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El Salvador endurece su política penal: prisión perpetua para menores en delitos extremos

La reforma aprobada por amplia mayoría redefine el tratamiento penal juvenil en casos de homicidio, violación y terrorismo. Se trata de una de las medidas más contundentes impulsadas por el presidente Nayib Bukele en cuatro años de ofensiva contra el crimen.

28 Marzo de 2026 00.14

La Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó una reforma que marca un punto de inflexión en el tratamiento judicial de menores de edad involucrados en delitos graves. A partir de esta modificación, se incorpora la pena de prisión perpetua para menores de 18 años que cometan crímenes como homicidio, violación o terrorismo, en el contexto de la política de seguridad impulsada por el presidente Nayib Bukele, quien mantiene desde hace cuatro años una denominada "guerra" antipandillas.

El texto legal establece que se "incorpora la pena de prisión perpetua dentro del catálogo excepcional a menores en conflicto con la ley penal", lo que implica un endurecimiento sustancial respecto al régimen previo. Esta decisión se enmarca en una estrategia más amplia de combate al crimen, caracterizada por reformas legislativas sucesivas orientadas a restringir beneficios y aumentar penas.

Eliminación de beneficios y revisiones periódicas

Uno de los aspectos más relevantes de la reforma es la inaplicabilidad del procedimiento especial juvenil en casos de delitos graves. Esto significa que los menores imputados por estos crímenes ya no podrán acceder al régimen diferenciado que tradicionalmente contemplaba medidas más orientadas a la reinserción.

Sin embargo, la normativa introduce un mecanismo de control a través de "revisiones periódicas" de la pena perpetua, con el objetivo de evaluar:

  • El nivel de rehabilitación del condenado
  • El grado de riesgo que representa para la sociedad
  • La posibilidad de acceder a una "libertad controlada"

Este punto busca equilibrar el endurecimiento punitivo con una instancia de evaluación futura, aunque bajo condiciones estrictas.

Aprobación legislativa y respaldo político

La reforma fue aprobada el 17 de marzo, a propuesta directa del presidente Bukele, con un respaldo legislativo contundente: 58 de los 60 diputados del Congreso unicameral votaron a favor del proyecto.

El texto aprobado establece claramente que "la pena perpetua sólo se impondrá a los homicidas, violadores y terroristas (pandilleros)", delimitando el alcance de la medida a los delitos considerados de mayor gravedad.

Además, se indica que la reforma entrará en vigencia ocho días después de su publicación en el Diario Oficial, consolidando así su implementación en el corto plazo.

Críticas de organizaciones y contexto de tensión

La aprobación de esta medida no estuvo exenta de cuestionamientos. Diversas ONG señalaron al gobierno de Bukele de cometer "crímenes de lesa humanidad" en el marco de su política de seguridad. Estas críticas se producen en un contexto de alta tensión entre el Ejecutivo y organismos de derechos humanos, que han observado con preocupación el avance de medidas cada vez más restrictivas.

A pesar de ello, el oficialismo sostiene que estas decisiones responden a una demanda social urgente de seguridad. En ese sentido, el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, defendió la reforma con una declaración contundente:
"Le hemos dado a las familias salvadoreñas la tranquilidad de que ninguno de estos criminales volverá a ver la luz del sol".

Seguridad, castigo y debate abierto

La incorporación de la prisión perpetua para menores en delitos extremos refleja una prioridad clara del gobierno salvadoreño: el combate frontal contra el crimen organizado. La medida se inscribe dentro de una serie de reformas que han transformado el sistema penal del país en los últimos cuatro años.

No obstante, también abre un debate profundo sobre los límites del castigo, la responsabilidad penal juvenil y las garantías de derechos, especialmente en contextos donde la violencia ha marcado durante décadas la vida social.

En este escenario, la nueva legislación no solo redefine el marco jurídico, sino que también plantea interrogantes sobre el equilibrio entre seguridad y justicia, en un país donde la lucha contra las pandillas sigue siendo uno de los ejes centrales de la agenda política.