Cuba atraviesa una de las peores crisis turísticas de las últimas décadas y el impacto golpea directamente a uno de los sectores más importantes para la economía de la isla y para el sostenimiento financiero del régimen castrista. La combinación de falta de combustible, cancelación de rutas aéreas, hoteles cerrados y desplome de visitantes extranjeros profundizó el deterioro de una industria que durante años funcionó como una de las principales fuentes de ingreso en divisas del país.
El escenario quedó reflejado en las cifras oficiales correspondientes al primer trimestre del año. Entre enero y marzo ingresaron a Cuba 298.057 turistas extranjeros, un 48% menos que en el mismo período del año anterior, que ya había sido considerado uno de los peores ejercicios recientes para el sector, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
La caída se produjo justamente durante la temporada alta del turismo en la isla, un período históricamente clave para la llegada de visitantes internacionales y para el ingreso de divisas en una economía que depende fuertemente de las importaciones.
Una crisis agravada por la falta de combustible
La situación del turismo cubano se agravó a partir de enero, cuando la intervención militar estadounidense del 3 de enero en Caracas significó para Cuba el fin del suministro de petróleo venezolano. Semanas después se sumó una nueva presión internacional: la amenaza de Washington de aplicar aranceles a quienes suministraran crudo a la isla. Desde entonces, según la información difundida, solo llegó a Cuba un petrolero proveniente del exterior, con un volumen equivalente apenas al 12% de las necesidades mensuales del país.
La escasez de combustible alteró el funcionamiento general del sistema turístico. La falta de nafta impactó directamente en el transporte aéreo, la actividad hotelera y la logística vinculada al movimiento de visitantes.
El propio régimen cubano atribuye parte de la crisis al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos y llevó esa discusión al centro de la feria FITCuba, el principal evento de la industria turística de la isla.

FITCuba, reflejo de la crisis
La feria FITCuba, organizada para reunir a empresas y operadores del sector, también debió adaptarse a las restricciones derivadas de la crisis energética. Los organizadores redujeron las fechas del evento y trasladaron el segmento profesional al formato virtual debido a la escasez de combustible. Para sostener la actividad, se montó una plataforma con puestos virtuales para empresas y un sistema de videoconferencias destinado a reuniones privadas.
La modificación del principal encuentro turístico del país se convirtió en una evidencia concreta del deterioro que atraviesa la industria. En medio de ese panorama, el régimen comenzó a concentrar sus expectativas en el turismo interno como posible herramienta para sostener parcialmente la actividad económica.
"No es una opción, es una necesidad", señaló a la agencia EFE un importante referente del sector que prefirió mantener el anonimato.
Caída de vuelos y hoteles cerrados
Uno de los golpes más severos para el turismo cubano fue la suspensión de rutas aéreas internacionales. Las cuatro aerolíneas canadienses que operaban vuelos hacia Cuba y las dos compañías rusas que conectaban con la isla suspendieron sus operaciones en febrero de manera temporal pero indefinida debido a la falta de combustible para aviones. Según los datos difundidos, esas compañías habían transportado durante 2025 aproximadamente la mitad del turismo internacional que llegaba a Cuba.
Posteriormente también cancelaron vuelos otras empresas internacionales, entre ellas Turkish Airlines y Air France. Otras compañías redujeron frecuencias o anunciaron suspensiones futuras son Iberia, que dejará la ruta en suspenso en junio y Copa Airlines, entre otras aerolíneas.
La caída de la conectividad aérea profundizó el derrumbe del flujo turístico y dejó como consecuencia directa una fuerte reducción de la actividad hotelera.
Ante la falta de demanda y la escasez de combustible, el régimen cubano anunció una reorganización hotelera por motivos de eficiencia energética. En la práctica, la medida implicó el cierre temporal de gran parte de las instalaciones turísticas de la isla, incluidas numerosas plazas hoteleras en Varadero, el principal destino de turismo de sol y playa de Cuba.
Un deterioro que ya venía desde años anteriores
La crisis petrolera encontró al turismo cubano en un contexto ya debilitado por diversos factores internos y externos que venían afectando el desempeño del sector. Entre los elementos que perjudicaban la actividad se mencionan:
- La grave crisis económica interna.
- Las dificultades en los servicios y en la experiencia turística.
- La decisión de Estados Unidos de no otorgar la visa rápida ESTA a quienes hubieran visitado Cuba previamente.
- El cierre de rutas aéreas.
- La competencia de destinos similares como Cancún y Punta Cana.
Las estadísticas muestran un deterioro sostenido durante los últimos años. En 2025, Cuba recibió poco más de 1,8 millones de visitantes extranjeros, lejos del objetivo oficial de 2,6 millones fijado por el gobierno. La ocupación hotelera alcanzó apenas el 18,9%, según la ONEI.
Las cifras también evidencian la caída respecto de años anteriores:
- En 2024 llegaron 2,2 millones de turistas extranjeros.
- En 2023 arribaron unos 2,4 millones.
- En 2018 se había alcanzado un récord de 4,6 millones de visitantes.
- En 2019 la cifra fue de 4,2 millones.
Esos máximos coincidieron con los años del deshielo diplomático entre Cuba y Washington.
El peso estratégico del turismo para la economía cubana
Desde la apertura turística impulsada en los años 90, esta industria se transformó en uno de los principales pilares de la economía cubana. El sector representa una fuente central de ingresos en divisas, empleo y financiamiento para importaciones.
Ese último punto resulta especialmente sensible para un país que importa el 80% de lo que consume.
El derrumbe actual del turismo no solo expone la crisis de una actividad económica específica, sino que también deja en evidencia las dificultades estructurales que atraviesa la isla en uno de los sectores históricamente más relevantes para el sostenimiento financiero del régimen castrista.