De regreso a Italia tras su visita a Francia, el Papa León XIV reconoció que algunas partes de la Iglesia católica tuvieron comportamientos abusivos "como sistema", luego de mantener un encuentro con varias víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero en ese país.
Las declaraciones fueron realizadas durante la conferencia de prensa que el pontífice ofreció a bordo del avión que lo trasladaba desde Metz, Francia, a Roma. Allí se refirió a las experiencias relatadas por las personas afectadas y explicó su propia manera de interpretar el carácter sistémico de los abusos.
"Varias de ellas hablaron de abusos sistémicos", declaró el Papa al ser consultado por los periodistas. León XIV aclaró que personalmente prefería expresarlo de otra manera, aunque reconoció que había hablado de algunas organizaciones dentro de la Iglesia que, en ocasiones, fueron abusivas como sistema.
El planteo surgió después del encuentro con víctimas, entre ellas Jérôme Guillement, quien relató los abusos que sufrió por parte de un sacerdote cuando era menor. Según Guillement, el pontífice comprendió el carácter "sistémico" de los abusos sexuales dentro de la Iglesia.
"Desde su punto de vista, los autores son individuos, pero lo que permite que esto continúe es la dimensión sistémica dentro de la institución", afirmó Guillement.
El antecedente de los 330.000 menores afectados
La dimensión de la problemática quedó reflejada en una investigación realizada en 2021, que reveló que miembros del clero o laicos de la Iglesia habían abusado de unos 330.000 menores en Francia desde mediados del siglo XX.
Ese antecedente forma parte del contexto en el que se produjo el encuentro entre León XIV y las víctimas y en el que el Papa realizó sus declaraciones sobre los comportamientos abusivos dentro de sectores de la institución. El pontífice también puso el foco en las consecuencias que estos hechos tienen sobre quienes fueron afectados. El lunes afirmó que los abusos dentro de la Iglesia no solamente provocan daños relacionados con los hechos sufridos, sino que también significan que la vida de fe de las personas queda profundamente herida y, en algunos casos, incluso destruida.
A partir de esa consideración, León XIV remarcó una responsabilidad particular de la Iglesia frente a las víctimas. "Por eso, la Iglesia tiene la responsabilidad especial de acompañarles y ayudarles a buscar la sanación", sostuvo.
La extrema derecha y los valores del Evangelio
Durante la misma conferencia de prensa, León XIV se refirió también al crecimiento de la extrema derecha en Europa y afirmó que ese fenómeno no representa una expresión del cristianismo. El Papa invitó a todos a volver a los valores del Evangelio, al considerar que determinadas expresiones políticas combinadas con formas de religiosidad no constituyen una manifestación auténtica de la fe cristiana.
Según explicó el pontífice estadounidense, existe un crecimiento de grupos de extrema derecha en distintas partes del mundo, entre ellas Alemania, acompañado por expresiones que combinan posiciones políticas con "una cierta forma de religiosidad".
León XIV señaló que esa religiosidad no representa una expresión auténtica del cristianismo, y sostuvo que esa apreciación no corresponde solamente a su opinión personal, sino también a la de líderes de las Iglesias católica y protestante en Alemania.
En ese contexto, el Papa planteó la necesidad de recuperar principios vinculados con la comprensión, la compasión y el acompañamiento. "Debemos volver a los valores del Evangelio, que no se basan en el odio y la división, sino en la comprensión, la compasión y el acompañamiento", afirmó Robert Francis Prevost.
Críticas al gasto militar y al avance de los conflictos
Otro de los ejes de la intervención del Papa estuvo relacionado con el crecimiento del gasto militar y la situación internacional. León XIV advirtió que el mundo "sigue armándose y gastando enormes sumas en la gigantesca industria militar".
El religioso definió a esa industria como un ámbito del que unos pocos privilegiados obtienen ganancias exorbitantes mediante la promoción de la guerra. Frente a ese escenario, planteó que los recursos destinados a la actividad militar podrían ser utilizados para atender problemas que afectan a las sociedades.
Entre las prioridades que mencionó se encuentran:
- El hambre en el mundo.
- La crisis habitacional.
- El desempleo.
- La salud.
- La educación.
Según sostuvo, miles de millones de euros o dólares podrían ser destinados a resolver esas problemáticas en lugar de continuar incrementando el gasto en armamento.
Una Iglesia llamada a promover dignidad, diálogo y paz
León XIV reclamó una voz que proponga un camino diferente y que rechace la idea de gastar cada vez más en armamento, porque, según explicó, esa dinámica alimenta tensiones que pueden derivar en el inicio de otra guerra o en un nuevo conflicto.
En su visión, la Iglesia católica tiene una responsabilidad específica frente a este escenario. El Papa sostuvo que la institución debe promover valores como la dignidad humana, la santidad de la vida y la posibilidad de invertir más en salud y educación en lugar de hacerlo en armas. Su planteo también estuvo dirigido a los líderes políticos y a la necesidad de recuperar espacios de diálogo para abordar los conflictos.
"Debemos seguir instando a los líderes a encontrarse, sentarse a la misma mesa, dialogar y buscar soluciones a estos problemas", afirmó. El llamado incluyó una crítica a la continuidad de guerras que, según el religioso, "ya no tienen sentido". En ese marco, reconoció que la Iglesia no puede obligar a los actores involucrados a adoptar determinadas decisiones, pero sostuvo que continuará respaldando esas demandas.
"No podemos obligar a nadie, pero seguiremos respaldando estas demandas, haciendo llamados y proclamando el Evangelio", concluyó.
De esta manera, durante el regreso de Francia a Roma, León XIV concentró buena parte de su mensaje en tres cuestiones: el reconocimiento del carácter sistémico de los abusos dentro de algunas organizaciones de la Iglesia, la necesidad de acompañar a las víctimas cuya vida de fe quedó profundamente herida y el llamado a recuperar valores vinculados con la comprensión, la compasión y el diálogo. A esos planteos sumó su advertencia sobre el avance de expresiones de extrema derecha asociadas a formas de religiosidad que consideró ajenas al cristianismo y su cuestionamiento al creciente gasto mundial en armamento frente a problemas como el hambre, la vivienda, el desempleo, la salud y la educación.