El Papa León XIV culminó su primer viaje apostólico a Turquía con un enfático llamado a la paz, la fraternidad y la restauración de la plena comunión entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa. En el marco del primer domingo de Adviento, el Pontífice celebró una solemne Divina Liturgia de rito bizantino en la histórica Iglesia Patriarcal de San Jorge en Estambul, el equivalente a la Santa Misa en el rito latino.
La visita, que inició el pasado jueves 27 de noviembre y se centró en los lugares donde se celebró el primer Concilio ecuménico, sirvió como plataforma para un discurso de profundo calado ecuménico. Antes de embarcar rumbo a su próximo destino, el Líbano, el Obispo de Roma urgió a todos los cristianos a comprometerse sin reservas por la unidad, recordando que no pueden permitirse dejar de considerarse hermanos.
"Ha habido muchos malentendidos e incluso conflictos entre cristianos de distintas Iglesias en el pasado, y aún sigue habiendo obstáculos que nos impiden estar en plena comunión, pero no debemos retroceder en el compromiso por la unidad y no podemos dejar de considerarnos hermanos y hermanas en Cristo y de amarnos como tales", declaró el Santo Padre. Su mensaje fue una exhortación directa a superar las divisiones históricas que fragmentaron a la cristiandad.
El llamamiento a "borrar el año 1054"
León XIV hizo una referencia histórica crucial para la unidad: el gesto realizado hace seis décadas por el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. Ambos líderes decidieron en 1965 "borrar de la memoria de la Iglesia las excomuniones mutuas del año 1054", el cisma que formalmente dividió a católicos y ortodoxos.
El actual Pontífice calificó aquel acto como un "paso histórico" que abrió un camino de paz y diálogo, y subrayó que la tarea no está terminada. "Hoy estamos llamados a comprometernos más hacia la restauración de la plena comunión", aseguró, marcando la búsqueda de la unidad como una prioridad fundamental para la Iglesia Católica.
El Papa destacó que esta tarea forma parte esencial de su propia misión como Obispo de Roma, cuyo "papel específico a nivel de Iglesia universal consiste en estar al servicio de todos para construir y preservar la comunión y la unidad". De este modo, el Pontífice ratificó que el diálogo ecuménico y la reconciliación con la Iglesia Ortodoxa son pilares inamovibles de su pontificado.
Tres desafíos comunes para la Iglesia global
En su último discurso oficial antes de abandonar suelo turco, León XIV no solo se enfocó en el pasado y presente de la unidad, sino que también miró hacia el futuro, enumerando tres desafíos comunes que deben ser abordados de manera conjunta por las Iglesias Católica y Ortodoxa en la actualidad.
1. Construir la Paz en tiempos de conflicto
Ante el escenario de conflictos y tensiones a nivel mundial, el primer desafío es que católicos y ortodoxos se conviertan en constructores de paz. La exhortación papal fue clara y directa: actuar, tomar decisiones y realizar signos concretos que promuevan la convivencia.
Sin embargo, el Papa enfatizó que esta paz no puede ser vista únicamente como el "fruto de un esfuerzo humano", sino ante todo como un "don de Dios". Recalcó que la vía principal para obtenerla es la espiritual: "La paz se implora con la oración, con la penitencia, con la contemplación, con esa relación viva con el Señor que nos ayuda a discernir las palabras, los gestos y las acciones que debemos emprender, para que estén verdaderamente al servicio de la paz."
2. La amenazadora crisis ecológica
El segundo punto abordado fue la crisis ecológica, que calificó como "amenazadora" y que exige una "conversión espiritual, personal y comunitaria". El Pontífice llamó a un cambio de rumbo urgente para salvaguardar la creación.
León XIV instó a la colaboración plena entre ambas Iglesias para promover una nueva mentalidad, donde todos los cristianos se sientan "custodios de la creación que Dios nos ha confiado". Esta visión compartida de la ecología integral refuerza la responsabilidad cristiana frente al cuidado de la Casa Común.
3. Uso ético de las nuevas tecnologías
Finalmente, la preocupación del Santo Padre se extendió al ámbito digital y tecnológico. Señalando las "enormes ventajas" que las nuevas tecnologías ofrecen a la humanidad, el desafío radica en garantizar su "uso responsable".
En este punto, el Papa fue enfático al pedir que católicos y ortodoxos trabajen juntos para que el desarrollo tecnológico esté al "servicio del desarrollo integral de las personas" y para lograr una "accesibilidad universal". De lo contrario, advirtió que los beneficios de estas herramientas quedarían reservados a "un pequeño número de personas y a los intereses de unos pocos privilegiados".
Con este mensaje de unidad, responsabilidad y visión de futuro, León XIV se despidió de Turquía y emprendió su viaje hacia la próxima etapa de su peregrinación apostólica: el Líbano.