, Boryspil, Bucha y Fastiv, el Servicio de Emergencias trabajó contra reloj para rescatar sobrevivientes y evaluar daños. La ofensiva, concentrada en áreas residenciales y en infraestructuras energéticas críticas, vuelve a colocar a la población civil en el centro del impacto bélico.
A dos días de una fecha que simboliza cuatro años de resistencia, la capital ucraniana y sus alrededores enfrentaron una nueva demostración de fuerza militar. El saldo —un muerto y ocho heridos— resume en cifras el costo humano de una guerra que, lejos de apagarse, muestra signos de recrudecimiento.